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El Presidente de CONFER reflexiona sobre la crisis en su mensaje de inicio de curso

Madrid, 4 de septiembre de 2012 (IVICON).- El Presidente de la Conferencia Española de Religiosos, el P. Elías Royón, SJ, ha hecho público un mensaje con motivo del inicio del nuevo curso. En él, anima a los religiosos y religiosas de España a seguir “respondiendo con la misma generosidad a tantas urgencias y tantas tragedias que viven en la actualidad muchas familias”.

En palabras del Presidente, “la caridad nos debe llevar a denunciar las injusticias en el reparto de las consecuencias de la crisis; a ser palabra de los obligados de mil maneras a callar; a proteger a los que hemos dejado “sin papeles” arrebatándoles su dignidad de personas, de hijos de Dios”. Su mensaje continúa con la sugerencia de reflexionar en comunidades y equipos de pastoral sobre dos cuestiones: “la compasión humana hacia la persona que ayudamos y sobre nuestra pobreza religiosa”.

“En nosotros”, finaliza el P. Elías Royón su mensaje, “no cabe hablar de “recortar” tantos por cientos, sino de una voluntad decidida y eficaz de solidaridad evangélica que nos lleve a compartir lo que se tiene, llegando en ocasiones a hacerlo incluso de lo necesario”.

A continuación reproducimos íntegramente el mensaje:

Jesús vio una multitud y se compadeció de ella… (Mc 6,34)

Dadles vosotros de comer…(Mc 6,37)

Queridos hermanos y hermanas:

Quisiera saludaros al inicio de un nuevo curso, que el Señor nos ofrece para seguir “gastándonos y desgastándonos” por el Evangelio (cfr 2 Cor 12,15) llevando la esperanza de Jesucristo a nuestro mundo.

Con mi saludo deseo compartir con vosotros y vosotras algunas reflexiones sobre la situación que más preocupa a nuestra sociedad y que está afectando ya a un número dramático de personas y familias: la crisis económica y social. Una situación que nos afecta como ciudadanos y de modo particular como hombres y mujeres seguidores de Jesucristo, pobre y amante de los pobres, que ha proclamado la igualdad y la fraternidad entre todos los hombres. A este Jesús hemos  prometido imitarle con una vida pobre y una entrega gratuita para servir a sus predilectos.

Es justo reconocer que a niveles institucionales y personales, la Vida Religiosa está respondiendo con gran generosidad, de mil maneras diversas, a tantas urgencias y tantas tragedias, cuyas lágrimas y angustias conocemos bien, cuyos nombres y apellidos son para nosotros rostros concretos, más allá de una solicitud burocrática de ayuda.

Comprendemos bien que llamados a ser testigos de Jesucristo en esta Iglesia y esta sociedad, no podemos permanecer insensibles ante una sociedad que egoístamente ha desplazado a los márgenes a aquellos que para Jesús son el centro. “Hoy Dios nos sigue pidiendo que seamos guardianes de nuestros hermanos…” (Benedicto XVI, Cuaresma 2012), y que preguntemos con inquietud y libertad evangélica a los responsables de la toma de decisiones si se están repartiendo justamente las cargas, si se busca con eficacia y creatividad poner realmente todos los recursos posibles para remediar lo que ya son necesidades primarias como el comer y la salud; si la honradez, la integridad y la verdad presiden siempre las actuaciones de los políticos. (Intención del Papa para el mes de septiembre del Apostolado de la Oración).

Como cristianos y religiosos no podemos ser ajenos al compromiso con la justicia que nace de la fe en Jesucristo; no acoger a los que más sufren los efectos económicos y morales de la crisis: las familias. La caridad nos debe llevar a denunciar las injusticias en el reparto de sus consecuencias; a ser palabra de los obligados de mil maneras a callar; a proteger a los que hemos dejado  “sin papeles” arrebatándoles su dignidad de personas, de hijos de Dios; a ser consuelo para los que viven en el abandono y la soledad, y esperanza para los jóvenes desilusionados y frustrados de tantas vanas promesas sociales y políticas.

Tal vez nos podría ayudar  reflexionar en los equipos de trabajo pastoral y en las comunidades sobre estas dos cuestiones: la compasión humana hacia la persona que ayudamos y sobre nuestra pobreza religiosa.

Efectivamente, nuestra acción caritativa y social no respondería a la dimensión evangélica si no integrara una cercanía compasiva a las personas, si no nos interesara y compartiéramos sus sentimientos, su vida.  Jesús cautiva a la muchedumbre porque tiene un corazón compasivo, porque se le conmueve las entrañas ante el dolor y el sufrimiento humanos. La situación de crisis debería ser leída por nosotros como “un signo de los tiempos,” una palabra de Dios, una llamada a la reflexión orante respecto a nuestra pobreza religiosa. No vivimos con  largueza pero sí lejos de las carencias de muchos.  Que no solo ayudemos con la presencia, sino también compartiendo nuestro poco, nuestros cinco panes y nuestros pocos peces. Aquel joven del evangelio no sabía que Jesús los multiplicaría, sólo supo poner a disposición de los demás lo que tenía. En nosotros no cabe hablar de  “recortar” tantos por cientos, sino de una voluntad decidida y eficaz de solidaridad evangélica que nos lleve a compartir lo que se tiene,  llegando en ocasiones a hacerlo incluso de lo necesario. No lo dudemos el Señor sabrá multiplicarlo.

Todos necesitamos convertir el corazón. Y es que la injusticia hunde sus raíces en un problema que es espiritual. Por eso su solución requiere una conversión espiritual del corazón de cada uno y una conversión cultural de la sociedad, de tal manera que prevalezca la voluntad de cambiar las estructuras de pecado que afligen a nuestro mundo.

Elías Royón, S.J.

Presidente de CONFER.

3 septiembre 2012

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Ecclesia

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2 comentarios

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  • Menos mal que alguien de “arriba” habla de este tema, sería de desear que se hiciera una oración, para rezarla en las parroquias, contra el tema de la crisis, no solamente economica, sino en todos los sentidos

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  • Es necesario que Los Cristianos nos ayudemos unos a otros como lo hacian al principio de la cristiandad:”nadie pasaba necesidad…”
    Pero yo creo que las injusticias que vemos hoy dia consisten mucho en
    que la sociedad en general- incluyendo Los Cristianos – no busca el Reino, ni se preocupa de hacer la voluntad de Dios ybuscar la justicia. Los goviernos no ponen leyes con bases cristianas, ni se ocu
    pan de que se complan las leyes… Ya no existe la libertad, sino un libertinage sin control. Los goviernos deben de empezar tambien a buscar e imponer la justicia(para eso estan) y los cristianos ayudarles y no quedarnos tan tranquilos!

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