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El Papa rechaza la renuncia del cardenal Marx e insta a una reforma eclesial que asuma la realidad «sea cual sea la consecuencia»
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El Papa rechaza la renuncia del cardenal Marx e insta a una reforma eclesial que asuma la realidad «sea cual sea la consecuencia»

El Papa Francisco ha rechazado hoy jueves, 10 de junio, la renuncia al gobierno pastoral de la archidiócesis de Múnich y Freising presentada el día 4 de este mismo mes por el cardenal Reinhard Marx, y ha defendido una «reforma» (subrayado en el original) basada en «actitudes que tengan el coraje de ponerse en crisis, de asumir la realidad sea cual sea la consecuencia».

En una carta publicada esta mañana, el Santo Padre da las gracias a Marx por su «coraje» a la hora de actuar, y le pide que siga adelante en el desempeño de su función. «Continúa como lo propones pero como Arzobispo de Munchen und Freising. Y si te viene la tentación de pensar que, al confirmar tu misión y al no aceptar tu dimisión, este Obispo de Roma (hermano tuyo que te quiere) no te comprende, pensá en lo que sintió Pedro delante del Señor cuando, a su modo, le presentó la renuncia: “apártate de mí que soy un pecador”, y escuchá la respuesta: “pastorea a mis ovejas”».

«La política del avestruz no lleva a nada»

La carta del Santo Padre supone un espaldarazo al purpurado germano en su criticada petición de «corresponsabilidad» episcopal en la «catástrofe» de los abusos sexuales del clero. «Toda la Iglesia está en crisis a causa del asunto de los abusos; más aún, la Iglesia hoy no puede dar un paso adelante sin asumir esta crisis. La política del avestruz no lleva a nada, y la crisis tiene que ser asumida desde nuestra fe pascual», le dice Francisco, que se muestra «de acuerdo contigo en calificar de catástrofe la triste historia de los abusos sexuales y el modo de enfrentarlo que tomó la Iglesia hasta hace poco tiempo».

El Papa reconoce que no todos en la Iglesia quieren «aceptar esta realidad», pero hace saber que este es «el único camino», porque «hacer “propósitos” de cambio de vida sin “poner la carne sobre el asador” no conduce a nada». En este sentido, indica también que el problema debe ser afrontado tanto personal como comunitariamente, e invita a cada obispo de la Iglesia a «asumirlo y preguntarse ¿qué debo hacer delante de esta catástrofe?».

«La reforma en la Iglesia la han hecho hombres y mujeres que no tuvieron miedo de entrar en crisis»

Francisco añade: «Se nos pide una reforma, que —en este caso— no consiste en palabras sino en actitudes que tengan el coraje de ponerse en crisis, de asumir la realidad sea cual sea la consecuencia. Y toda reforma comienza por sí mismo. La reforma en la Iglesia la han hecho hombres y mujeres que no tuvieron miedo de entrar en crisis y dejarse reformar a sí mismos por el Señor. Es el único camino, de lo contrario no seremos más que “ideólogos de reformas” que no ponen en juego la propia carne».

Para el Papa, «los silencios, las omisiones, el dar demasiado peso al prestigio de las Instituciones sólo conducen al fracaso personal e histórico, y nos llevan a vivir con el peso de “tener esqueletos en el armario”, como reza el dicho».

«No nos salvarán las encuestas ni el poder de las instituciones»

Francisco hace asimismo un llamamiento a «ventilar» urgentemente «esta realidad de los abusos y de cómo procedió la Iglesia, y dejar que el Espíritu nos conduzca al desierto de la desolación, a la cruz y a la resurrección». «Es camino del Espíritu el que hemos de seguir —afirma—, y el punto de partida es la confesión humilde: nos hemos equivocado, hemos pecado. No nos salvarán las encuestas ni el poder de las instituciones. No nos salvará el prestigio de nuestra Iglesia que tiende a disimular sus pecados; no nos salvará ni el poder del dinero ni la opinión de los medios (tantas veces somos demasiado dependientes de ellos). Nos salvará abrir la puerta al Único que puede hacerlo y confesar nuestra desnudez: “he pecado”, “hemos pecado”… y llorar, y balbucear como podamos aquel “apártate de mí que soy un pecador”, herencia que el primer Papa dejó a los Papas y a los Obispos de la Iglesia».

El cardenal Julián Herranz al inicio del pontificado de Francisco.

Carta del cardenal Herranz en L´Osservatore

La respuesta del Santo Padre al purpurado germano llega después de que el martes día 8 el cardenal español Julián Herranz, presidente emérito del Pontificio Consejo para los Textos Legislativos, reflexionase en un artículo en L´Osservatore Romano sobre la pederastia en la Iglesia y las responsabilidades de carácter personal e institucional. En él, el purpurado cordobés afirma que no es «lógico poner en duda la credibilidad de la Iglesia y el valor salvífico de su misión y de su magisterio, a pesar de los errores, pecados y a veces incluso crímenes de sus miembros, incluidos los altos cargos de la jerarquía».

Para monseñor Herranz, «defender a la Iglesia como “Cuerpo de Cristo” (1 Cor 12,27), reducida por los pecados de sus miembros, por nuestros pecados, como un nuevo “Ecce Homo” ante el mundo, no significa una autodefensa clerical. No se trata de proteger una imagen “narcisista” de poder y prestigio mundano de una Iglesia que se defiende olvidando la humildad, sino de reafirmar la divinidad de su origen, la santidad de los sacramentos que ofrece y la perenne actualidad y credibilidad del Mensaje cristiano de salvación».



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