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El primer anuncio del Evangelio, por Ángel Rubio, Consiliario Nacional del MCC y obispo de Segovia

El primer anuncio del Evangelio, por Ángel Rubio, Consiliario Nacional del MCC y obispo de Segovia

En el VIII encuentro Nacional de responsables de Escuelas de Catequistas del Movimiento cursillos de Cristiandad no podemos olvidar desde el principio que tenemos un Papa nuevo que hace apenas 15 días comenzó su pontificado como sucesor de Pedro.

El nuevo Papa conoce el MCC y sabe que nuestro patrono es San Pablo y sabe expresarse con nuestra  consigna “de colores” En el año 2011 siendo Cardenal Arzobispo de Buenos Aires escribió una carta a los cursillistas en la que decía entre otras cosas Vuestro servicio de anunciar a Cristo siendo sus testigos en los ambientes cotidianos, es vivencia, renovar en forma concreta el Bautismo que en El hemos recibido y los convierte en discípulos y misioneros de la Palabra, según lo expresado en la “Constitución de la Iglesia”: “A este apostolado, todos están llamados por el mismo Señor, en razón del Bautismo y la Confirmación” (Nº 33).

Les escribo decía el entonces Cardenal de Buenos Aires consciente de las dificultades que presenta la inculturación del Evangelio en la sociedad actual y en la confianza que vuestra audacia y fervor apostólico, nacidos del encuentro personal consigo mismo y con Cristo los lleve a hacer historia, en función del bien, para que muchos hermanos, excluidos o no, que viven en la periferia se sientan abrazados por el amor de Jesús.

El Papa Benedicto XVI al clausurar el Sínodo de Obispos el pasado mes de octubre subrayó tres líneas pastorales.

La primera corresponde a los sacramentos de la iniciación cristiana Bautismo, eucaristía y confirmación. En segundo lugar “la nueva evangelización está esencialmente conectada con la misión ad gentes y un tercer aspecto tiene que ver con las personas bautizadas pero que no viven la exigencia del bautismo. En el contexto de esta importante intervención del Santo Padre recordó el “primer anuncio que se impone también en los países de la antigua evangelización. En el MCC se repite constantemente que tiene como tarea especifica: el primer anuncio del evangelio. Y tiene como finalidad suscitar inicialmente la fe o robustecerla y crecer en ella; por consiguiente, lleva consigo un anuncio explícito de la buena noticia del reinado de Dios, un anuncio claro e inequívoco del Señor Jesús y se realiza también mediante el testimonio de los cursillistas en medio de todos los ambientes y estructuras de la sociedad.

El kerigma no es mágico, es sacramental; no es fundamentalista, es católico y misionero. Sólo podrá haber kerigma cuando la palabra es anunciada y vivida. Su contenido está constituido por la narración de los hechos salvíficos fundamentales (muerte y resurrección del Señor). Se dirige a los no creyentes y a los que de hecho viven en la indiferencia religiosa. Asume la función de anunciar el evangelio y llamar a la conversión; se dirige, no tanto a confirmar a los que se hallan dentro de la fe, cuanto al acto misionero de ir y proclamar, de salir y llevar el evangelio a los alejados.

Evangelizar ha sido siempre la actividad primordial de la Iglesia y lo seguirá siendo. De ahí su preocupación constante por justificar esa tarea.

La misión evangelizadora de la Iglesia se desarrolla a través de un proceso rico y complejo que comprende un conjunto de elementos constituyentes: La renovación de la humanidad, la evangelización de la cultura, el testimonio de los cristianos, el primer anuncio de Cristo Salvador, la conversión y adhesión del corazón a Jesucristo y su Evangelio, la entrada en la comunidad, la acogida de los signos sacramentales, la promoción del desarrollo humano y el ejercicio de la caridad. Estos elementos son complementarios y mutuamente enriquecedores. Incluyen todo lo que la Iglesia hace, dice, vive y expresa. La Iglesia, tanto si mira al interior de sí misma, como si dirige su mirada a los alejados y no creyentes, tiene el deber de evangelizar, esto es: «predicar y enseñar, ser canal del don de la gracia, reconciliar a los pecadores con Dios, perpetuar el sacrifico de Cristo en la misa». (EN14)

La acción evangelizadora se apoya, radicalmente, en la misión que Cristo recibió del Padre y confió a la Iglesia; nace de la fe eclesial y tiende a hacer a todos los hombres discípulos de Cristo. La acción misionera deberá ir transformando en vida de Iglesia todo lo bueno que encuentra en el corazón y en la mente de grupos humanos y de los pueblos.

 

Además de esto es preciso reconocer que la evangelización es hoy «nueva» porque el mundo, la cultura, la sociedad, el hombre al que se dirige tiene una visión de las cosas, una actitud ante Dios, los demás y el mundo creado que son en gran medida «nuevos». Esta novedad se percibe de forma evidente, si atendemos a las unidades políticas, a las estructuras sociales, económicas y familiares, a la disposición de medios, y al tipo de vida, que configura a este hombre concreto. Dado esta «novedad», el mensaje del Evangelio debe proclamarse, no al margen de la misma, sino teniendo en cuenta sus características, discerniendo sobre sus valores y contravalores, asumiendo su riqueza y sus riesgos. No intentamos evangelizar a «cualquier hombre de cualquier época», sino a este hombre concreto de esta época histórica concreta, que vive y piensa y trabaja y se ordena y sufre y espera de esta forma bien determinada y diferenciante. En la medida que seamos capaces de comprender esta «novedad de hombre», en esa medida seremos capaces de esforzarnos por la novedad de evangelización para este hombre. El Mensaje al pueblo de Dios  del Sínodo de los Obispos afirma. “Conducir a los hombres y las mujeres de nuestro tiempo hacia Jesús, al encuentro con Él, es una urgencia que afecta a todas las regiones del mundo, tanto las de antigua como las de reciente evangelización. En todos los lugares se siente la necesidad de reavivar una fe que corre el riesgo de apagarse en contextos culturales que obstaculizan su enraizamiento personal, su presencia social, la claridad de sus contenidos y sus frutos coherentes.(nº2)

El Movimiento de Cursillos de Cristiandad, se sitúa de un modo genuino en el primer momento del anuncio de la Palabra, es decir, en la proclamación del Kerigma, en el anuncio, en la propuesta. Anunciemos pues el Evangelio, sin ningún miedo ni complejo, con firmes y básicas certezas, con plena libertad y valentía, con la alegría que viene de Dios y el gozo de la dicha que encierra el tesoro del Evangelio, con las razones que sustentan el anuncio del Evangelio, capaces de responder con toda seguridad a las explicaciones que hoy se nos piden.

Mostremos, sin echamos atrás y sin retirarnos, a Jesucristo; obedeciendo a Dios antes que a los hombres, conscientes y sabedores, con certeza, de que el Evangelio, la palabra de Dios, no están encadenados ni en trance de perecer, y son fuerza de salvación para todo el que cree; sabiendo, además, que navegamos contracorriente, que estamos en el «mar proceloso» de nuestro tiempo, sacudidos por tantas cosas, por tantas olas de, modas culturales que tanto presionan, por tantos vientos, a veces tan adversos, que parecen confundirnos y llevarnos sin rumbo, al retortero. Pero el Señor está con nosotros, navega con nosotros sin bajarse de la frágil barca de Pedro (Cf Mt 4,35-40), y que Él, en medio de la noche, ya en la alborada de un nuevo día, nos busca, viene a nuestro encuentro caminando sobre las «aguas agitadas» de hoy, agarrándonos de la mano para que no nos hundamos, y seamos salvados y conducidos a buen puerto con los vientos y las aguas sosegadas (Cf Mt 14,22- 32). Sin que las dudas se apoderen de nosotros. “No hay lugar para el pesimismo en la mente y en el corazón de aquellos que saben que su Señor ha vencido la muerte y que su Espíritu actúa con fuerza en la historia. Con humildad, pero también con decisión —aquella que viene de la certeza de que la verdad siempre vence—, nos acercamos a este mundo y queremos ver en él una invitación del Resucitado a ser testigos de su nombre. Nuestra Iglesia está viva y afronta los desafíos de la historia con la fortaleza de la fe y del testimonio de tantos hijos suyos”. (Mensaje nº6)

Cultivar el encuentro con El y la configuración con Él en una vida de gracia y santidad en seguimiento suyo es la clave para una apasionante renovación de nuestro mundo, y de un renacimiento pastoral en el Post-cursillo con las escuelas y reunión de grupos de Utreyas.

Mons. Ángel Rubio, obispo de Segovia.

 



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