Cartas de los obispos Última hora

El próximo domingo, el Corpus, por Salvador Giménez

No hacen falta muchas explicaciones para justificar la decisión tomada. Se huye siempre de la aglomeración de personas que asisten a una celebración o que presencian un espectáculo al aire libre. Las autoridades sanitarias de todos los países recomiendan una distancia mínima entre personas reunidas respetando el aforo permitido del local en cuestión. Se busca evitar contagiar o ser contagiado porque hay muchas posibilidades que ello ocurra debido al aliento, a la saliva o al contacto físico de las manos entre personas cercanas. En esto coinciden todos los investigadores y la aplicación de las medidas de seguridad pertinentes son similares en todos los países. Nos encontramos ahora en el período, por fases, del alivio o disminución de las exigencias sanitarias.

En la fiesta del Corpus, de tantas resonancias cultuales y culturales, se ha decidido mantener la celebración de la Eucaristía, con su posterior procesión, en el interior de la catedral y suprimir la procesión por las calles y plazas. Se trata de una recomendación de la Conferencia Episcopal Española que se hará efectiva en todas las diócesis. La misma cuestión se planteó en la reunión de la Tarraconense del pasado mes de mayo aceptando el consejo general con la obligación de cumplir con las normas sanitarias impuestas para todos.

Repito lo mismo que habéis oído en gran cantidad de ocasiones respecto a la Eucaristía y que resume con mucha brevedad el papa san Pablo VI en su encíclica Mysterium fidei: “Porque si la sagrada liturgia ocupa el primer puesto en la vida de la Iglesia, el Misterio Eucarístico es como el corazón y el centro de la sagrada liturgia…” Y así ha actuado el pueblo cristiano a lo largo de los siglos solemnizando una fiesta como la del Corpus, creando un clima adecuado con la preparación y celebración de la primera comunión entre los niños de nuestras familias, resaltando la adoración en todos los momentos del día. La característica esencial de todo cristiano es el amor a Cristo en la Eucaristía y lo que lo distingue es el aprecio y máxima valoración al Sacramento. De ahí viene el alimento y la fortaleza para desarrollar una vida fraterna, una aceptación incondicional del semejante y un servicio absoluto ante quienes tienen necesidad de nuestra ayuda y dedicación.

De la Eucaristía nace el amor al hermano. No es una casualidad que se celebre también en este día la fiesta de CÁRITAS. La síntesis que nos hace el Señor en el evangelio y que aprendimos desde niños es la doble dimensión del amor, a Dios y al prójimo. No se entiende bien uno sin el otro. Los equipos parroquiales y diocesano de Cáritas viven con intensidad y alegría esta jornada y desean animar a que todas las comunidades cristianas hagan visible esta impresionante realidad. Lo han demostrado de sobra en estos meses en su lucha contra la pandemia del coronavirus.

Con mi bendición y afecto.

+Salvador Giménez
Obispo de Lleida

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