Firmas

El poder de perdonar

El poder de perdonar

Ojo por ojo y todo el mundo será ciego…

Comenzamos un año nuevo y por todos los lados nos deseamos la salud, la bendición, la felicidad, y lo expresamos todo con una palabra universal como es la paz. Desear la paz es desearnos todo, así lo hacemos en la eucaristía cada domingo, ¿pero, de verdad, deseamos la paz auténtica de la que habla el Evangelio, la que trae Jesús de Nazaret?

La realidad nos habla más bien de venganza y de violencia de un modo estructural y ambiental en nuestro mundo y en nuestra sociedad. Los datos nos hablan de un mundo en guerra y el Papa Francisco, proféticamente lo viene denunciando y llamando a la conversión, por eso nos habla de misericordia. En la Navidad nos ha hablado de un río de miseria y de violencia que asola el mundo, cuestionó de esta manera: “¿Cómo es posible que perdure la opresión del hombre contra el hombre, que la arrogancia del más fuerte continúe humillando al más débil, arrinconándolo en los márgenes más miserables de nuestro mundo?”. Estamos viviendo desde la ofensa y la venganza, por eso podemos hablar de un mundo en guerra: la guerra de Siria, la del África subsahriana (Sudán del Sur, República centroafricana, Etiopía, Uganda, Congo), en la zona de Asia y el Pacífico, en América Latina (especialmente Colombia), en la zona De Oriente medio y el norte de África; y, finalmente, en Europa con los refugiados (Ucrania). Desde principios de siglo no había en el mundo un mapa de conflictos tan extenso y con tantos fuegos abiertos a la vez como el que tenemos en el presente. En el fondo de todos los conflictos está siempre la ofensa, los que se sienten ofendidos por los otros. Ya el adagio nos habla que si nos movemos desde la ofensa la marea de la violencia será imparable y la paz será imposible.

La ofensa se adentra en el corazón del hombre e invita al rencor para permanecer unido a él. Cuando eso ocurre la muerte se apodera de lo humano, y acaba con el otro que me ha ofendido al mismo tiempo que acaba con la bondad y la paz del que se venga. Cuando eso ocurre las sociedades se vuelven poco humanas y habitables, la sospecha, la desconfianza, la frialdad, la indiferencia, la lejanía se apoderan de los sentimientos y nos hacemos cada vez más cerrados e individualistas en todos los ámbitos: políticos, regionales, económicos, sociales, familiares, religiosos, deportivos… podemos decir de algún modo que la ofensa por la ofensa acaba con todo, da muerte a todos los que se adentran en ella con el rencor. Las heridas son enormes y el sufrimiento se extiende y se universaliza como una marea imparable, así se generan los ríos de miseria y sufrimiento humano.

Como nosotros perdonamos a los que nos ofenden…

Siguiendo al Evangelista Lucas, cada vez que rezamos con la oración propia de los cristianos, pedimos a Dios el perdón de nuestros pecados, de nuestras ofensas con respecto a El, pero también añadimos lo que ha de ser nuestra especificidad de seguidores de Jesús en medio del mundo :”así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden”. Presentamos nuestro deseo de perdonar toda ofensa y toda injuria recibida en nuestra vida.
El perdón, en primer lugar, de las ofensas que los “hermanos” nos hacen “siete veces al día”: “Si tu hermano peca, repréndele; y si se arrepiente, perdónale. Y si peca contra ti siete veces al día, y siete veces se vuelve a ti, diciendo: ‘Me arrepiento’, le perdonarás” (Lc 17,3-4). Pero no sólo a los hermanos, sino “a todo deudor”, es decir, a los  enemigos, a quienes les odien, maldigan y maltraten (Lc 6,27-28; 6,22). El odio, la maldición y los malos
tratos, las injurias y la proscripción “por causa del Hijo del hombre” es la deuda que deben perdonar los cristianos, como Cristo en la cruz les perdonó a ellos. Respondiendo al mal con el bien, “serán hijos del Altísimo”: “Amad a vuestros enemigos; haced el bien y seréis hijos del Altísimo, que es bueno con los ingratos y perversos. Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso…. perdonad y seréis perdonados” (Lc 6,35-37).

El lío de la misericordia

El perdón es la clave de la misericordia, estamos llamados a ejercerlo, sabiendo que hemos de caminar en un sentido integral y saludable del perdón que vence a la ofensa, a toda ofensa:
– El camino de la reconciliación personal: saber hacer examen de conciencia y perdonándonos en nuestras debilidades, viviendo el mandato de saber amarnos a nosotros mismos con las claves el amor de Dios que nos ha bendecido en Cristo, como hijos amados suyos y siempre está dispuesto al perdón y a la misericordia para que podamos tener su paz y su fuerza.
– El camino de la humildad y su poder de perdón, que no distingue entre ofensor y ofendido en lo que le afecta, sino que con la libertad del Espíritu de Jesús, da los pasos necesarios para entrar en el perdón mutuo sin más condición que la ternura y la compasión. Poder de perdonar que libera de todo rencor y deseo de venganza, sabiendo que en la violencia perdemos todos, pero en el perdón todo es ganancia.

¿Qué tenemos que hacer?

– Cuidar nuestro proyecto de vida personal. Tratar de conocernos mejor a nosotros mismos, profundizar en la vivencia de todas las emociones y encauzarlas para hacerlas lugares de vida y crecimiento personal, sin querer reprimirlas ni anularlas. Buscar espacios comunitarios y grupales – ámbitos parroquiales, movimientos, ejercicios espirituales- que nos ayuden a esta visión humana y cristiana de nuestra propia persona.
– Analizar las relaciones de conflicto, separación, exclusión, división, indiferencia que nos rodean a nivel personal, familiar, laboral, social, político, económico, religioso. Buscar caminos de sanación, acercamiento, implicación en orden a saber pedir perdón y restablecer relaciones sanas, que curen heridas y resuciten lo bueno de lo vivido.
– Saber vivir la dinámica del perdón en la relación con Dios y los hermanos, a nivel personal y comunitario, redescubriendo los procesos de conversión y la celebración gozosa del sacramento de la reconciliación

– Informarnos y preocuparnos por las situaciones de violencia y ofensa que se dan en nuestro mundo y trabajar por la paz y el perdón con todas las asociaciones y organismos que se implican por los que sufren la guerra y toda clase de persecución y violencia.

– Cuidar las relaciones con las personas que son de otras ideas políticas, religiosas, clases sociales para que siempre sean desde el respeto y la ternura.

José Moreno Losada

 

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