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El Papa, en el encuentro interreligioso de Ur: «Los creyentes no podemos callar cuando el terrorismo abusa de la religión»
Momento del encuentro interreligioso de Ur / Vatican Media.
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El Papa, en el encuentro interreligioso de Ur: «Los creyentes no podemos callar cuando el terrorismo abusa de la religión»

Importante discurso el pronunciado por el Papa Francisco en la mañana de este sábado 6 de marzo en Ur de Caldea, cuna de la civilización sumeria y «lugar bendito» para las tres religiones monoteístas (cristianismo, judaísmo e islam), pues desde allí partió Abrahán en su largo caminar hacia la tierra prometida. En el encuentro que ha mantenido con los representantes de las religiones presentes en Irak, el Santo Padre ha llamado a los creyentes en Dios a no permanecer callados «cuando el terrorismo abusa de la religión». Y ha invitado a «dar pasos concretos», a «hacer juntos algo bueno y concreto» en aras de la fraternidad y la paz en el mundo.

Francisco ha llegado a los restos de la antigua ciudad sumeria a las 11.00 de la mañana hora española procedente de Nayaf, donde a primera hora ha realizado una «visita de cortesía» al gran ayatolá Alí Al-Sistani, máxima autoridad del islam chiíta iraquí. Conocida hoy como Tell al-Muqayyar («colina de brea»), las ruinas de la otrora magnífica urbe se localizan a unos 24 kilómetros de Nasiriya, al sur del país, en pleno desierto. El encuentro interreligioso ha tenido lugar en un escenario levantado junto al simbólico lugar en un día ventoso que ha dificultado el acto.

Tras escuchar diversos testimonios del sufrimiento que se ha vivido en esta tierra —han tomado la palabra un joven cristiano, otro musulmán, un profesor de universidad chiíta y una representante de la comunidad sabea mandea—, Francisco ha hecho llegar a los presentes, y al mundo entero, un nuevo llamamiento a la fraternidad y a la paz universal. «Desde este lugar que es fuente de fe, desde la tierra de nuestro padre Abrahán, afirmamos que Dios es misericordioso y que la ofensa más blasfema es profanar su nombre odiando al hermano», ha proclamado. «Hostilidad, extremismo y violencia no nacen de un espíritu religioso; son traiciones a la religión. Y nosotros creyentes no podemos callar cuando el terrorismo abusa de la religión. Es más, nos corresponde a nosotros resolver con claridad los malentendidos».

El Papa ha recordado que en Irak han sufrido todas las comunidades étnicas y religiosas, y ha añadido que continúa rezando por todas las víctimas y por quienes «todavía se encuentran desaparecidos y secuestrados». En este sentido, y como ya hiciera ayer en su discurso antes las autoridades políticas en el palacio presidencial, ha vuelto a recordar expresamente a la comunidad yazidí, que —ha afirmado— «ha visto a miles de mujeres, jóvenes y niños raptados y vendidos como esclavos». También ha hecho un llamamiento para que «en todas partes se respete la libertad de conciencia y la libertad religiosa» que —ha recordado— son «derechos fundamentales». En Irak, como en tantos países musulmanes, la legislación castiga severamente la apostasía y la conversión a otra religión.

Vista aérea del lugar donde se ha celebrado el encuentro interreligioso, junto a las ruinas de Ur.

«Nos necesitamos unos a otros»

Francisco ha invitado a los creyentes de todas las religiones a salir de «nuestros grupos» y a ver a los demás como hermanos. Todos «nos necesitamos unos a otros», ha dicho, y más aún en este tiempo de pandemia, de calentamiento global, de migraciones masivas…

«En las tempestades que estamos atravesando —ha advertido— no nos salvará el aislamiento, no nos salvará la carrera para reforzar los armamentos y para construir muros, al contrario, nos hará cada vez más distantes e irritados. No nos salvará la idolatría del dinero, que encierra a la gente en sí misma y provoca abismos de desigualdad que hunden a la humanidad. No nos salvará el consumismo, que anestesia la mente y paraliza el corazón».

Para el Papa, las claves de la paz siguen siendo la fraternidad, la acogida del otro, y la justicia. «No habrá paz —ha insistido— sin compartir y acoger, sin una justicia que asegure equidad y promoción para todos, comenzando por los más débiles. No habrá paz sin pueblos que tiendan la mano a otros pueblos. No habrá paz mientras los demás sean ellos y no parte de un nosotros. No habrá paz mientras las alianzas sean contra alguno, porque las alianzas de unos contra otros sólo aumentan las divisiones. La paz no exige vencedores ni vencidos, sino hermanos y hermanas que, a pesar de las incomprensiones y las heridas del pasado, se encaminan del conflicto a la unidad».

El primer paso hacia la paz, «la renuncia a tener enemigos»

Y el primer paso en el camino hacia la paz es «la renuncia a tener enemigos», ha asegurado. El Papa apela a la responsabilidad de las religiones y pide a los creyentes de todas ellas que trabajen para convertir «los instrumentos de odio en instrumentos de paz». «Nos toca a nosotros exhortar con fuerza a los responsables de las naciones para que la creciente proliferación de armas ceda el paso a la distribución de alimentos para todos», ha dicho. Nos corresponde a nosotros proteger nuestra casa común y recordar al mundo que una persona «vale por lo que es y no por lo que tiene». «La vida de los niños por nacer, ancianos, migrantes, hombres y mujeres de todo color y nacionalidad siempre son sagradas y cuentan como las de todos los demás», ha rematado.

A la conclusión del acto, «los hijos de Abrahán» han rezado juntos una oración en la que se pide a Dios la apertura de los corazones para el perdón recíproco, por la reconciliación, por las víctimas de la guerra y de todas las guerras y por e y el cuidado de la casa común.

Francisco ha regresado ya a Bagdad, donde a las cuatro de la tarde hora española celebra la Eucaristía en la catedral caldea de San José.



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