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El principal mandamiento, por Ángel Rubio Castro, obispo de Segovia

El principal mandamiento, por Ángel Rubio Castro, obispo de Segovia

El primero y principal mandamiento sigue siendo hoy —desde que Moisés entregó a los israelitas, de parte de Dios sus instrucciones y mandatos para que su pueblo sea santo y justo y así logre vivir— «amar a Dios sobre todas las cosas». Este amor a Dios es respuesta del ser humano al amor de Dios que lo precede por eso podemos afirmar que el amor de Dios único es recordado en el decálogo, en la primera de las “diez palabras”.

Lo más original en el desarrollo de este mandamiento en el Catecismo de la Iglesia Católica está en la defensa que se hace del derecho a profesar libremente la religión, tanto en privado como en público y se pide el reconocimiento público y el reconocimiento jurídico del mismo, de forma que se constituya como un derecho civil.

En él se mencionan también algunos pecados clásicos contra el culto debido a Dios, como la superstición, la idolatría; se condena el politeísmo, pero también poner en el lugar de Dios a otros hombres, al dinero, a la raza, al Estado, al poder o al placer; la adivinación, la consulta de horóscopos y de adivinos está en «contradicción con el honor y el respeto debido a Dios»; se advierte a los fieles del peligro que encierra el espiritismo y la magia.

Además, se afirma que «el ateísmo es un pecado contra el primer mandamiento, en tanto que rechaza o niega la existencia de Dios». «La imputabilidad de este hecho —añade el Catecismo— puede quedar muy disminuida en virtud de intenciones y de circunstancias», y se insiste en que «el reconocimiento de la existencia de Dios no se opone, en modo alguno, a la dignidad del hombre» (n. 2126). El Catecismo dedica unas palabras al mucho más extendido agnosticismo, que puede derivar en «un indiferentismo, una huida ante la cuestión última de la existencia» (n. 2128). Además de una excusa para hacerse una moral al propio gusto, se convierte, con frecuencia, en un ateísmo práctico.

Se defiende, en cambio, el culto a las imágenes, fundado en el dogma de la Encarnación del Hijo de Dios en el seno de la Santísima Virgen María (cf. n. 2141).

En el mundo contemporáneo hay muchos hombres que niegan a Dios o viven como si Dios no existiera. El hombre se hace un ídolo para sí mismo, sobre todo, cuando se endiosa considerándose el único centro de cuanto existe.

Si el hombre reflexiona seriamente puede darse cuenta de que intentar cimentar la propia vida en algo tan frágil como él mismo, o en las riquezas sería como querer construir un edificio sobre arenas movedizas. Cuando se reconoce que Dios es el único soberano y Señor de la vida y que ejerce su señorío  amando y liberando al hombre, reconoce también que el hombre que prescinde de Dios es como un árbol al que le cortan las raíces o como a una casa a la que arrancan los cimientos. La negación de Dios termina con la negación del hombre mismo.

El Youcat (Catecismo Joven de la Iglesia Católica) enseña “puesto que el Todopoderoso se nos ha mostrado como nuestro Dios y Señor, no debemos poner nada por encima de él, ni considerar nada más importante ni conceder a ninguna otra cosa o persona prioridad sobre él. Conocer a Dios, servirle, adorarlo es la prioridad absoluta en la vida” (n. 352).

 

+ Ángel Rubio Castro

   Obispo de Segovia



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