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El Papa en el Ángelus: «No rechacemos la llamada de Dios»

Dios nos llama «a darnos a nosotros mismos en el camino del matrimonio, en el del sacerdocio o en el de la vida consagrada». Así ha explicado el Papa Francisco las maneras diferentes de realizar el proyecto que Dios tiene para cada uno de nosotros, durante el rezo del Ángelus de este domingo 17 de enero, una vez más, sin público debido a las consecuencias derivadas de la pandemia del coronavirus.

Francisco ha explicado que esa llamada es «siempre un plan de amor. Y la alegría más grande para cada creyente es responder a esta llamada, a entregarse completamente al servicio de Dios y de sus hermanos». De la misma forma, el Santo Padre ha puntualizado que frente a la llamada del Señor, «que puede llegar a nosotros de mil maneras, también a través de personas, de acontecimientos, tanto alegres como tristes», nuestra actitud a veces puede ser de rechazo, «porque nos parece que contrasta con nuestras aspiraciones; o de miedo, porque la consideramos demasiado exigente e incómoda».

Respondamos a Dios solo con amor

Francisco ha insistido en que la llamada de Dios es amor, «y a ella se responde solo con amor». Al principio hay un encuentro, «precisamente, el encuentro con Jesús, que nos habla del Padre, nos da a conocer su amor». Y entonces, espontáneamente, «brota también en nosotros el deseo de comunicarlo a las personas que amamos: “He encontrado el Amor, he encontrado el sentido de mi vida. En una palabra: He encontrado a Dios”», ha expresado el Papa.

«Venid y lo veréis»

Desde la Biblioteca del Palacio Apostólico del Vaticano, Francisco ha reflexionado sobre el pasaje del Evangelio que narra el encuentro de Jesús con sus primeros discípulos en el río Jordán, el día después de haber sido bautizado, el Santo Padre ha recordado que es precisamente Juan Bautista el que señala el Mesías a dos de ellos con estas palabras: «¡He ahí el Cordero de Dios!». Y aquellos dos, fiándose del testimonio del Bautista, siguen a Jesús que se da cuenta y dice: «¿Qué buscáis?» y ellos le preguntan: «Maestro, ¿dónde vives?», a lo que Jesús no contesta: «Venid y lo veréis».
En este sentido, el Pontífice ha señalado que las palabras del Señor «no son una tarjeta de visita, sino la invitación a un encuentro». Los dos hombres, que resultarían ser Andrés y su hermano Simón, lo siguen y se quedan con él esa tarde, hablando, «advirtiendo la belleza de palabras que responden a su esperanza cada vez más grande».Tras este encuentro, ambos regresan ante sus hermanos y recocen «desbordando de alegría, que han encontrado al Mesías».
De esta forma, el papa ha reflexionado en que cada llamada de Dios es una iniciativa de su amor. «Dios llama a la vida, llama a la fe, y llama a un estado de vida particular. La primera llamada de Dios es a la vida; con ella nos constituye como personas; es una llamada individual, porque Dios no hace las cosas en serie. Después Dios nos llama a la fe y a formar parte de su familia, como hijos de Dios».



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