Santa Sede

El Papa, en Bari: «El único extremismo cristiano es el del amor»

«Elijamos hoy el amor, aunque cueste, aunque vaya contra corriente. No nos dejemos condicionar por lo que piensan los demás, no nos conformemos con medias tintas. Acojamos el desafío de Jesús, el desafío de la caridad. Así seremos verdaderos cristianos y el mundo será más humano». Con estas palabras ha concluido el Papa Francisco su homilía en la misa que en la mañana de este domingo, 23 de febrero, ha celebrado en Bari, ciudad a la que se ha desplazado a primera hora para clausurar el encuentro «Mediterráneo, frontera de paz». Esta asamblea ha congregado durante cuatro días en la ciudad que alberga las reliquias de San Nicolás a 58 obispos y patriarcas de los países que bañan el Mare Nostrum.

La Eucaristía, a la que ha asistido el presidente de la República Italiana, Sergio Mattarella, entre otras autoridades, ha tenido lugar al aire libre, en un escenario levantado en la calle Vittorio Emanuele II, una de las principales de la ciudad. El altar, de un blanco inmaculado, estaba decorado con la imagen de una vidriera a través de la cual se veía un mar azul y junto a la que podían leerse las palabras «fe», «justicia» y «esperanza» en varios idiomas.

Francisco ha comenzado su homilía recordado que el ojo por ojo de la ley del talión fue en su día realmente «un gran progreso», porque servía para evitar «represalias peores». El hecho de «que las controversias terminaran con un empate era ya un paso adelante». Desde ahí, el Pontífice ha explicado la gran revolución que supone en la historia la enseñanza de Jesús sobre el amor y ha llamado a ponerla en práctica sin medida.

«Jesús pide que amemos incluso a los que nos hacen daño», ha dicho. ¿Por qué? «Porque Dios, nuestro Padre, ama siempre a todos, aun cuando no es correspondido». Jesús dice que no se puede pagar con la misma moneda a quien nos hace mal. «Nada de violencia, ninguna violencia».

«Si queremos ser discípulos de Cristo, si queremos llamarnos cristianos», ha subrayado, el único camino es el del amor. Jesús «no señaló con el dedo a los que lo condenaron injustamente y lo mataron de manera cruel, sino que les abrió los brazos en la cruz. Y perdonó a quienes lo crucificaron».

Este comportamiento no esconde ninguna «estrategia». Estamos llamados a perdonar y a «dar amor sin esperar a que comiencen los otros». Y aunque alguien pueda pensar que Jesús «exagere» cuando llama a amar a los enemigos, o que hable así «para llamar la atención», o que incluso no quisiera decir eso, lo cierto es que no utilizó ni giros, ni paradojas, sino que «fue directo y claro» en su mensaje.

«Amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen. Esta es la novedad cristiana. Es la diferencia cristiana», explica el Papa, que ha insistido en que el mandamiento del amor no es una provocación, sino «el espíritu del Evangelio».

«Sobre el amor hacia todos no aceptamos excusas, no predicamos una cómoda prudencia. El Señor no fue prudente, no hizo concesiones, nos pide el extremismo de la caridad. Este es el único extremismo cristiano lícito: el extremismo del amor».

Jesús —concluye— «nos pide sólo que recemos y amemos. Esta es la revolución de Jesús, la más grande de la historia: la que pasa del odio al amor por el enemigo, del culto a la lamentación a la cultura del don. ¡Si pertenecemos a Jesús, este es el camino!».

Llamamiento a la paz en Siria

A la conclusión de la Eucaristía, y antes del rezo del Ángelus, el Papa ha hecho un nuevo llamamiento «a los actores involucrados y a la comunidad internacional» para que hagan callar las armas en Siria. El Papa ha pedido que se dejen a un lado los cálculos e intereses y se trabaje para «superar la lógica del odio y de la venganza» y se construyan relaciones nuevas y fraternas.

Antes de coger de nuevo el helicóptero hacia Roma, ha agradecido a los obispos del Mediterráneo su contribución a «hacer crecer la cultura del encuentro y del diálogo en esta región tan importante para la paz en el mundo».

 

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