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El Papa en la audiencia general: «Mansedumbre, paciencia, oración y cercanía»

«Caminar según el Espíritu Santo». Éste ha sido el tema sobre el que el Papa Francisco ha centrado su catequesis de hoy, una catequesis en la que el Pontífice ha continuado con las enseñanzas del apóstol san Pablo a los Gálatas, y en la que ha asegurado que «caminar según el Espíritu no es solo una acción individual, sino que afecta a la comunidad en su conjunto», algo para lo que se necesita «mansedumbre, paciencia, oración y cercanía».

Durante la audiencia general, el Pontífice ha indicado que «recorriendo este camino, el cristiano adquiere una visión positiva de la vida. Esto no significa que el mal presente en el mundo haya desaparecido, o que hayan desaparecido los impulsos negativos del egoísmo y el orgullo; más bien quiere decir que creer en Dios es siempre más fuerte que nuestras resistencias y más grande que nuestros pecados».

Por ello, Francisco ha explicado que «la regla suprema de la corrección fraterna es el amor: querer el bien de nuestros hermanos y de nuestras hermanas. Se trata de tolerar los problemas de los otros, los defectos de los otros en silencio en la oración, para después encontrar el camino adecuado para ayudarlo a corregirse. Y esto no es fácil. El camino más fácil es el del chismorreo. Despellejar al otro como si yo fuera perfecto. Y esto no se debe hacer»

En este sentido, Francisco ha insistido en que «las “apetencias de la carne” es decir las envidias, los prejuicios, las hipocresías, los rencores, se siguen sintiendo, y recurrir a una rigidez preceptiva puede ser una tentación fácil, pero al hacerlo uno se saldría del camino de la libertad». «Cuando tenemos la tentación de juzgar mal a los otros, como sucede a menudo, debemos sobre todo reflexionar sobre nuestra fragilidad. ¡Qué fácil es criticar a los otros!» y ha invitado a los fieles a preguntarse «qué nos impulsa a corregir a un hermano o a una hermana, y si no somos de alguna manera corresponsables de su error».

Por todo ello, ha recordado que «el Espíritu Santo, además de donarnos la mansedumbre, nos invita a la solidaridad, a llevar los pesos de los otros. ¡Cuántos pesos están presentes en la vida de una persona: la enfermedad, la falta de trabajo, la soledad, el dolor…! ¡Y cuántas otras pruebas que requieren la cercanía y el amor de los hermanos!», ha concluido.



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