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El Papa dona 6 mil rosarios de la JMJ a los jóvenes de Milán

El Papa dona 6 mil rosarios de la JMJ a los jóvenes de Milán por su onomástico

El regalo en la fiesta de San Jorge. Los chicos, esta mañana, en la misa presidida por el arzobispo Delpini en la Basílica de San Pedro

Uno de los rosarios creados en la Tierra Santa para la JMJ 2019 de Panamá (foto © Vatican Media)
SALVATORE CERNUZIO, Insider Vatican, 23 de abril de 2019

Se festeja en el Vaticano por el onomástico del Papa Francisco, Jorge Mario Bergoglio, que celebra la memoria litúrgica del mártir San Jorge. El regalo, sin embargo, lo hizo el Pontífice, que donó 6 mil rosarios de la JMJ a los jóvenes de la arquidiócesis de Milán. Son chicos y chicas preadolescentes involucrados en las iniciativas del año pastoral “Crece a lo largo del camino su vigor”. Hoy por la mañana participaron en la misa presidida por el arzobispo Mario Deplini en la Basílica de San Pedro. Y mañana participarán en la Audiencia General de la Plaza San Pedro.

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El Papa les quiso enviar mediante la Limosnería apostólica el rosario confeccionado con madera de los olivos de la Tierra Santa especialmente para la Jornada Mundial de la Juventud de Panamá del pasado mes de enero y para la JMJ celebrada a nivel diocesano en el Domingo de Ramos. Mediante la Caritas Jerusalén fue posible dar trabajo a pobres, familias de detenidos y prófugos, en once talleres artesanales.

Es una iniciativa con muchos significados. Pero, sobre todo, como subrayó la Santa Sede, se trata de una manera para pedir a los jóvenes un particular recuerdo en la oración, con una oración especial a la Virgen María, a pocos días de que comience el mes de mayo dedicado a la Virgen. Los jóvenes recibieron esta invitación mediante el arzobispo Deplini, que quiso estar a su lado durante todo este peregrinaje a Roma, que comenzó ayer y concluirá mañana. El religioso celebró hoy por la mañana la misa en el altar de la Cátedra y concentró su homilía en las dificultades y las crisis típicas de la adolescencia, caracterizadas también por fases de leve depresión, por el final de las amistades y de las relaciones, por incomprensiones con los padres y desánimos. El religioso también exhortó a superar todo mediante la fe. «Ustedes son jóvenes, bellos, buenos, están contentos», comenzó Delpini. Pero es seguro que entre tos ellos haya alguno que piense: «Sí, pero yo a veces me siento acomplejado. Tengo la impresión de no estar a la altura, de no ser adecuado para la vida, de no ser lo suficientemente bello, bella, inteligente, simpático, es decir de no estar en una condición para atraer a nadie. Es decir, yo me siento acomplejado, yo no soy adecuado y no se lo puedo decir a nadie, no se lo puedo decir a mi papá ni a mi mamá, porque ya no soy un niño. No se lo puedo decir a mis amigos ni a mis compañeros, porque se burlan de mí. A veces me siento inadecuado para la vida».

«Me siento solo», pensarán otros, «me siento bien en compañía y tengo la sensación de que las relaciones son superficiales, precarias». A otros les pasa ver «amigos que se convierten en enemigos. Te han rodeado de atenciones y luego desaparecen o incluso se vuelven hostiles, envidiosos, malos, acosadores». «Para superar estos complejos», para sanar «estas tres heridas» que todos afrontamos una vez en la vida, «la de sentirnos inadecuados, tener miedo y sentirnos solos», hay una vía, dijo el pastor de Milán. Y es un «programa de vida», marcado por tres palabras: «Yo creo. Yo espero. Yo amo». «Yo creo poder vivir», afirmó Delpini. «Yo creo» que podré afrontar los problemas de la vida «no porque tenga todas las dotes deseables, todas las condiciones favorables, no porque me imagine ser capaz de hacer todo, sino porque creo en el nombre de Jesucristo». Y no solo: «Yo amo. No espero que sean los otros los que me cuiden, sino que soy yo el que ama primero. Quiero que quien me encuentre se sienta amado. Ofrezco mi amistad como Jesús me ha ofrecido la suya. Yo amo porque he recibido la vida como un don. Yo amo porque la familia, el grupo y los amigos no son fruto de una pretensión, sino de la decisión de amar».

Todo este «programa de vida» se puede realizar unidos en Cristo, dijo Delpini: con Él se pueden afrontar «momentos difíciles y ambientes hostiles», «no como héroes», sino como hijos de un Padre. Seguros de que «mi vida no es una condena, una casualidad, sino una respuesta a la palabra con la que Jesús me ha llamado».

Después de la misa de Delpini, los jóvenes participaron por la tarde en la “Preadocaching”, una especie de búsqueda del tesoro multimedia para conocer algunos aspectos secretos de Roma y reflexionar sobre el valor oculto de algunos indicios que los preadolescentes pudieron descubrir en algunas zonas de la ciudad.

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