Papa Francisco

El Papa en Sicilia (4): Encuentro con el clero, los religiosos y los seminaristas

El Papa en Sicilia (4): Encuentro con el clero, los religiosos y los seminaristas

El Papa: que la religiosidad popular no sea instrumentalizada

“Les pido que vigilen atentamente, para que la religiosidad popular no sea instrumentalizada por la presencia mafiosa, porque entonces, en vez de ser medio de adoración afectuosa, se convierte en vehículo de ostentación corrupta”

Lo dijo Francisco al clero, religiosos y seminaristas en la catedral de Palermo. Después del almuerzo, el Papa se dirigió en forma privada a la parroquia de san Gaetano en el barrio Brancaccio, y a la casa del Beato Pino Puglisi.

“Pidámosle a Dios de ser portadores sanos del Evangelio, capaces de perdonar de corazón, amar a los enemigos y orar por quien nos hace mal”. El gimnasio donde entrenarse para ser hombres de perdón es el seminario antes, y el presbiterio después. Y para los consagrados es la comunidad. Allí, dijo el Papa, va alimentado el deseo de unir, según Dios, no de dividir, según el diablo. Allí van aceptados los hermanos y hermanas, allí el Señor llama cada adía a trabajar para superar las divergencias. Y esto es parte constitutiva del ser sacerdotes y consagrados. No es un accidente, pertenece a la sustancia.

El Pontífice recordó que meter cizaña, provocar divisiones, hablar mal, chismear, non son pecadillos que todos hacen, es negar nuestra identidad de sacerdotes: hombres de perdón, y de consagrados: hombres de comunión. Siempre el error debe distinguirse de quien lo comete, siempre deben ser amados y esperados el hermano y la hermana. Pensamos en Don Pino que siempre estaba disponible para todos y los esperaba con corazón abierto, incluso los malvivientes.

Tres aspectos del sacerdocio de Puglisi

Con el clero y seminaristas el Pontífice quiso compartir tres aspectos básicos del sacerdocio de Puglisi, quien no fue un cura, sino un verdadero cura.

El primer aspecto es celebrar: las palabras del memorial: “Tomen y coman todos de él, porque esto es mi Cuerpo, que será entregado por ustedes. Estas palabras, les dijo, no debe permanecer en el altar, sino que deben entrar en la vida, deben ser nuestro programa de vida cotidiana. No debemos decirlas solamente de persona. Debemos vivirlas de persona.

Estas palabras delinean nuestra identidad: nos recuerdan que el sacerdote es el hombre del don, del don de sí mismo, cada día, sin vacaciones, sin detenerse. Porque la nuestra, les dijo, refiriéndose a cada uno, no es una profesión, si no, más bien una donación, no es un trabajo es una misión. Cada día podemos hacer el examen de conciencia sólo sobre estas palabras, “Tomen y coman todos de él, porque esto es mi Cuerpo, que será entregado por ustedes”. Y preguntarnos, ¿hoy he dado la vida por amor al Señor?¿me he dejado comer por los hermanos? Don Pino vivió así; el epílogo de su vida fue la lógica consecuencia de la misa que celebraba cada día.

Hay una segunda fórmula sacramental en la vida del sacerdote: “yo te absuelvo de tus pecados». Aquí dice el Papa existe la alegría de donar el perdón de Dios. Pero aquí el cura, hombre de don, se descubre también como hombre de perdón. En efecto, las palabras de la reconciliación no dicen solamente lo que pasa cuando actuamos de persona, sino que nos indica también como actuar según Cristo.

Yo te absuelvo: el sacerdote, hombre de perdón, está llamado a encarnar estas palabras. El cura, no es rencoroso, no hace pesar lo que no recibió, no hace el mal por el mal. No, el sacerdote es portador de la paz de Jesús: benévolo, misericordioso, capaz de perdonar a los demás como Dios los perdona. Lleva concordia donde hay división, armonía donde hay discusión, serenidad donde hay animosidad. Es ministro de reconciliación todo el tiempo. Administra el perdón y la paz, no sólo en el confesional, sino por todos lados.

Que la liturgia sea vida no sólo ritual

El verbo celebrar se debe conjugar en la vida, como sacerdote, hombre del don y del perdón. Vida y liturgia no pueden ir en carriles diferentes, el sacerdote es hombre de Dios las 24 horas, no es un hombre sacro cuando viste los paramentos. Que la liturgia sea para ustedes vida y no se quede como ritual. Por esto es fundamental orar con Aquel que siempre hablamos, nutrirnos de la Palabra que predicamos, adorar el pan que consagramos y hacer cada día. Oración, palabra y Pan, o mejor dicho en italiano: Preghiera, Parola e Pane. Que el padre Pino Puglisi, llamado las 3p, nos ayude a recordar estas tres p esenciales para cada sacerdote: preghiera, Parola, Pane.

El Papa habló también sobre la piedad popular muy difundidas en estas tierras. Es un tesoro que se aprecia y se custodia, porque tiene en sí mismo una fuerza evangelizadora, pero el protagonista debe ser siempre el Espíritu Santo.

Un segundo verbo: acompañar

Les propongo un segundo verbo: acompañar. Es la clave dijo de ser pastores hoy. Es necesario tener ministros que encarnen la cercanía del Buen Pastor, de sacerdotes que sean iconos vivientes de proximidad: pobres de bienes y de proclamaciones, ricos de relaciones y comprensión. Y pensando aún más a la figura de don Puglisi, dijo que más que hablar de jóvenes hablaba con los jóvenes. Estar con ellos seguirlos, hacer que brotasen en ellos preguntas verdaderas y respuestas más bellas. Es una misión que nace de la paciencia, de la escucha acogedora, del tener un corazón de padre y nunca de dueño, de patrón. Así es la pastoral, con paciencia y dedicación, “por Cristo todo el tiempo”.

Aprendamos de él a rechazar toda espiritualidad desencarnada y a ensuciarnos las manos con problemas de la gente. Encontremos a las personas con la sencillez de quien las ama con Jesús en el corazón, sin proyectos faraónicos, sin ir a la moda del momento. El camino del encuentro, de la escucha, del compartir es el camino de la Iglesia. Crecer juntos en parroquia, seguir los caminos delos jóvenes en la escuela, acompañar de cerca las vocaciones, las familias, los enfermos, crear lugares de encuentro donde orar, reflexionar, jugar, pasar el tiempo en manera sana y aprender a ser buenos cristianos y ciudadanos honestos. Esta es la pastoral que genera el sacerdote.

Quiero decirles a las religiosas, que su misión es grande, les dijo porque la Iglesia es madre y su modo de acompañar debe tener siempre un tratamiento materno. Entonces es importante que estén involucradas en la pastoral para revelar el rostro de la Iglesia madre. Quisiera agradecer a las contemplativas, que, con la oración y con el don total de la vida, dijo el Papa, son el corazón de la Iglesia madre y pulsan en el Cuerpo de Cristo el amor que todo lo une.

El testimoniar es contagioso

El último verbo, que en realidad es lo primero que hay que hacer dijo el Papa, es testimoniar. Y nos toca a todos, pero vale en particular para quien vive la vida religiosa, que es ya de por sí, testimonio y profecía del Señor en el mundo.

Al recordar cómo vivía el padre Puglisi, en una sencillez genuina, el Papa dijo que es el signo elocuente de una vida consagrada al señor, que no busca consolaciones y glorias del mundo. Y esto es lo que la gente busca en un sacerdote y en los consagrados. La vida habla más que las palabras, el testimonio contagia.

No queremos religiosos altaneros, arrogantes o prepotentes

Por último, Francisco, ante don Pino, pide la gracia de vivir el Evangelio como él lo vivió: a la luz del sol, en medio de su gente, rico sólo del amor de Dios. Servir en la sencillez. Esto dijo el Papa significa ser ministros: no desarrollar funciones, sino que servir con alegría, sin depender de las cosas que pasan y sin apegarse a los poderes del mundo. La Iglesia no está encima del mundo, sino que dentro del mundo, para hacerlo fermentar como levadura para la pasta. Por tanto, está prohibida toda forma de clericalismo, no queremos en ustedes ciudadanos altaneros, arrogantes o prepotentes.

Para ser testimonios creíbles se recuerda que antes de ser sacerdotes somos diáconos, antes de ser ministros sacros, somos hermanos de todos. Incluso el arribismo y el “familismo” son enemigos que deben ser expulsados, porque su lógica es la del poder, y el sacerdote no es un hombre de poder, sino de servicio. Testimoniar quiere decir escapar de la doble vida, en el seminario, en la vida religiosa y en el sacerdocio. No se puede vivir una doble moral, una para el pueblo de Dios y otra en casa propia. El testimonio de Jesús pertenece siempre a él, y por amor suyo emprende una batalla cotidiana contra sus vicios y contra toda mundanidad alienante.

Patricia Ynestroza-Ciudad del Vaticano, Vatican News, 15-9-2018

 

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