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El Papa a Europa: «¡Vuelve a encontrarte!»

«¡Vuelve a encontrarte! Vuelve a descubrir tus ideales, que tienen raíces profundas. ¡Sé tú misma!». Este es el grito que el Papa Francisco ha dejado por escrito en una carta al secretario de Estado de la Santa Sede, el cardenal Pietro Parolin, con ocasión de los 50 años de relaciones diplomáticos entre Europa y la Santa Sede y el 40 aniversario de la Comisión de las Conferencias Episcopales de la UE (Comece).

El Papa Francisco ha querido preguntarse «¿Qué Europa soñamos para el futuro?». Y ha pedido que sea «una tierra que cuide la vida en todas sus etapas, desde que surge invisible en el seno materno hasta su fin natural, porque ningún ser humano es dueño de la vida, sea propia o ajena». También, «que favorezca el trabajo como medio privilegiado para el crecimiento personal y para la edificación del bien común, creando fuentes de empleo especialmente para los más jóvenes».

El Santo Padre ha señalado la necesidad de que sea un continente solidario. «Sueño una Europa solidaria y generosa. Un lugar acogedor y hospitalario, donde la caridad —que es la mayor virtud cristiana— venza toda forma de indiferencia y egoísmo. La solidaridad es expresión fundamental de toda comunidad y exige que cada uno se haga cargo del otro. Ciertamente hablamos de una “solidaridad inteligente” que no se limite solamente a asistir las necesidades fundamentales en casos puntuales», ha expresado.

«Sueño con una europa sanamente laica»

En su carta, el Papa Franciso ha reivindicado que religión y política no son lo mismo, pero tampoco deben oponerse.  «Sueño una Europa sanamente laica, donde Dios y el César sean distintos pero no contrapuestos», ha afirmado. «Donde el que es creyente sea libre de profesar públicamente la fe y de proponer el propio punto de vista en la sociedad», ha seguido.

Y ha insistido en que «han terminado los tiempos de los confesionalismos», pero también ha cargado contra el «laicismo que cierra las puertas a los demás». Y ha defendido que «es evidente que una cultura o un sistema político que no respete la apertura a la trascendencia, no respeta adecuadamente a la persona humana».

Además, ha alabado los fundamentos del proyecto europeo, que «surge como voluntad de poner fin a las divisiones del pasado». Y ha sido claro: «En nuestro tiempo, que «da muestras de estar volviendo atrás»[4], en el que prevalece la idea de ir cada uno por su cuenta, la pandemia constituye como una línea divisoria que obliga a hacer una elección: o se sigue el camino tomado en el último decenio, alentado por la tentación de la autonomía, enfrentando crecientes incomprensiones, contraposiciones y conflictos; o bien se redescubre ese camino de la fraternidad, que sin duda fue el que inspiró y animó a los Padres fundadores de la Europa moderna, a partir justamente de Robert Schuman».

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