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El Papa Francisco en su encuentro con Jerónimo II: «Donde está el Espíritu del Señor hay libertad»

El Papa Francisco, siguiendo con los actos programados durante su visita estos días a Grecia y Chipre, se ha encontrado con el arzobispo de la Iglesia ortodoxa de Grecia, Jerónimo II. El acto se ha celebrado en el Salón del Trono del Arzobispado de la Iglesia ortodoxa de Grecia.

Durante su intervención, el Papa Francisco ha expresado que «nuestro encuentro renueva esa gracia y esa paz. Rezando ante los trofeos de la Iglesia de Roma, que son las tumbas de los apóstoles y de los mártires, me he sentido impulsado a venir aquí como peregrino, con gran respeto y humildad, para renovar esa comunión apostólica y alimentar la caridad fraterna. En este sentido deseo agradecerle, Beatitud, por las palabras que me ha dirigido y que correspondo con afecto, saludando, por medio suyo, al clero, a las comunidades monásticas y a todos los fieles ortodoxos de Grecia».

Encuentro hace cinco años en Lesbos

«Hace cinco años nos encontramos en Lesbos, en la emergencia de uno de los dramas más grandes de nuestro tiempo, el de tantos hermanos y hermanas migrantes que no pueden ser dejados en la indiferencia y vistos sólo como una carga que hay que gestionar o, todavía peor, que hay que delegar a otro. Ahora volvemos a encontrarnos para compartir la alegría de la fraternidad y mirar al Mediterráneo que nos rodea no sólo como un lugar que preocupa y divide, sino también como un mar que nos une».

El Espíritu Santo es, sobre todo, aceite de comunión

«En la Escritura se habla del aceite que hace brillar el rostro del hombre (cf. Sal 104,15). Cuánto se necesita hoy reconocer el valor único que resplandece en todo hombre, en cada hermano. Reconocer esta característica común de la humanidad es el punto de partida para edificar la comunión. El Espíritu que se derrama en las mentes nos impulsa en efecto a una fraternidad más intensa, a estructurarnos en la comunión. Por eso, no nos tengamos miedo, ayudémonos a adorar a Dios y a servir al prójimo, sin hacer proselitismo y respetando plenamente la libertad de los demás, porque —como escribió san Pablo— “donde está el Espíritu del Señor hay libertad”».

Francisco ha finalizado su intervención afirmando «que venga sobre nosotros el Espíritu del Crucificado Resucitado, que nos conceda «una sosegada y limpia mirada de verdad, vivificada por la misericordia divina, capaz de liberar los espíritus y suscitar en cada uno una renovada disponibilidad» (ibíd.); que nos ayude a no quedarnos paralizados por la negatividad y los prejuicios del pasado, sino a mirar la realidad con ojos nuevos. Entonces, las tribulaciones de ayer dejarán espacio a las consolaciones del presente, y seremos confortados por tesoros de gracia que redescubriremos en los hermanos. Como católicos, acabamos de comenzar un itinerario para profundizar la sinodalidad y sentimos que tenemos que aprender mucho de ustedes; lo deseamos con sinceridad. Es verdad que, cuando los hermanos en la fe se acercan, se derrama en los corazones el consuelo del Espíritu».



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