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El Papa envía un vídeo mensaje a los enfermos del Hospital Gemelli

Solo en Dios está nuestra fuerza

Videomensaje del Papa Francisco a los enfermos de la Policlínica Universitaria «Agostino Gemelli» de Roma (13-7-2014)

Hemos iniciado el período estival: muchos salen en busca de un poco de descanso; las vacaciones pueden ser un momento en el que tenemos también la oportunidad de estar en compañía de Jesús durante un tiempo más prolongado o releyendo algunas páginas del Evangelio, descansando. Pero el verano se convierte también en un tiempo difícil, sobre todo para los ancianos y para los enfermos, que se quedan más solos y que encuentran más dificultades para beneficiarse de algunos servicios, sobre todo en las grandes ciudades. Así, el tiempo del descanso es también el tiempo en el que las dificultades de la vida parecen agudizarse más todavía.
Permitid que mi pensamiento vaya, desde luego, a todos los enfermos, pero de especial manera a los de la «Gemelli», que el 27 de junio, fiesta del Sagrado Corazón, me esperaban. Sé que todo estaba preparado con entusiasmo y pasión, también para recordar el quincuagésimo aniversario de la inauguración en Roma de la Policlínica Universitaria «Agostino Gemelli», anexa a la Facultad de Medicina y Cirugía. Todo estaba preparado; es más: como pudisteis ver, mis más estrechos colaboradores se encontraban ya en la «Gemelli», pero pocos minutos antes de salir, un fuerte dolor de cabeza que me aquejaba desde la mañana y que esperaba se me pasara, fue recrudeciéndose, y a ello se le añadió también náusea, y así las cosas… no pude acudir.
Comprendo el pesar no solo de los responsables, sino también de todos los que trabajaron con tanto esfuerzo y pasión. Comprendo, sobre todo, la desilusión de los enfermos, que ya estaban preparados para poder rezar juntos durante la santa misa, y a quienes habría querido saludar personalmente.
Pienso precisamente en vosotros, los enfermos, asistidos con amor y profesionalidad por el personal médico y paramédico de la «Gemelli»: cultivad en la oración el gusto por las cosas de Dios, sed testigos de que solo en Dios está vuestra fuerza. Vosotros, los enfermos, que experimentáis la fragilidad del cuerpo, podéis testimoniar con fuerza, a las personas que os rodean, que el bien precioso de la vida es el Evangelio, el amor misericordioso del Padre, y no el dinero o el poder. Y es que ni siquiera una persona importante según las lógicas del mundo puede añadir un solo día a su vida.
Doy las gracias de corazón también a todo el personal administrativo y a los miles de personas que acudieron a la «Gemelli» procedentes de las sedes italianas de la Universidad Católica: Milán, Brescia, Piacenza-Cremona. Vaya para todas esas personas mi agradecimiento personal, y sabed que conozco cuánta dedicación y cuánta pasión ponéis en vuestra labor. Un saludo cordial al presidente del Instituto Toniolo, el cardenal Scola, y al consiliario general de la Universidad Católica, monseñor Claudio Giuliodori.
Sabed que tuve gran deseo de reunirme con vosotros, pero, como bien conocéis, no somos dueños de nuestra vida, y no podemos disponer de ella a nuestro antojo. Hemos de aceptar sus fragilidades. Cultivad conmigo la confianza en que solo en Dios está nuestra fuerza. Os encomiendo a María, y vosotros seguid rezando por mí, porque lo necesito.

(Original italiano procedente del archivo informático de la Santa Sede; traducción de ECCLESIA)

 



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