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El Papa vuelve a pedir el «cese el fuego global e inmediato» de todos los conflictos armados

El Papa Francisco ha vuelto a pedir este domingo 19 de julio el «cese el fuego global e inmediato» de todos los conflictos armados del mundo, para poder asegurar así, en este tiempo de pandemia que va a más, la asistencia humanitaria necesaria a todas las poblaciones.

El Pontífice también ha expresado su preocupación por la tensión armada que se vive en el Cáucaso, donde Armenia y Azerbaiyán llevan una semana de enfrentamientos que, según el balance oficial, ha causado hasta ahora una veintena de muertes. Estas dos exrepúblicas soviéticas, cristiana la una, musulmana la otra, mantienen desde hace varias décadas un litigio a cuenta del enclave de Nagorno-Karabaj, una región que en la década de los noventa, tras el desmembramiento de la Unión Soviética, ya fue escenario de una guerra que dejó más de 30.000 muertos.

«Sigo con preocupación el aumento de las tensiones —ha dicho el Papa tras el rezó del Ángelus— y espero que con el compromiso de la comunidad internacional, a través del diálogo y la buena voluntad, se pueda llegar a una solución duradera, que tenga como interés principal el bien de aquellas amadas poblaciones». El Santo Padre también ha recordado a las víctimas de una pandemia que «no se detiene», especialmente «a aquellas poblaciones cuyos sufrimientos se han agravado». Solo en las últimas veinticuatro horas, en efecto, la Organización Mundial de la Salud ha contabilizado más de 250.000  nuevos contagios. En la última semana han muerto por COVID-19 tres obispos católicos: Costa (Bangladesh), Scarpellini (Bolivia) y Soares da Costa (Brasil).

La parábola de la cizaña y el grano de mostaza

Previamente, el Santo Padre ha comentado el Evangelio de este domingo, XVI del tiempo ordinario, en el que San Mateo nos presenta a Jesús hablando a la multitud sobre el Reino de los cielos, para lo que se sirve de la parábola de la cizaña y el grano de mostaza (Mt 13, 24-43). Se trata de una parábola, ha dicho Francisco, para «conocer la paciencia de Dios», que siempre ama con amor de padre, y «abrir nuestro corazón a la esperanza».

En ella, ha observado, se contraponen las miradas del amo y de los siervos. «La intención de los siervos es la de eliminar enseguida el mal, es decir a las personas malvadas, pero el amo es más sabio, ve más lejos: estos deben saber esperar, porque soportar las persecuciones y las hostilidades forma parte de la vocación cristiana», ha dicho el Papa, que ha indicado también que, «por supuesto», el mal debe ser rechazado, «pero los malvados son personas con las que hay que tener paciencia».

«No colabora bien con Dios —ha añadido a este respecto— quien se pone a la caza de los límites y de los defectos de los otros, sino más bien quien sabe reconocer el bien que crece silenciosamente en el campo de la Iglesia y de la historia, cultivándolo hasta la maduración. Y entonces será Dios, y solo Él, quien premie a los buenos y castigue a los malvados».

Los siervos de la parábola quieren ir enseguida a arrancar la mala hierba, pero el amo los frena porque pueden arrancar también el trigo. Las malas hierbas que impiden que fructifique la cosecha tienen un nombre, ha dicho Francisco: «el diablo, el opositor de Dios por antonomasia». «Su intención —ha advertido— es obstaculizar la obra de salvación, para que el Reino de Dios sea obstaculizado por trabajadores injustos, sembradores de escándalos. De hecho, la buena semilla y la cizaña no representan el bien y el mal de forma abstracta, sino a nosotros los seres humanos, que podemos seguir a Dios o al diablo».

«En esta parábola —ha concluido— se puede leer una visión de la historia. Junto a Dios, el amo del campo, que esparce siempre y solo semilla buena, hay un adversario, que esparce la cizaña para obstaculizar el crecimiento del trigo».

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