Rincón Litúrgico

El profeta y los profetas, por José-Román Flecha

El profeta Jeremías oía el cuchicheo de los que, al verle pasar, se decían unos a otros: “Delatadlo; vamos a delatarlo… A ver si se deja seducir y lo violaremos, lo cogeremos y nos vengaremos de él” (Jer 11, 10). El delito de Jeremías no era otro que advertir a su pueblo de su impiedad e inmoralidad.

Un obispo había denunciado los crímenes que con toda impunidad se cometían en la región. Poco tiempo después murió en un accidente inexplicable. Su sucesor ha seguido levantando una voz profética contra el narcotráfico y los abusos del poder. Terminaron por hacerle la vida imposible.

Son sólo dos ejemplos. Pero hay centenares de víctimas que caen por su amor al bien y la verdad. La época de las persecuciones contra los mensajeros del evangelio no terminó con el edicto de Milán, dictado por el emperador Constantino.

Al principio de cada año nos impresiona leer la lista de los que han sido asesinados por su fidelidad a la fe de Jesucristo. Evidentemente, como decía la novelista inglesa Rebecca West, “nadie gusta de ser rociado con sal en sus heridas, aunque sea la sal de la tierra”.

EL CREYENTE Y LOS GORRIONES

En el evangelio que hoy se proclama (Mt 10, 26-33), Jesús repite hasta tres veces la exhortación “No tengáis miedo”. Juan Pablo II escribía en su primera encíclica Redentor del Hombre, que hoy vivimos apresados por el miedo. Pero esa tentación parece muy antigua. Jesús ofrece a sus discípulos tres razones para superar el miedo:

– No han de tener miedo a los hombres, porque sirven a la verdad y la mentira termina por ser descubierta.

– No han de temer a los que matan el cuerpo pero no pueden matar el alma, porque muerto el cantor no muere el cantar.

– No han de tener miedo, porque el Padre celestial los conoce personalmente y vela por ellos.

Para apoyar esas llamadas a la confianza se pone en boca de Jesús una pequeña y simpática parábola: “¿No se vende un par de gorriones por unos cuartos?; y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. Pues vosotros, hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. Por eso, no tengáis miedo, no hay comparación entre vosotros y los gorriones”.

APÓSTOL O APÓSTATA

No tener miedo es la parte “negativa” de la misión profética. Pero no basta con ella. El profeta ha de hacer algo positivo: ponerse de parte de Jesús ante los hombres. De esa confesión de fe y fidelidad en el presente, depende el futuro que ahora se prepara.

  • El evangelio anota la actitud del apóstol: la disposición para presentarse como discípulo del Maestro en toda circunstancia. Si uno se pone de parte de Jesús ante los hombres, Él se pondrá de su parte ante el Padre celestial.
  • Pero el evangelio anota también la actitud del apóstata: la decisión de renegar del Maestro por temor a perder prestigios humanos y ganancias terrenas. Si uno niega a Jesús ante los hombres, Él también lo negará ante el Padre celestial.

– Señor Jesús, tus mismos enemigos reconocían que eras sincero y enseñabas el camino de Dios con franqueza (Mt 22, 16). Danos tu luz y tu fuerza para que superemos los miedos que nos atan y te confesemos con verdad y valentía. Amén.

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