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El Papa Francisco no acudirá en persona a Guadalupe pero se une «a la peregrinación espiritual»

«Aunque no puedo acudir en persona, me uno a la peregrinación espiritual». Así ha respondido el Papa Francisco a través de carta, al arzobispo de Toledo y a los obispos de la provincia eclesiástica de Mérida-Badajoz, respondiendo a la invitación, que realizaban los arzobispos de Toledo y Mérida-Badajoz, junto al obispo de Plasencia y el administrador diocesano de Coria-Cáceres, para visitar el Real Monasterio de Santa María de Guadalupe con motivo del año jubilar guadalupense que se extiende hasta el mes de septiembre de 2022.

El Santo Padre afirma que «aunque no puedo acudir en persona, me uno a la peregrinación espiritual de muchos fieles que no han podido cumplir su deseo de acercarse al Santuario. Ellos, en su oración diaria y con el corazón, han recorrido ese itinerario espiritual que, por María, nos conduce a Jesús. Muchos han ido desgranando en las cuentas de su rosario las etapas del camino tantas veces transitado que nos lleva a ese hogar de María, que se vislumbra como casa de sanación».

Tres actitudes para caminar

El Papa expone, en su misiva, tres actitudes  «para caminar de la mano de nuestra Madre hacia la morada que nos espera:  La conversión, el abandono filial y llevar a Jesús al mundo».

En primer lugar, habla de la conversión. «Nuestra pequeñez ante el infinito amor de Jesús nos recuerda que debemos ponernos en camino». ¿Hacia donde? «Cada uno, en su situación, puede dirigir sus pasos al encuentro con Dios, en un sincero acto de arrepentimiento, en la confesión sacramental y en el peregrinaje físico o espiritual que nos lleva al encuentro con nuestro Salvador».

Una vez que el encuentro con Jesús se hace efectivo, «nuestros deseos más íntimos, nuestra oración, encuentra desahogo a los pies de la misericordia». Se trata del abandono filial que ha señalado el Santo Padre en segundo lugar. Entonces, «confesamos a Jesús como Señor de nuestras vidas, meditamos y contemplamos como María esa presencia que no nos puede ser arrebatada».

Pero este abandono filial, ha añadido el Papa, «no puede ser una evasión, sino un compromiso con la cruz que el Maestro nos propone, mostrando su carne todavía sufriente en la del hermano».

 

 



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