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El Papa, en el Ángelus: Cuando alguien deja morir a un mendigo de frío no debería celebrar la Eucaristía

El 20 de enero falleció cerca del Vaticano, de frío, Edwin, un sin techo de nacionalidad nigeriana y solo 46 años. El Papa Francisco ha rezado por él y por cuantos como él han muerto estos días en Roma a consecuencia de las bajas temperaturas. Y citando a San Gregorio Magno ha dicho que cuando ocurre algo así, cuando alguien deja morir a un mendigo por el frío, ese día no debería celebrar la Eucaristía, pues es como si fuera Viernes Santo, el día que murió Cristo.

El Papa ha evocado la memoria de Edwin a la conclusión del rezo del Ángelus que ha oficiado en la mañana de este 24 de mayo, tercer domingo ordinario. Hoy la Iglesia celebra la festividad de San Francisco de Sales, patrón de los periodistas, de ahí que a la conclusión de su oración el Santo Padre haya pedido también a los informadores que, al igual que hacía Jesús para transmitir su mensaje, estos vayan y vean con sus propios ojos —«incluso ahí donde nadie quiere ir»— para comunicar la verdad.

Pese a su dolor de ciática, que le ha impedido presidir la Eucaristía matutina en la basílica de San Pedro en esta jornada, en la que se celebra también el Domingo de la Palabra, Francisco sí ha podido comparecer para rezar el Ángelus desde la Biblioteca del Palacio Apostólico, como ya hiciera en la pasada Navidad, aquejado por el mismo mal.

El Santo Padre ha resaltado la importancia de conocer la Palabra de Dios, y ha pedido a los fieles que la lleven siempre consigo. «Hoy más que nunca, la Biblia es accesible a todos, en todos los idiomas. Y ahora, también, en formato digital», ha recordado antes de afirmar, con San Jerónimo, que «quien ignora la Escritura, ignora a Cristo».

La salvación no es automática: requiere conversión

Antes del rezo mariano, Francisco ha comentado el Evangelio dominical (Mc 1, 14-20), que en esta ocasión hace referencia al «paso del testigo» por parte de Juan el Bautista, el precursor, a Jesús, y del inicio de la misión salvadora de este. El tiempo «cumplido» al que alude la Escritura, ha explicado el Santo Padre, es aquel en el que la acción salvífica llega a su culmen, «el momento histórico en que Dios ha enviado a su Hijo al mundo y su reino se ha hecho más “cercano” que nunca».

Ahora bien, «la salvación no es automática; la salvación es un don de amor, y como tal, libre, por lo que requiere una respuesta libre: requiere la conversión. Es decir, se trata de cambiar de mentalidad y cambiar de vida: no seguir más los modelos del mundo, sino el de Dios, que es Jesús. Es un cambio decisivo de visión y de actitud».

El Papa ha dicho que Jesús nos invita a reconocernos necesitados de Dios y de su gracia. Y ha invitado a los fieles «a mantener una actitud equilibrada frente a los bienes terrenos; a ser acogedores y humildes con todos; y a conocernos y realizarnos a nosotros mismos mediante el encuentro y el servicio a los demás».

El tiempo que cada cual tiene para acogerse a la redención, ha añadido, es breve, el de la duración de su vida en la tierra. «Cada momento, cada instante de nuestra existencia es un tiempo precioso para amar a Dios y al prójimo, y así entrar en la vida eterna», recuerda.



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