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El Papa se une al dolor de las víctimas del tifón «Vamco» que afecta a Filipinas

Durante el rezo del Ángelus, el Papa Francisco ha querido unirse en oración a las decenas de miles de personas que se encuentran atrapadas por las inundaciones causados por el tifón «Vamco» en Filipinas, que ha causado ya al menos 53 personas fallecidas a raíz de inundaciones, deslizamientos de tierra y otros accidentes. «Expreso mi solidaridad a las familias más pobres y expuestas a estas calamidades, y mi apoyo a cuantos se esfuerzan por socorrerlas».

Además, el Papa, con motivo de la IV Jornada Mundial de los Pobres ha reflexionado en la parábola de los talentos, tal y como había explicado en su, en la que ha animado a emplear los dones que Dios ha dado a cada uno de nosotros, «patrimonio», para hacer «el bien en esta vida, como servicio a Dios y a nuestros hermano».

En este sentido, Francisco ha señalado que «todos hemos recibido de Dios un «patrimonio» como seres humanos, en primer lugar la vida misma, luego las diferentes facultades físicas y espirituales. Como discípulos de Cristo hemos recibido la fe, el Evangelio, el Espíritu Santo, los sacramentos… Estos dones hay que emplearlos para hacer el bien en esta vida, como servicio a Dios y a nuestros hermanos». Es por ello, que el Santo Padre ha recordado que al final de nuestra existencia, en el juicio personal, «Dios recompensará con el Paraíso, con la vida eterna, a aquellos que han aprovechado sus dones para hacer el bien».

Si, en cambio, pretendo «hacerme el listo», dejando mis talentos encerrados en una caja fuerte, «me excluyo yo solo de la fiesta de Dios, que es la fiesta del Amor. Por ejemplo: si un sacerdote, que ha recibido el Evangelio de Cristo, nunca predica, no hace catequesis, no lleva el Evangelio a los enfermos y a los pobres, ¿cómo podrá entrar en la fiesta de su Señor? ¡Pero, cuidado! No juzguemos a los demás, examinémonos a nosotros mismos. Y no olvidemos que Dios puede salvar al peor de los pecadores».

El Papa ha concluido afirmando que la Virgen María recibió a Jesús de Dios, «pero no se lo guardó para sí misma, se lo dio al mundo, a su pueblo». Aprendamos de ella el temor del Señor, «no el miedo». Aprendamos, sobre todo, «el amor atento, a ponernos al servicio los unos de los otros. Para que el Señor, a su regreso, nos encuentre así, esforzándonos en hacer fructíferos sus dones».

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