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«El palio es signo de que los pastores no viven para sí mismos sino para sus ovejas»

Son palabras del Papa Francisco que hizo suyas en Tarragona el pasado sábado el nuevo nuncio de Su Santidad en España, Bernardito Auza. Acompañado por el arzobispo de Barcelona, cardenal Juan José Omella, y el arzobispo de Urgell, Joan-Enric Vives, presidió en la catedral de Tarragona la misa de imposición del palio a Joan Planellas y Barnosell, arzobispo metropolitano de Tarragona. Las primeras palabras del nuncio fueron para definir la virtud de la caridad como el principio de la unidad y de la comunión que se expresa con los obispos de la provincia eclesiástica y de todos ellos con la Iglesia universal presidida por el sucesor de Pedro. Auza recordó, también, las palabras pronunciadas por el Papa Francisco en la celebración del pasado día 29 de junio en el Vaticano cuando dijo que el palio «es signo de que los pastores no viven para sí mismos sino para sus» ovejas «ya que para alcanzar la vida es necesario perderla, entregarla». Su intervención la cerró en catalán «Que el Señor unos bendiga a todos».

Maternidad eclesial y unidad pastoral

«El palio que me ha sido impuesto, me recuerda que tengo el deber de explicitar ese rostro maternal de la Madre Iglesia», expresó Planellas en la homilía, «porque la misión de la Iglesia es curar heridas y ser portadora del consuelo y de la esperanza en Jesucristo». Y añadió: «En comunión, por tanto, con la sede de Pedro, y ejerciendo la maternidad eclesial, la Iglesia metropolitana y primada de Tarragona extenderá estos lazos de unidad y de caridad con los demás obispos y con las otras Iglesias vecinas. A problemas similares se necesitan soluciones similares, buscadas conjuntamente. Convencidos de la unidad pastoral entre las diócesis con sede en Cataluña, podemos trabajar conjuntamente y tenemos que hacerlo así, para vivir la libertad del Evangelio».

Planellas, que en la celebración llevó el báculo del beato Manuel Borrás, el último obispo mártir de la Iglesia de Tarragona, manifestó que «la sede metropolitana de Tarragona es la Iglesia de Pablo y Fructuoso, que recibió el Evangelio en la antigüedad cristiana y, en orden de antigüedad y de principalidad, esta «tradición viva» recibida en los orígenes, lo ha de irradiar a las otras sedes, pero sin obviar nunca su romanidad. El prelado también mencionó la celebración del vigésimo quinto aniversario del Concilio Provincial Tarraconense de 1995 que procede durante el próximo año. «Esta celebración nos debe estimular a este trabajo de comunión eclesial», subrayó.

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