Iglesia en España Nacional

El relicario de san Antonio de Padua será traído en misión por dos frailes franciscanos, del 4 al 14 de abril

El relicario de san Antonio de Padua será traído en misión por dos frailes franciscanos, del 4 al 14 de abril

 La Obra de El Pan de los Pobres organiza, por primera vez en su historia, la peregrinación a España de uno de los tres bustos-relicario de san Antonio, que se guardan en Padua. Se trata de un trozo de «masa corpórea» extraída durante la segunda exhumación de los restos del santo, efectuada en 1981, con motivo de los 750 años de su muerte. En esa ocasión, los Frailes Menores Conventuales, custodios del cuerpo de san Antonio, en Padua, tuvieron la brillante idea de separar algunos trozos de la «masa corpórea», con permiso de la Santa Sede, y hacer tres magníficos relicarios para que peregrinasen por Italia y el mundo entero.

La reliquia llegará a Bilbao el lunes 4 de abril y será recibida por el obispo, monseñor Mario Iceta, en la iglesia de San Nicolás, celebrando una solemne misa a las 19:00 horas. Permanecerá allí al día siguiente y el miércoles 6 será llevada a la iglesia de San Antonio de Padua de Irala.

El jueves 7 por la mañana saldrá hacia Madrid. En nuestra diócesis está previsto que visite el colegio de San Buenaventura, en Batán, y su parroquia. El domingo 10, la parroquia de Ntra. Sra. de Caná, en Pozuelo. Y la de San Antonio del Retiro, y Santa Cruz, de la calle Atocha, en donde tiene su sede la ilustre cofradía de San Antonio «el Guindero», el martes 12 por la tarde y el miércoles 13. El día 14 de abril se despedirá la reliquia en el aeropuerto de Barajas.

Historia

San Antonio fue enterrado en Padua, en la iglesita de Santa María Mater Domini, el martes 17 de junio de 1231.

El primero y más importante reconocimiento ocurrió el 8 de abril de 1263, cuando el cuerpo fue trasladado a la Basílica terminada, que había sido construida en su honor. san Buenaventura, entonces ministro general de los franciscanos, presidió la ceremonia y al examinar los restos mortales, antes de colocarlos en una nueva caja de madera, se dio cuenta de que la lengua del Santo permanecía incorrupta. Ante tal descubrimiento, exclamó: «Oh lengua bendita, que siempre has bendecido al Señor y has hecho que otros lo bendigan, ahora queda manifiesto cuántos méritos has adquirido ante Dios».

En 1945, cuando se sacó el relicario de la lengua del escondite en que se tuvo para preservarla de los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial, la lengua trasudó líquido sérico, hecho que se atestiguó ante notario y examinado por especialistas… Ese suero aún se conserva en ampollas selladas.

Después, en presencia de san Buenaventura, los restos fueron guardados ordenadamente, dentro de una caja de madera grande, dentro de la cual colocaron tres pequeñas: con los huesos, el hábito y las «massa córporis». Cuando en 1981 fue nuevamente abierto, todo se encontró tal cual relatan las crónicas de la época.

Traslación de 1310 y relicario de la mandíbula

Cuarenta y siete años después, el 14 de junio de 1310, las sagradas reliquias fueron solemnemente transportadas a la nueva capilla dedicada al Santo en la extremidad izquierda del crucero de la basílica. Después, el 14 de febrero de 1350, el cardenal Guido de Boulogne fue a Padua para cumplir una promesa al Santo (había sido sanado de la peste negra) y para donar un precioso relicario en el que fue puesta la mandíbula del Santo.

Desde entonces, el 15 de febrero se celebra en la basílica de San Antonio, en Padua, la fiesta litúrgica de la Traslación o ‘Fiesta de la Lengua’. La fiesta recuerda la primera traslación del Cuerpo de san Antonio, que tuvo lugar el 8 de abril de 1263 por obra de san Buenaventura, que encontró en aquella ocasión la lengua incorrupta, y la del 15 de febrero de 1350, cuando la tumba ocupó su lugar definitivo en la actual Capilla del Arca.

Reconocimiento y exposición de 1981

El 6 de enero de 1981 se inició una importante investigación sobre los restos del Santo, con ocasión del 750 aniversario de la muerte de san Antonio. Una comisión religiosa y una comisión técnico-científica, nominadas por la Santa Sede, cuidaron la apertura de la tumba y examinaron todo lo que allí encontraron. Removida la lápida lateral de mármol verde, se encontró una caja grande de madera de abeto, envuelta en telas preciadas.

Esta contenía otra caja más pequeña de madera, dentro de la cual, en diversos paquetes envueltos en telas preciosas y colocados en tres compartimientos con sus respectivos escritos había:

– el esqueleto, con la excepción del mentón, del antebrazo izquierdo y de otras partes menores (conservadas por siglos en otros relicarios particulares).
– el hábito.
– la «massa corporis», o sea, las cenizas, en las que fueron individuadas las frágiles partes del aparato vocal del Santo, como para confirmar el prodigio de la lengua incorrupta.

Los restos de san Antonio fueron recompuestos en una urna de cristal y expuestos, desde la tarde del 31 de enero a la tarde del 1 de marzo de 1981 (un total de 29 días) a la veneración de los devotos que acudieron en multitudes impresionantes: más de 650.000 personas.

Terminada la exposición, la urna de cristal fue encerrada en una caja de roble y recolocada en la secular tumba-altar de la capilla dedicada a san Antonio.

Algunos de los hallazgos, en particular el hábito y las reliquias del aparato vocal de san Antonio, están hasta hoy expuestos en la Capilla de las Reliquias.

Exposición de 2010

Finalmente, en febrero de 2010, durante seis días, los fieles pudieron venerar los despojos mortales de san Antonio, expuestos en la Capilla de las Reliquias de la basílica del Santo, antes de que regresaran a la Capilla del Arca una vez terminada la restauración iniciada en 2008.
Alrededor de 200.000 peregrinos llegados a la basílica y 150.000 oraciones dejadas sobre la tumba, confirman una vez más el amor de la gente por el Santo.

Las reliquias de los santos no son un amuleto de la suerte, ni un talismán mágico. En la tradición de la Iglesia siempre han sido venerada por el pueblo cristiano. Desde los días de persecución en las catacumbas de Roma celebró la Eucaristía en sus tumbas y se veneraban los restos mortales de sus cuerpos. «Los Santos vienen de Dios, nos hablan de Dios y nos llevan a Dios», escribió san Antonio.

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