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El Papa Francisco reza por los médicos y sacerdotes muertos por ayudar a los enfermos de coronavirus

En la misa de hoy en Santa Marta, el Papa ha pedido especialmente por el personal sanitario que atienden a los pacientes con coronavirus, poniendo sus vidas en riesgo. También por los sacerdotes que les acompañan en los hospitales y en sus casas, en los últimos momentos de sus vidas: «Recibí la noticia de que en estos días algunos médicos, sacerdotes, no sé si algunas enfermeras, se contagiaron, se llevaron el mal porque estaban sirviendo a los enfermos. Rezamos por ellos, por sus familias, y agradezco a Dios el ejemplo de heroicidad que nos dan en el sanar a los enfermos».

En su homilía, el Papa Francisco ha hablado de la enfermedad de nuestro corazón, como en enfermo de la piscina de Betsedá «que estaba enfermo en su alma, estaba enfermo de pesimismo, estaba enfermo de tristeza, estaba enfermo de pereza». La clave es el encuentro con Jesús después: «El hombre estaba en pecado, pero no estaba allí porque había hecho uno grande, no. El pecado de sobrevivir y lamentarse de la vida de los demás: el pecado de la tristeza que es la semilla del diablo, de esa incapacidad de tomar una decisión sobre la propia vida, pero sí, mirando la vida de los demás para lamentarse. No para criticarlos: para lamentarse».

La pereza «es un veneno», ha expresado el Papa, «es una niebla que rodea el alma y no la hace vivir. Y también es una droga porque si la pruebas a menudo, te gusta. Y terminas siendo un «triste-adicto», un «perezoso-adicto»… Es como el aire. Y este es un pecado bastante habitual entre nosotros: tristeza, pereza, no quiero decir melancolía, pero se acerca. Me hace pensar en tantos de nosotros, en tantos cristianos que viven este estado de pereza, incapaces de hacer nada, pero lamentándose de todo».

«Es un pecado muy habitual entre nosotros», ha insistido, en tanto que arrastra hacia «una vida gris de este espíritu malo» frente al agua, «que Jesús utiliza para regenerarnos en el bautismo».
«Si alguno de nosotros tiene el peligro de resbalar en este pecado de la neutralidad, ni blanco ni negro, no hemos de olvidar que es un pecado que el diablo puede utilizar para anular nuestra vida», advirtió el Papa que rezó para que «el Señor nos ayude a comprender cuan terrible y maligno es este pecado».

Finalmente, el Papa concluyó la celebración con la adoración y la bendición eucarística, invitando a hacer la comunión espiritual. Esta es la oración recitada por el Papa:

Jesús mío, creo que estás realmente presente en el Santísimo Sacramento del altar. Te amo por encima de todas las cosas y te deseo en mi alma. Ya que no puedo recibirte sacramentalmente ahora, ven al menos espiritualmente a mi corazón. Como ya venido, te abrazo y me uno a Ti. No permitas que nunca me separe de Ti.

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