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El Papa a los sacerdotes: «Dejaos lavar los pies», y «no tengáis miedo de perdonar»

Improvisada, emotiva y cercana; hasta íntima. Así ha sido la homilía que el Papa Francisco ha predicado esta tarde, dedicada especialmente a todos los sacerdotes del mundo. A ellos les ha dirigido dos bonitos mensajes desde la basílica de San Pedro durante la celebración de la Última Cena. El primero: «No seáis testarudos como Pedro, dejaos lavar los pies, el Señor es vuestro siervo. Él está con vosotros para daros la fuerza, para lavaros los pies». Precisamente, lo ha dicho en un Jueves Santo en el que no ha podido haber el tradicional lavatorio. El segundo mensaje, y como consecuencia del anterior:«Y con esa conciencia de ser lavados, sed grandes perdonadores. Perdonad con un corazón grande, en la medida con la cual nosotros perdonamos, seremos perdonados».

Francisco ha insistido en este mensaje, sabe que perdonar no es fácil, y pueden surgir las dudas. «Mirad a Cristo», les ha invitado. Y también les ha hablado de la confesión sacramental, cuando a veces, por diferentes motivos, no es posible dar la absolución. En ese caso, «al menos dad consuelo de un hermano que acompaña y deja la puerta abierta» para volver a encontrar el perdón más adelante, les ha dicho el Santo Padre a los sacerdotes.

El Jueves Santo, la Iglesia celebra la institución de la Eucaristía y del sacerdocio por parte de Jesucristo en la Última Cena. De ahí el profundo sentido de que Francisco haya dirigido la homilía a «todos los sacerdotes desde los recientemente ordenados hasta el Papa, todos los obispos, todos». Y por eso ha querido que también sea un discurso de agradecimiento: «Doy gracias a Dios por la Gracia del sacerdocio, le doy gracias por vosotros».

«Sacerdotes que son servidores»

Francisco ha destacado la naturaleza del servicio de los sacerdotes, haciendo también mención a su papel en esta crisis sanitaria. «No puedo dejar pasar esta misa sin recordar a los sacerdotes que ofrecen la vida por el Señor. Son sacerdotes que son servidores. Estos días han muerto más de 60 en Italia en la atención a los enfermos, al hospital, con los médicos, enfermeros y enfermeras. Son los santos de la puerta de al lado, sacerdotes que sirviendo, han dado la vida». Incluso ha recordado que esto no es algo nuevo, que en épocas pasadas y actuales y en lugares de misiones. Y ha relatado varias experiencias personales, como un obispo que le contó que lo primero que visitaba en un lugar de misión era el cementerio, donde se encontraban enterrados sacerdotes jóvenes «que habían dejado la vida allí, por la peste».

También tuvo un recuerdo cariñoso para los párrocos rurales cuya realidad consiste en atender «cuatro, cinco o siete pueblos». «Uno me decía que conocía el nombre de toda la gente de los pueblos», contaba el Santo Padre, que le preguntó si eso era verdad, y cuya respuesta le dejó impresionado. «También el nombre de los perros», le contó aquel sacerdote rural.

Y no quiso dejar pasar la oportunidad de hablar de aquellos presbíteros que se encuentran calumniados o perseguidos. «Algunos me decían que no pueden salir de casa con el clériman porque les insultan. Ellos continúan. Sacerdotes pecadores que, junto a los obispos pecadores y al Papa pecador, no se olvidan de pedir perdón. Y aprenden a perdonar, porque ellos saben que tienen necesidad de pedir perdón y de perdonar», ha dicho el Papa.  Por último, ha mencionado a aquellos «que sufren alguna crisis, que no saben que hacer, se encuentran en la oscuridad».

Y, a todos ellos, les ha dicho: «Hoy, todos vosotros, hermanos sacerdotes, estáis conmigo en el altar».

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