Misa por el octavo aniversario de la visita a Lampedusa. / Santa Sede.
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El Papa apela al «encuentro» siete años después de visitar Lampedusa

Cuando se celebran siete años de su visita a Lampedusa, el Papa Francisco ha celebrado una eucaristía para recordar el aniversario. «El encuentro con el otro es también un encuentro con Cristo. Nos lo dijo Él mismo. Es Él quien llama a nuestra puerta hambriento, sediento, forastero, desnudo, enfermo y encarcelado, pidiendo que lo encontremos y ayudemos», ha señalado durante la homilía en Santa Marta. Francisco ha recordado que en el necesitado se encuentra Dios. «Esta advertencia es hoy de gran actualidad. Todos deberíamos tenerlo como punto fundamental de nuestro examen de conciencia. El que hacemos cada día. Pienso en Libia, en los campos de detención, en los abusos y en la violencia que sufren los migrantes, en los viajes de esperanza, en los rescates y en los rechazos. ‘Todo lo que hicieron…, lo hicieron conmigo»», ha recordado.

Francisco también ha vuelto a llamar contra la indiferencia. «La cultura del bienestar, que nos lleva a pensar en nosotros mismos, nos hace insensibles al grito de los otros, nos hace vivir en pompas de jabón, que son bonitas, pero no son nada, son la ilusión de lo fútil, de lo provisional, que lleva a la indiferencia hacia los otros, o mejor, lleva a la globalización de la indiferencia», ha explicado.

El recuerdo de la visita

En su homilía, el Papa también ha recordado las duras experiencias que le contaron en su visita y, que sin embargo, eran «la versión destilada». Así se lo reveló una «hija de etíopes que entendía el idioma y había mirado el encuentro», quien le reveló que el traductor no le había dicho «ni la cuarta parte de las torturas y sufrimientos que había vivido». Aun así, recuerda cómo le impactó lo que le contaron: «Había intérpretes, y uno contaba cosas terribles en su propio idioma y el intérprete parecía que traducía bien, pero el primero hablaba largo tiempo y la traducción era breve, se ve que este idioma para expresar tiene frases más largas».

Finalmente, ha terminado invocando a María, consuelo de los migrantes, precisamente la última invocación que el Papa. «Que nos haga descubrir el rostro de su Hijo en todos los hermanos y las hermanas obligados a huir de su tierra por tantas injusticias que aún afligen a nuestro mundo», ha implorado.

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