El Papa Francisco recibe, en su 50 aniversario, a la Asociación laical Sígueme

El Papa Francisco recibe, en su 50 aniversario, a la Asociación laical Sígueme

El Papa Francisco recibió en audiencia este sábado 14 de marzo a la asociación laical ‘Sígueme’ coincidiendo con el 50 aniversario de su fundación, y les animó a vivir cada día descentrados en sí mismos, y a poner como su centro vital, a la Persona viva de Jesús.

Queridos hermanos y hermanas:

Os recibo con ocasión del L aniversario de la fundación de vuestra comunidad, la asociación seglar «Seguimi». Os saludo con afecto y doy las gracias al cardenal Vallini, que se ha hecho intérprete de vuestros sentimientos.
Como se ha recordado, esta asociación nació durante el Concilio Vaticano II, y  se inspiró precisamente en el magisterio conciliar para vivir «El Evangelio sin rebajas», como reza el título de una publicación vuestra. El gesto, simbólico e intensamente espiritual, de vuestros primeros miembros, consistente en partir de las catacumbas de San Calixto, da fe de esta voluntad, que habéis expresado en la fórmula estatutaria de vuestro programa de vida: «Jesucristo vivo está en el centro de “Seguimi”». Esto es muy bonito. Os animo a vivir con empeño cada día este programa, es decir a ser personas descentradas de sí mismas y a poner vuestro centro vital en la Persona viva de Jesús. Muchas veces, incluso en la Iglesia, pensamos que somos buenos cristianos porque hacemos obras sociales y de caridad bien organizadas. Está bien; son cosas buenas. Pero no debemos olvidar que la savia que lleva en sí la vida y que transforma los corazones es el Espíritu Santo, el Espíritu de Cristo. Dejad que él, el Señor, ocupe el centro de vuestro corazón y de vuestra actuación. Y precisamente permaneciendo unidos a él, como sarmientos a la vid (cf. Jn 15, 1-9), podéis ir hacia las periferias del mundo.

Vuestros fundadores trazaron a las primeras compañeras las líneas fundamentales de «Seguimi», recorriendo un camino nuevo configurado más allá de las formas clásicas de vida consagrada, y al que el Pontificio Consejo para los Laicos ha concedido la aprobación pontificia. El compromiso de los consejos evangélicos, en un contexto general de laicidad, queda absorbido por la única obligación fundamental de la fidelidad al amor del Padre, a Cristo y a su Evangelio; fidelidad a la acción del Espíritu Santo, que es amor y libertad; fidelidad  al pacto vocacional entre los miembros del grupo, pacto que os obligáis a no infringir. En «Seguimi», la fidelidad es percibida como máximo valor moral natural, al que os obligáis en conciencia para responder a la llamada de Dios, sin más vínculos jurídicos de origen positivo, convencidos de que, si la fidelidad se vive con autenticidad, no son necesarios otros vínculos. Por lo tanto, la vuestra es una forma de vida evangélica que hay que practicar en un contexto de laicidad y de libertad; un programa de vida cristiana para laicos, con objetivos claros y exigentes; una forma original de encarnar el Evangelio; una manera eficaz de caminar por el mundo. Las diferentes formas de pertenencia constituyen otras tantas modalidades de compromiso y de participación en los ideales de una comunidad única. Solteros y casados, cada uno en su estado de vida, se reúnen y comparten una experiencia enriquecedora de complementariedad.

Conservad y haced crecer esta comunión fraterna y el intercambio de dones, encaminados al crecimiento humano y cristiano de todos, junto con la creatividad, el optimismo, la alegría y el valor de ir –cuando ello es justo– a contracorriente. Velad por vuestro camino espiritual y ayudaos a practicar siempre la caridad recíproca, que significa defenderse del egoísmo individualista para ser testigos auténticos del Evangelio.

En vuestra calidad de laicos, sois personas inmersas en el mundo, y os comprometéis en el seno de las realidades terrenales al servicio del bien del hombre. Estáis llamados a impregnar de valores cristianos los ambientes en los que operáis con el testimonio y con la palabra, coincidiendo con las personas en sus situaciones concretas, para que tengan plena dignidad y se vean alcanzadas por la salvación en Cristo. Él es la plenitud para toda existencia humana: en efecto, al revelar el misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la sublimidad de su vocación (cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. past. Gaudium et spes, n. 22).

Os animo a ser laicos de primera fila, a sentiros parte activa en la misión de la Iglesia, a vivir vuestra secularidad dedicándoos a las actividades propias de la ciudad terrenal: la familia, las profesiones, la vida social en sus diferentes expresiones. Así podéis contribuir, como un fermento, a introducir el espíritu del Evangelio en los pliegues de la historia mediante el testimonio de la fe, de la esperanza y de la caridad.

Queridos amigos: Que «Seguimi» pueda ser cada vez más una forma de vida cristiana y de compromiso apostólico que promueva y eleve a sus miembros,  haciéndolos protagonistas, junto con los demás, de un mundo mejor.
Os bendigo de corazón y, por favor, no os olvidéis de rezar por mí.

(Original italiano procedente del archivo informático de la Santa Sede; traducción de ECCLESIA)

 

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