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Rincón Litúrgico

El otro peregrino, por José-Román Flecha

“A Jesús lo resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos” (Hch 2, 32). Ese es el núcleo del mensaje que Simón Pedro dirige a los judíos, a los habitantes de Jerusalén y a los peregrinos que han llegado a la ciudad para la celebración de la fiesta de Pentecostés.

  • Pedro recuerda la misión y la obra de Jesús, al que Dios acreditó con los milagros y prodigios que fue realizando a la vista de todos.
  • Proclama que aunque muchos de sus oyentes colaboraron para que Jesús fuera condenado a muerte de cruz, Dios lo resucitó de entre los muertos.
  • Y, finalmente afirma que los discípulos han recibido el Espíritu Santo para dar testimonio de la resurrección de Jesús, que es el Mesías esperado.

Según la primera carta de Pedro, los cristianos saben que su fe y su esperanza se apoyan en el Dios que resucitó a Jesús de entre los muertos (1Pe 1, 18-21).

NUESTRA ILUSIÓN

El evangelio que se proclama en este tercer domingo de Pascua es un bello resumen de la catequesis cristiana (Lc 24, 13-36). En él se recuerda el doble camino de dos discípulos de Jesús. Mientras se alejan de Jerusalén comparten la amarga experiencia del desaliento. Aquel en quien habían creído ha muerto. Y con él ha muerto su esperanza.

En esos dos peregrinos se ve reflejada la actitud de muchas personas de este mundo y de este tiempo. Durante algún tiempo han depositado las razones para vivir y para esperar en la economía, en la técnica, en los medios de comunicación, en los dirigentes políticos. Y de pronto, perciben que esos pretendidos fundamentos carecen de raíces.

Algunos de ellos manifiestan que comprenden que la fe de los cristianos les parece honrada y plausible. Pero simplemente no les interesa. Han decidido dejar atrás la fe que recibieron y los relatos en los que parecía apoyarse. Prefieren hacer su propio camino, aunque no les entusiasme. El camino de Jerusalén a Emaús refleja una ilusión que ha quedado bruscamente frustrada.

NUESTRA DEBILIDAD

Pero los discípulos que se dirigen a Emaús, todavía conservan la capacidad para escuchar y aceptar una corrección por parte de un extraño compañero de camino.

  • También en este tiempo, ese otro peregrino se presta a acompañarnos por el camino y a escuchar nuestro lamento.
  • También en esta hora, ese peregrino misterioso está decidido a ayudarnos a recordar las palabras que dieron sentido a nuestra vida.
  • También en este momento, ese peregino tiene palabas que pueden estimularnos y calentar nuestro corazón.
  • También hoy, ese peregrino acepta compartir nuestra cena, y puede transformar nuestro pan en fuente de vida, de luz y de sentido.

– Señor Jesucristo, tú sabes que también nosotos hemos visto derrumbarse el edificio que creíamos haber construido para que nos albergara. Tú ves que la pandemia ha venido a revelar nuestra debilidad y a fomentar en nosotros la desesperanza. Ayúdanos a reconoer tu presencia, a escuchar tu palabra y a recorrer el camino alimentados por tu pan. Amén.

José-Román Flecha Andrés

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