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El Papa propone un salario universal y la reducción de la jornada laboral «para entre todos crear más trabajo»

En un videomensaje dirigido a los participantes en el IV Encuentro Mundial de Movimientos Populares, Francisco ha pedido trabajar por un mundo más justo, solidario y fraterno. Para ello, ha propuesto dos medidas: Un ingreso básico o salario universal y la reducción de la jornada laboral.
Así lo ha explicado el Pontífice este 16 de octubre a los representantes de los movimientos populares, reunidos en el encuentro organizado por el Dicasterio para el servicio del desarrollo humano integral.

Además, Francisco ha lanzado un fuerte llamamiento «a los poderosos del planeta» para que trabajen por un mundo más justo, solidario y fraterno. Ha pedido la cancelación de la deuda de los países pobres, la prohibición de las armas, el fin de las agresiones y las sanciones, y la liberalización de las patentes para que todo el mundo tenga acceso a las vacunas.

 

Mayor acceso a los puestos de trabajo

Tras exponer la situación que ha dejado la pandemia, el Papa ha concretado estas dos medidas. Respecto al ingreso básico o salario universal para que cualquier persona, Francisco ha explicado que es necesario que toda persona pueda acceder «a los más elementales bienes de la vida».

En esta «justa propuesta de distribución humana de los recursos» ha reclamado a los gobiernos «establecer esquemas fiscales y redistributivos» que sean equitativos, pero sin olvidar «que las grande fortunas de hoy son fruto del trabajo, la investigación científica, y la innovación técnica de miles de hombres y mujeres a lo largo de generaciones».

En segundo lugar, ha propuesto la reducción de la jornada laboral, que se necesita explorar «con cierta urgencia», para que haya un mayor acceso a puestos de trabajo. «No puede haber tantas personas agobiadas por el exceso de trabajo y tantas otras agobiadas por falta de trabajo», ha manifestado. Estas dos medidas se suman a otras que ha dialogado en encuentros anteriores y que «no resuelven el problema de fondo…, aunque “marcarían un camino positivo”».

Poetas sociales

Los movimientos populares y las personas a las que representan y ayudan son los que más han sufrido la pandemia. El Papa los llama «poetas sociales» por su «capacidad y coraje» para crear esperanza y dignidad.

Queridos poetas sociales, es una referencia explícita a la entrega de los militantes de los movimientos populares, creadores de esperanza «donde solo aparece descarte y exclusión» y sienten «como propio el dolor de los otros», que son hermanos de una misma humanidad. Les ha agradecido hacerle «parte del proceso histórico», y del «un diálogo que nace en las periferias» y que anhela tierra, techo y trabajo, «cuidado y comunidad».

Francisco ha querido sumarse a este diálogo para superar un mundo «ecocida y genocida» que esta pandemia ha hecho acrecentar “las desigualdades sociales que azotan nuestros pueblos” y transparentar “la desgarradora situación de tantos hermanos y hermanas, esa situación que tantos mecanismos de post-verdad no pudieron ocultar”.

El estrés de los jóvenes y la crisis alimentaria: los efectos ocultos del virus

Esta situación es tan evidente que no puede ser ocultada por «tantos mecanismos de post-verdad» y es también una expresión de la cultura de la indiferencia, como si «este tercio sufriente de nuestro mundo no reviste interés suficiente para los grandes medios y los formadores de opinión».

Un mundo que permanece “«scondido, acurrucado», como otros aspectos poco conocidos de la vida social que la pandemia ha empeorado. El estrés y la ansiedad crónicos de los niños, adolescentes y jóvenes, por ejemplo, agravados por el aislamiento y la falta de contacto real con los amigos. «La amistad es la forma en que el amor resurge siempre», ha recordado el Papa, de hecho, y aunque está claro que la tecnología puede ser una herramienta para el bien, «nunca podrá suplantar el contacto».

Los números del hambre son horrorosos, «y pienso, por ejemplo, en países como Siria, Haití, Congo, Senegal, Yemen, Sudán del Sur pero el hambre también se hace sentir en muchos otros países del mundo pobre y, no pocas veces, también en el mundo rico».

Cambiar el sistema económico

El Papa ha reiterado que nunca se sale igual de una crisis. De la pandemia «o se sale mejor o se sale peor, igual que antes, no». Por ello, para aprovechar una oportunidad de mejora es necesario «reflexionar, discernir y elegir» para no escuchar solamente «a las elites económicas» y convertirse «en servidores de los pueblos que claman por tierra, techo, trabajo y una vida buena».

Los samaritanos y el poder transformador de los pueblos

Los discursos populistas de intolerancia, xenofobia y aporofobia, ha continuado el Papa, son narrativas que conducen a la indiferencia y al individualismo, dividiendo a las personas para impedirles soñar juntas con un mundo mejor. En este desafío los movimientos populares actúan como «samaritanos colectivos». El buen samaritano, recuerda el Papa, lejos de ser ese «personaje bobeta» representado por «cierta industria cultural» que quiere «neutralizar la fuerza transformadora de los pueblos y en especial de la juventud», es en realidad la representación más clara de una opción comprometida con el Evangelio.

«¿Saben lo que me viene a la mente a mí ahora, junto a los movimientos populares, cuando pienso en el Buen Samaritano? ¿Saben lo que me viene a la mente? Las protestas por la muerte de George Floyd. Está claro que este tipo de reacciones contra la injusticia social, racial o machista pueden ser manipuladas o instrumentadas para maquinaciones políticas y cosas por el estilo; pero lo esencial es que ahí, en esa manifestación contra esa muerte, estaba el “samaritano colectivo” —¡que no era ningún bobeta! —. Ese movimiento no pasó de largo cuando vio la herida de la dignidad humana golpeada por semejante abuso de poder»

La Doctrina Social de la Iglesia molesta a muchos

El Papa Francisco ha propuesto algunos principios tradicionales de la Doctrina Social de la Iglesia, como la opción preferencial por los pobres, el destino universal de los bienes, la solidaridad, la subsidiariedad, la participación, el bien común, y ha recordado la importancia de escuchar a las periferias, el lugar desde donde «el mundo se ve más claro». «Hay que escuchar a las periferias, abrirle las puertas y permitirles participar». El sufrimiento del mundo «se entiende mejor junto a los que sufren».



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