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El Papa Francisco instituye el ministerio laical de catequista: «Fidelidad al pasado y la responsabilidad por el presente»

«Fidelidad al pasado y la responsabilidad por el presente». Estas son son las condiciones indispensables «para que la Iglesia pueda llevar a cabo su misión en el mundo». Así lo ha descrito el Papa Francisco en el Motu proprio Antiquum ministerium —firmado ayer, 10 de mayo, memoria litúrgica de san Juan de Ávila, presbítero y doctor de la Iglesia— con el que instituye el ministerio laical de catequista.

«Es necesario reconocer la presencia de laicos y laicas que, en virtud del propio bautismo, se sienten llamados a colaborar en el servicio de la catequesis», explica el Pontífice en su carta apostólica donde subraya la importancia de «auténtico encuentro con las jóvenes generaciones», así como «la exigencia de metodologías e instrumentos creativos que hagan coherente el anuncio del Evangelio con la transformación misionera que la Iglesia ha emprendido».

Misión y compromiso

La misión y compromiso de los catequistas «ha conseguido que la fe fuese un apoyo válido para la existencia personal de cada ser humano» y  se ha tomado conciencia de que su tarea «es de suma importancia», además de necesaria para el «desarrollo de la comunidad cristiana».

Al mismo tiempo, los catequistas deben ser hombres y mujeres «de profunda fe y madurez humana»; deben participar activamente en la vida de la comunidad cristiana; deben ser capaces de «hospitalidad, generosidad y vida de comunión fraterna»; deben formarse desde el punto de vista bíblico, teológico, pastoral y pedagógico; deben tener una experiencia previa madura de catequesis; deben colaborar fielmente con los presbíteros y diáconos, y «estar animados por un verdadero entusiasmo apostólico».

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«Salir al encuentro de los muchos que esperan conocer la belleza, la bondad y la verdad de la fe cristiana»

Todavía hoy, continúa el Motu Proprio, «muchos catequistas capaces y tenaces» desempeñan una «misión insustituible en la transmisión y profundización de la fe que ha marcado la misión de la Iglesia», constituyendo «una fuente fecunda para toda la historia de la espiritualidad cristiana».

Por ello, el Papa exhorta a valorar a los laicos que colaboran en el servicio de la catequesis, saliendo al encuentro de «los muchos que esperan conocer la belleza, la bondad y la verdad de la fe cristiana». Para ello, «corresponde a los pastores —subraya Francisco— reconocer los ministerios laicales capaces de contribuir a la transformación de la sociedad mediante la penetración de los valores cristianos en el mundo social, político y económico».

Una llamada a ponerse al servicio pastoral de la transmisión de la fe «desde el primer anuncio hasta la preparación para los sacramentos de la iniciación cristiana, hasta la formación permanente». Pero todo esto sólo es posible «a través de la oración, el estudio y la participación directa en la vida de la comunidad», para que la identidad del catequista se desarrolle con «coherencia y responsabilidad».  Recibir el ministerio laical del catequista, de hecho, «da mayor énfasis al compromiso misionero propio de cada bautizado». Algo que Francisco destaca que «ha de realizarse de forma plenamente secular, sin caer en ninguna expresión de clericalización». 

Un Rito de Institución especial

El ministerio laical de catequista tiene también «un fuerte valor vocacional» porque «es un servicio estable prestado a la Iglesia local» que requiere «el debido discernimiento por parte del obispo» y un Rito de Institución especial que la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos publicará próximamente.

Por último, el Papa invita a las Conferencias Episcopales a «hacer efectivo el ministerio del catequista» estableciendo el proceso formativo y los criterios normativos necesarios para acceder a él, de forma coherente y en conformidad con el Motu proprio que puede ser acogido también, «en base a su derecho propio, por las Iglesias orientales».



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