El Papa Francisco recibe a las hermanas Pías Discípulas del Divino Maestro

Sean profetas de esperanza, no de desventura. El Papa a las hermanas Pías Discípulas del Divino Maestro

Hermanas Pías Discípulas del Divino Maestro con el Papa – AFP

(RV, 22-5-2017).- El Santo Padre Francisco recibió a las participantes en el noveno Capítulo General de las Pías Discípulas del Divino Maestro, que se está llevando a cabo en Roma del 10 de abril al 28 de mayo con el tema “Vino nuevo en odres nuevos”. El 10 de mayo pasado, fue elegida la nueva Superiora General: se trata de Sor M. Micaela Monetti quien ejercerá su cargo durante el período 2017 – 2023.

A ellas el pontífice dio su bienvenida, y les deseó que este Capítulo General lleve abundantes frutos evangélicos en la vida del Instituto, y que, abiertas al Espíritu Santo, caminen en una comunión que respete la pluralidad, “cultivando la atención y la aceptación mutua; practicando la corrección fraterna y el respeto por las hermanas más débiles; creciendo en el espíritu de la convivencia; desterrando de las comunidades las  divisiones las envidias, los cotilleos; diciendo las cosas de forma abierta y con caridad”:

Frutos de comunión con los hermanos y hermanas de la Familia Paulina. Fueron los primeros frutos que deseó el Papa, es decir la comunión con quienes las religiosas comparten el padre fundador, el beato Santiago Alberione, y la misión de llevar el Evangelio.

Frutos de comunión con los otros carismas: esto porque “nadie construye el futuro aislándose, ni sólo con sus propias fuerzas”. Por eso las invitó a cultivar el diálogo y la comunión con los otros carismas, combatiendo todas las formas auto referencialidad: “Es muy feo cuando un consagrado o una consagrada es autorreferente, que está siempre mirándose al espejo, – les dijo. Es muy feo”.

Frutos de comunión con los hombres y mujeres de nuestro tiempo: “Nuestro Dios- afirmó Obispo de Roma-  es el Dios de la historia, y nuestra fe es una fe que actúa en la historia”. Por eso señaló la importancia de la apertura de la mente y del corazón para leer “en los interrogantes  y las expectativas de los hombres y mujeres de hoy, indicaciones importantes para nuestra secuela de Cristo.

Escuchar a las hermanas. Una actitud necesaria para un buen Capítulo y para una sana vida fraterna en comunidad, reiteró Francisco y las animó a que “no se cansen de ejercitarse constantemente en el  arte de la escucha y del compartir”.

El Capítulo General también es tiempo para renovar la docilidad al espíritu, lo cual significa ser audaces y humildes al mismo tiempo, apasionados de Dios y de la humanidad, para hacerse portavoz de Dios contra el mal y contra todo pecado, viviendo además, “la profecía de la alegría”. “En primer lugar está la profecía de la alegría: la alegría del Evangelio. Es una profecía. El mundo hoy la necesita”.

Una alegría que proviene, dijo Francisco, del sentirse amados, y porque amados, perdonados. Por eso las exhortó a “no disfrazar la alegría”: la alegría aleja “el cáncer de la resignación” que es fruto de la pereza que vuelve árida el alma. “Por favor, ¡nada de monjas resignadas!”

Profetas de esperanza, no de desventura: “¿Dónde está, oh cristianos, vuestra esperanza”. “Como consagrados sabemos que no podemos hacer oídos sordos a esa pregunta, – concluyó el Papa: no se unan a los profetas de desventura, que hacen tanto daño a la Iglesia y a la vida consagrada”. “Fortalezcan su vocación de centinelas del mañana,  con el fin de anunciar a los demás la llegada del amanecer”.

(Griselda Mutual – Radio Vaticano)

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