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El Oratorio: la oración de los niños pequeños, carta del obispo de Segorbe-Castellón

El Oratorio: la oración de los niños pequeños, carta del obispo de Segorbe-Castellón, Casimiro López Llorente

 Jesús dijo en cierta ocasión: “Dejad que los niños vengan a mi…” (Mt 19, 14). Estas palabras de Jesús son la base y la esencia del oratorio de niños pequeños, una experiencia que se va extendiendo en parroquias y en colegios de nuestra diócesis. Hoy la quiero presentar con el propósito de animar a que se ofrezca en más parroquias y colegios; es algo muy bueno e importante para una verdadera iniciación cristiana y la evangelización de nuestros niños.  

 El oratorio es un itinerario de fe para niños que les inicia en su relación personal y en grupo con Jesús resucitado desde una edad temprana. Cuanto más pequeños son los niños, más capacitados están para escuchar a Jesús y para dejarse amar por Él; y también para ir al encuentro de Jesús, para querer conocerle a Él y su Palabra y para entablar una relación viva de amistad con Jesús. Cada sesión del oratorio tiene tres momentos esenciales: La oración del corazón de cada niño, la oración con la Palabra y las oraciones en común; es “la contemplación del misterio” y la “gracia de la reunión”. En el desarrollo de la reunión, la guía son los niños y el protagonista el Espíritu Santo, que está presente y conduce la oración.

 En nuestras reuniones pastorales constatamos una y otra vez que, con frecuencia, a nuestros niños de catequesis les falta el encuentro personal y una relación de amistad con Jesús, y que así nuestras catequesis pueden quedar reducidas en el mejor de los casos al aprendizaje de oraciones, de doctrina y de normas morales, que pronto se olvidan porque no han calado en el corazón de los niños, porque , en definitiva, no han personalizado la fe en la oración. Es lo que ya Benedicto XVI nos dejó escrito y que el Papa Francisco acostumbra a recordar: “No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva” (Deus caritas est, 1). 

 En estos grupos infantiles de oración tenemos la gracia de ver cómo el despertar a la fe de los niños y su crecimiento se da en un clima de encuentro personal y de intimidad con Jesús mediante la oración silenciosa y la escucha de la Palabra a la que acompaña una meditación y la consiguiente aplicación a la vida. A través de pequeñas experiencias, los niños, sedientos de Dios en la humildad de su inocencia y pequeñez, experimentan el encuentro con Jesús. Desde su corazón y con su lenguaje de niños nos ayudan a leer el mismo Evangelio y nos muestran  el alimento que necesitan para seguir en contacto de oración con Aquél que les abraza, bendice e impone las manos.

El oratorio de niños es un fuego que ha empezado a arder en muchos corazones de nuestros niños y mayores, como otrora en los dos discípulos de Emaús al recibir el consuelo de Jesús, hecho Palabra. Este fuego es el mismo Espíritu. Y el Espíritu necesita pocos elementos materiales y estructurales para renovar la faz de la Tierra. Necesita tan sólo una sierva confiada que diga humildemente “He aquí la esclava del Señor. Hágase en mi según tu Palabra”. El fuego de este Espíritu es la Bendición. Las reuniones no son otra cosa más que la bendición continua del Padre sobre sus hijos en Jesús, su Hijo predilecto.

 Con mi afecto y bendición, 

+Casimiro López Llorente, Obispo de Segorbe-Castellón



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