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El Papa Francisco concluye su viaje a Eslovaquia con una invitación: «Ante Jesús no se puede permanecer tibio»

El santuario Nacional Mariano de Šaštín ha acogido esta mañana la Eucaristía con la que el Papa Francisco concluye su Viaje Apostólico a Eslovaquia. En el día de la patrona de Eslovaquia, la Virgen de los 7 dolores, el Papa ha puesto a María «como modelo de fe» a la vez que ha asegurado que «ante Jesús no se puede permanecer tibio».

«La Virgen es modelo de la fe de este pueblo eslovaco, una fe que se pone en camino, animada siempre por una devoción sencilla y sincera, peregrinando siempre en busca del Señor. Y, caminando —ha asegurado— ustedes vencen la tentación de una fe estática, que se contenta con cualquier rito o tradición antigua, y en cambio salen de ustedes mismos, llevan en la mochila las alegrías y los dolores, y hacen de la vida una peregrinación de amor hacia Dios y los hermanos».

El Pontífice ha asegurado que «en María estamos llamados a no reducir la fe a azúcar que endulza la vida. Jesús es signo de contradicción. Ha venido para llevar luz donde hay tinieblas, haciéndolas salir al descubierto y obligándolas a rendirse. Por eso las tinieblas luchan siempre contra Él. Quien acoge a Cristo y se abre a Él resurge, quien lo rechaza se cierra en la oscuridad y se arruina a sí mismo».

Asimismo, durante su alocución el Papa se ha dirigido a los obispos allí presentes para pedirles ser profetas. «También Eslovaquia necesita profetas… Ustedes, obispos, profetas que sigan en este camino. No se trata de ser hostiles al mundo, sino «signos de contradicción en el mundo. Cristianos que saben mostrar con su vida la belleza del Evangelio, que son tejedores de diálogo allí donde las posiciones se endurecen, que hacen resplandecer la vida fraterna allí donde a menudo en la sociedad hay división y hostilidad, que difunden el buen perfume de la acogida y de la solidaridad allí donde los egoísmos personales, los egoísmos colectivos predominan con frecuencia, que protegen y cuidan la vida donde reinan lógicas de muerte».

Una fe profética

El Papa ha subrayado que la fe de María es una fe profética. «Con su misma vida, la joven de Nazaret es profecía de la obra de Dios en la historia, de su obrar misericordioso que invierte la lógica del mundo, elevando a los humildes y dispersando a los soberbios».

El Papa finalizó su homilía implorando: «que María Santísima les obtenga la gracia de que vuestra fe siempre siga en camino, tenga el respiro de la profecía y sea rica de compasión».



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