Papa Francisco

El Papa a los jóvenes italianos: “Basta de hipocresía, mentira, fraude, injusticia y desprecio”

En una Plaza San Pedro llena (90 mil fieles), el Papa se dirigió particularmente a los jóvenes a los que está dedicado el próximo Sínodo de los obispos. Insistió con fuerza en el “no” a la «cultura de la muerte» y al «desprecio del otro». Los cristianos, subrayó, no deben ser «hipócritas, sino coherentes con su fe». Fue el domingo 12 de agosto.

El Papa, durante el encuentro al final de la misa celebrada por el presidente de la Conferencia Episcopal de Italia, Gualterio Bassetti (que en la homilía recordó que «muchas emergencias como el desempleo afectan Italia», pero «la Iglesia no deja atrás a nadie», porque la «acogida es siempre un deber»), exhortó a las nuevas generaciones a «ser protagonistas en el bien», porque «no es suficiente no hacer el mal». Y añadió: «No es suficiente no odiar: perdonen». Y concluyó con la siguiente frase: «Ayer se me olvidó saludar a los sacerdotes que estaban con ustedes. Lo hago ahora: agradezco a los sacerdotes, se necesita paciencia para trabajar con ustedes, la paciencia de los sacerdotes».

Después de haber dialogado con los jóvenes en el Circo Máximo ayer por la tarde, Jorge Mario Bergoglio confirió a los jóvenes italianos el «mandato misionero». Después bendijo los dones que los chicos llevarán a la Jornada Mundial de la Juventud de Panamá, en programa del 22 al 27 de enero de 2019, en la que participará el mismo Pontífice. Los regalos eran el Crucifijo de San Damián y la estatua de la Virgen de Loreto. «Queridos jóvenes, al volver a sus comunidades, ofrezcan testimonio a sus coetáneos, y a todos los que encuentren, la alegría de la fraternidad y de la comunión que han experimentado en estos días de peregrinaje y de oración», dijo el Papa al final del Ángelus.

«En la segunda Lectura de hoy, San Pablo nos dirige una invitación urgente: “No entristezcan al Espíritu Santo de Dios, con el que fueron marcados para el día de la redención –recordó Francisco”. Pero, ¿cómo se entristece el Espíritu Santo? Todos lo hemos recibido en el Bautismo y en la Confirmación, entonces, para no entristecer al Espíritu Santo es necesario vivir de manera coherente con las promesas del Bautismo, renovadas en la Confirmación: estas premisas tienen dos aspectos: renuncia al mal y adhesión al bien».

Y, añade el Pontífice, «renunciar al mal significa decir “no” a las tentaciones, al pecado, a satanás; más concretamente significa decir no a una cultura de la muerte, que se manifiesta en la fuga de la realidad hacia una falsa felicidad que se expresa en la mentira, en el fraude, en la injusticia, en el desprecio del otro». Efectivamente, «la vida nueva que nos ha sido dada en el Bautismo, y que tiene al Espíritu como fuente, rechaza una conducta dominada por sentimientos de división y de discordia».

Por esto, «el Apóstol Pablo exhorta a sacar del propio corazón toda aspereza, desdén, ira, gritos y maldiciones con toda suerte de malignidad». Según Jorge Mario Bergoglio, «estos seis elementos o vicios que turban la alegría del Espíritu envenenan el corazón y conducen a imprecaciones contra Dios y contra el prójimo». Pero, «no es suficiente no hacer el mal para ser un buen cristiano; es necesario sumarse al bien y hacer el bien». Es por ello que San Pablo continúa: “sean, por el contrario, benévolos los unos con los otros, misericordiosos, perdonándose recíprocamente como Dios les ha perdonado a ustedes en Cristo”.

Muchas veces –indicó el Papa– escuchamos a algunos que dicen: “Yo no le hago daño a nadie”. De acuerdo, pero, ¿haces el bien? Cuántas personas no hacen el mal, pero tampoco el bien, y sus vidas transcurren en la indiferencia, en la apatía, en la tibieza. Esta actitud va en contra del Evangelio, y va en contra también de la índole de ustedes, los jóvenes, que por naturaleza son dinámicos, apasionados y valientes». Hoy, insistió el Pontífice argentino, «¡los exhorto a ser protagonistas en el bien! No se sientan a gusto cuando no hagan el mal; cada uno es culpable del bien que podía hacer y no hizo. No es suficiente no odiar, hay que perdonar; no es suficiente no tener rencor, hay que rezar por los enemigos; no es suficiente no ser causa de división, hay que llevar paz a donde no hay; no es suficiente no hablar mal de los demás, hay que interrumpir cuando escuchamos hablar mal de alguien».

Entonces, «si no nos oponemos al mal, lo alimentamos tácitamente. Es necesario intervenir en donde el mal se difunde; porque el mal se difunde donde faltan cristianos audaces que se oponen con el bien, caminando en la caridad, según la advertencia de San Pablo».

Y, prosiguió el Papa, «queridos jóvenes, ¡en estos días ustedes han caminado mucho! Por ello están entrenados y puedo decirles: ¡caminen en la caridad! Caminemos juntos hacia el próximo Sínodo de los obispos sobre el tema: “Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional”.

Y el Papa invocó a la Virgen María, para que «nos sostenga con su maternal intercesión, para que cada uno de nosotros, cada día, con los hechos, pueda decir no al mal y decir sí al bien». Después del Ángelus, el Papa dirigió un saludo a «todos ustedes, romanos y peregrinos provenientes de tantas partes del mundo».

 

En particular dirigió su saludo «a los jóvenes de las diócesis italianas, acompañados por los respectivos obispos, por sus sacerdotes y educadores». En estos días «ustedes han derramado su entusiasmo por las calles de Roma y su fe: ¡les agradezco por su presencia y por su testimonio cristiano!». Su agradecimiento también fue a la Conferencia Episcopal de Italia (representada por el presidente cardenal Gualterio Bassetti), que promovió este encuentro con los jóvenes en vista del próximo Sínodo de los Obispos. Y, recomendó el Papa, «queridos jóvenes, al volver a sus comunidades, ofrezcan testimonio a sus coetáneos, y a todos los que encuentren, la alegría de la fraternidad y de la comunión que han experimentado en estos días de peregrinaje y de oración».

 

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