Santa Sede

El Papa Francisco en el monasterio San Antonio abad

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El Papa Francisco en el monasterio San Antonio abad.  María es el icono más expresivo de la esperanza cristiana

El Papa visitó el jueves por la tarde el monasterio de San Antonio abad de las monjas benedictinas camaldulenses en la colina romana del Aventino, con motivo de la Jornada de la Vida Contemplativa y del Año de la Fe que está a punto de concluir. El Obispo de Roma fue recibido por la abadesa, sor Michella Porcellato y entró en la iglesia donde lo esperaban las 21 monjas de la comunidad. Allí presidió las vísperas, según el rito camaldulense y después de una breve adoración eucarística, pronunció una meditación de la que publicamos amplios extractos.

“María es la madre de la esperanza, el icono más expresivo de la esperanza cristiana. Su vida entera es un conjunto de actitudes de esperanza, empezando por el “sí” de la Anunciación… Después en Belén, donde el que había sido anunciado como el Salvador de Israel y como el Mesías nace en la pobreza. Luego, mientras se encuentra en Jerusalén para presentarlo en el templo y, mezclada a la alegría de los ancianos Simón y Ana, está la promesa de una espada que le atravesaría el corazón y la profecía de un signo de contradicción”.

 

“María se da cuenta de que la misión y la misma identidad de ese Hijo, superan su ser madre… Y, no obstante, frente a estas dificultades y sorpresas del proyecto de Dios, la esperanza de la Virgen no vacila jamás. ¡Mujer de esperanza!. Esto nos dice que la esperanza se nutre de escucha, de contemplación, de paciencia para que los tiempos del Señor maduren…Con el principio de la vida pública, Jesús se convierte en el Maestro y el Mesías…y se convierte cada vez más en el signo de contradicción que el anciano Simeón había anunciado. Al pie de la cruz, es mujer del dolor y, al mismo tiempo, de la vigilante espera de un misterio más grande del dolor, que está por cumplirse. Parece que todo se hubiera acabado, todas las esperanzas extinguidas. Ella también, en aquel momento, recordando las promesas de la anunciación, habría podido decir: no se han cumplido, me han engañado. Pero no lo ha dicho. Bienaventurada porque ha creído, porque de su fe ve brotar el futuro nuevo y aguarda con esperanza el mañana de Dios”.

“A veces pienso.¿Sabemos esperar el mañana de Dios? ¿O queremos el hoy?. El mañana de Dios es, para ella, el alba de la mañana de Pascua…La única lámpara encendida en el sepulcro de Jesús es la esperanza de la madre, que en ese momento es la esperanza de toda la humanidad. Os pregunto a vosotras y a mí mismo: “¿En los monasterios todavía está encendida esa lámpara? ¿En los monasterios se espera el mañana de Dios?”.

“En María, presente en cada momento de la historia de la salvación vemos un testimonio de esperanza sólida. Ella,madre de esperanza, nos sostiene en los momentos de oscuridad, de dificultad, de desconsuelo, de aparente fracaso o de verdadero fracaso humano”.

Ciudad del Vaticano, 22 noviembre 2013 (VIS).-

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