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El Papa Francisco recibió a los consagrados de la diócesis de Roma

El Papa a los religiosos: “El convento no sea un refugio sino un campo de batalla”.
 
 El Santo Padre se encuentra con los consagrados de la diócesis de Roma. Les pide no enajenarse del mundo, ni siquiera si son monjas de clausura, e ir hacia las necesidades de la gente

Así como hay una maternidad biológica, también hay una maternidad espiritual, a la cual universalmente cada mujer está llamada. Lo indicó el papa Francisco este sábado al hablar del rol de las religiosas, llamadas a ser como una madre: sonrientes, amorosas, concretas e inspiradas a las beatitudes evangélicas. Fue durante la audiencia que el Papa tiene con los consagrados y consagradas de la diócesis de Roma.
Ningún religioso, ha explicado el Pontífice, ni siquiera las monjas de clausura pueden enajenarse del mundo, porque la vocación no es un refugio, sino un campo de batalla: la persona consagrada por lo tanto deberá tener siempre las ‘antenas levantadas’ para intuir los sufrimientos de los demás.
Las noticias por lo tanto pueden entrar en los conventos, desde que no sean de ‘medios charlatanes’, sino aquellas que indican “lo que sucede en el mundo, noticias de las guerras, enfermedades, lo que sufre la gente”.
Además, un religioso o religiosa tiene que abrir las puertas a todas las personas que las golpean, en sus monasterios y conventos, y regalarles una sonrisa a todos, rezando por los sacerdotes y los obispos, siguiendo el ejemplo de santa Teresita del Niño Jesús. “La sonrisa de las monjas sacia más a las personas que vienen que el pan que se les da”, comentó Francisco.
En la Iglesia, prosiguió el Papa respondiendo a la pregunta de una religiosa del Ordum Virginorum, la dimensión femenina es ‘de esposa’, y esto es muy importante, justamente porque la Iglesia se conjuga al femenino y las monjas son imagen de la Iglesia y de María. Una religiosa deberá ser por lo tanto como una madre: saber perdonar y evitar las críticas, perdonar a los hijos y no ‘despellejarlos’, contrariamente no es madre sino madrastra.
Francisco ha indicado también lo concreto del amor cristiano, cuyo parámetro, en particular para los consagrados es el de las beatitudes evangélicas, auténtico ‘protocolo sobre el cual seremos juzgados’. Por ello una monja “no puede darse el gusto de un amor en las nubes”.
A un misionero escalabriniano el Santo padre le ilustró el concepto de fiesta cristiana, no como ‘ruido o barullo’, sino como ‘categoría teológica’ o sea la alegría de recordar –como subraya el Deuteronomio en el capítulo 26– lo que el Señor ha hecho por nosotros.
Hablando del riesgo de que parroquias y congregaciones religiosas entren en competición, el Pontífice ha recordado la tarea del obispo, quien “no debe usar a los religiosos como ‘tapa agujeros’ así como los religiosos ‘no tienen que usar al obispo como si fuese el dueño de una empresa que da trabajo’.
La cuarta pregunta se refirió al concepto de obediencia para los religiosos, vista como un misterio que se encuentra en Jesús, quien “se ha encarnado por obediencia y se ha hecho hombre por obediencia, hasta la cruz y la muerte”. Porque la vocación –prosiguió el Papa– “no es un enrolamiento de gente que quiere hacer aquel camino” pero “es el don al corazón de una persona”, y que muchas veces “no es apreciado y valorizado en su identidad y particularidad”.
Sobre el rol del confesor y del director espiritual, Francisco ha insistido que las dos funciones tienen que ser diversas: al primero se le indican los pecados, al segundo lo que sucede en el corazón. Los directores espirituales tienen que ser bien formados en las ciencias humanas sin caer en el ‘psicologismo’, indicó.
Volviendo a hablar de las mujeres consagradas, el Santo Padre deseó que ellas cada vez más sean promovidas a los puestos de mando de la Iglesia, porque representan el 80 por ciento del total de los religiosos.  Precisó que lo importante no es tanto promover a las mujeres a ‘jefes de dicasterio’, sino mas bien ayudarles a expresar el ‘genio femenino’, porque al tratar los problemas una mujer llegará a una conclusión diversa respecto a un hombre, “en el mismo camino, pero más rico, más fuerte y con más intuición”.
Al concluir el encuentro el papa Francisco ha rendido homenaje a una monja de 97 años, de ‘ojos limpios’ y con “la sonrisa de mamá, de hermana y de abuela”.
Por Luca Marcolivio
Ciudad del Vaticano, 16 de mayo de 2015 (ZENIT.org)


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