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El Papa, en el Ángelus de hoy: «Jesús se deja tocar por nuestro dolor y con amor sana la vida»

Esta mañana, durante el Ángelus el Papa Francisco reflexionó sobre dos momentos que presenta el Evangelio de hoy y que muestran a Jesús venciendo la muerte y la enfermedad mediante el amor, que es capaz de sanar la vida. El Santo Padre recordó que la peor enfermedad no es la pandemia, sino la falta de amor. Por ello, exhortó a todos a dejar que Jesús «mire nuestros corazones y lo sane», abandonando las apariencias y los prejuicios, saliendo al encuentro de los hermanos marginados.

Asomado desde la ventana del Palacio Apostólico del Vaticano, junto a los fieles reunidos en la plaza de San Pedro, reflexionó sobre la lectura del Evangelio dominical (cf. Mc 5, 21-43) y analizó el momento en el que Jesús «se tropieza con nuestras dos situaciones más dramáticas», la muerte y la enfermedad. De ellas —añadió Francisco— libera a dos personas: una niña, que muere justo cuando su padre ha ido a pedir ayuda a Jesús; y una mujer, que desde hace muchos años tiene flujo de sangre, lo cual en aquella época la convertía en una mujer «impura».

Dos signos de curación

En este sentido, el Papa explicó que Jesús «se deja tocar por nuestro dolor y nuestra muerte, y obra dos signos de curación para decirnos que ni el dolor ni la muerte tienen la última palabra. Nos dice que la muerte no es el final. Vence a este enemigo, del que solos no podemos liberarnos».

Centrándose en la curación de la mujer, especialmente en este momento en que la enfermedad sigue ocupando el centro de las noticias en el marco de la pandemia, el Pontífice subrayó que la peor enfermedad de la vida «es la falta de amor, es no poder amar», algo de lo que seguramente sufría al ser marginada socialmente y tener su corazón herido.

«El amor no se compra»

Por ello, Francisco hizo hincapié en que todos podemos identificarnos, de alguna forma, con esta mujer de la cual el Evangelio no revela su nombre: «El texto dice que había probado muchas curas, y gastado todos sus bienes sin provecho alguno, antes bien, yendo a peor (v. 26). También nosotros, ¿cuántas veces nos arrojamos sobre remedios equivocados para saciar nuestra falta de amor? Pensamos que el éxito y el dinero nos hacen felices, pero el amor no se compra. Nos refugiamos en lo virtual, pero el amor es concreto, no es apariencia».

De ahí la importancia del gesto ejemplar de la mujer, quien ante todo este sufrimiento, finalmente, elige a Jesús y se abalanza entre la multitud para tocar su manto: «Busca el contacto directo y físico con Jesús».

Asimismo, el Papa destacó que en esta época, hemos comprendido como humanidad, más profundamente, lo importantes que son el contacto y las relaciones. «Lo mismo ocurre con Jesús: a veces nos contentamos con observar algún precepto y repetir oraciones, pero el Señor espera que nos encontremos con Él, que le abramos el corazón, que toquemos su manto como la mujer para sanar. Porque, al entrar en intimidad con Jesús, se curan nuestros afectos. Esto es lo que quiere Jesús».

Le devuelve la confianza en sí misma

Para Francisco, es fundamental buscar la mirada de Jesús, como lo hizo aquella mujer en medio de su angustia, ya que, como nos dice el Evangelio, «Él no mira a la muchedumbre, sino a la persona. No se detiene ante las heridas y los errores del pasado, va más allá de los pecados y los prejuicios. No se queda en las apariencias, llega al corazón. Y la cura precisamente a ella, a la que habían rechazado todos. Con ternura la llama ‘hija’ (v. 34) y alaba su fe, devolviéndole la confianza en sí misma».

El Santo Padre concluyó su alocución exhortando a dejar que Jesús mire y sane nuestros corazones y a imitarlo, actuando como hizo Él, ya que muchas personas que viven a nuestro alrededor se sienten heridas, solas y necesitan sentirse amadas: «Jesús te pide una mirada que no se quede en las apariencias, sino que llegue al corazón; que no juzgue, sino que acoja. Porque sólo el amor sana la vida. Que la Virgen, Consuelo de los afligidos, nos ayude a llevar una caricia a los heridos en el corazón que encontremos en nuestro camino».



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