Internacional

El obispo Juan José Aguirre, desde Bangassou: “la gente se refugia en las parroquias”

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OMPRESS-REPÚBLICA CENTROAFRICANA (12-12-13) El obispo de Bangassou, en la República Centroafricana, el misionero comboniano Juan José Aguirre, escribe desde este lugar de África donde cada día es una lucha, un peligro y, a la vez, un desafío para seguir adelante ante la dura realidad que se está viviendo en este bello país. “El hombre dispone”, ha sido el título que ha puesto a esta comunicación:

“El 5 de diciembre yo me las prometía feliz. Después haber acogido y acompañado al aeropuerto de Bangui a un grupo de periodistas y dos cámaras, acérrimos seguidores colchoneros, tocaba volver a casa a Bangassou. El clima político se estaba agriando con la anunciada llegada de soldados franceses. Pero aún así, la noche del 4 me confirmaron que tenía un sitio en la avioneta del PAM (Producto Alimentario Mundial). Además me concedieron llevar una maleta extra de 30 kilos donde metí 8 breviarios para mis curas (que pesan como un ladrillo) y 3 millones que pude sacar del banco para pagar a los obreros de Bangassou en billetes pequeños, lo cual nos viene muy bien allí aunque pesen como otros 3 ladrillos. A las 6 de la mañana me fui para el aeropuerto con el chófer y el coche de la Maison Comboni, donde vivo cuando estoy en Bangui. A mitad de camino estalló un pandemonio sobre nuestras cabezas: ráfagas de metralleta, tiros de obús, gritos y ‘saquen este coche de aquí’… Echamos marcha atrás a toda pastilla y nos metimos en el barrio. Dando vueltas como un trompo y con una traca monumental de fondo, llegamos a una capilla. Enseguida se nos acercó una mujer, nos dijo donde medio esconder el coche y nos brindó su casa, su hospitalidad, su oración y su comida durante 8 horas. Parece ser que las milicias ‘anti-Balaka’ (grupos que han ido formándose de los ex FACA, Fuerzas armadas centroafricanas, junto con algunos ex lugartenientes del antiguo presidente Bozizé y un atajo de jóvenes exaltados) atacaron las posiciones de los soldados Seleka en tres barrios de Bangui con fuego pesado y metralletas ligeras. Sobre mediodía los Selekas habían normalizado la situación y los antibalaka se habían perdido en la naturaleza. Casi toda la población de Bangui, atenazada por el pánico, corría a refugiarse a algunas de las 22 parroquias de la ciudad o a otras muchas casas de religiosos/as. Los musulmanes corrían también porque estos anti-balaka están impregnados de una acritud anti musulmana que pone en peligro a ese 15% de la población con quien siempre nos hemos llevado bien. El hecho de que muchos de los Seleka, que a los 10 meses del golpe de estado que los puso en poder han hecho caer Centroáfrica en una situación caótica, sean de religión musulmana, sitúa a muchos otros musulmanes en su punto de mira, aunque sean honestos y piadosos.

La intentona produjo muchos muertos y heridos, saqueos de viviendas (entre ellas la del propio presidente) y brutalidades varias. Después de muchas llamadas de teléfono, conseguí que el arzobispo de Bangui mandara a buscarme en mitad del barrio con un tanque de soldados cameruneses, típico tanque verde aceituna de los militares, que nos cargó en su seno, a mí, al chófer, y a mis maletas llenitas de hojas di diferentes colores, y nos llevó al Arzobispado, en donde nos recibió Monseñor Dieudonné y el Imán de la mezquita central de Bangui, también él escapando de los extremistas. Acogido con sincera hospitalidad africana, mi habitación daba al patio en donde más de 3 mil personas estaban también llegando, con fardos menos pesados que los míos, pero con niños de pecho, mujeres embarazadas, cacerolas en la cabeza y tanto miedo en el cuerpo porque algunos exaltados del barrio habían saqueado la mezquita hasta las planchas de zinc y la respuesta de los Seleka y sus kalasnikoff podría ser inmediata. Toda la noche he escuchado sus charlas, sus llantos y preocupaciones, sus murmullos de desconsuelo porque alguien podría estar robando en sus chozas llevándose semillas, colchones y mosquiteras. Un desastre para una familia pobre. Todos tendidos en el suelo, rezando muchos el rosario, aguantaron la noche hasta que llegó un amanecer nublado y húmedo, que presagiaba la lluvia de 6 horas que cayó durante toda la mañana de hoy, decían ellos, ‘porque Dios quería limpiar de una vez toda la sangre derramada el día anterior’. En efecto, cuando el tanque verde aceituna nos estaba evacuando hacia la otra punta de la ciudad, se veían muchos cuerpos tendidos en el raído asfalto, algunos con signos de machetazos en la frente, regueros de sangre decorando las calles y soldados en cualquier vericueto del trayecto. Un día apocalíptico para este país tan bello lleno de buena gente que no merece un gobierno tan incompetente.

Hoy por la mañana la radio anunciaba que Francia quiere acelerar su presencia en este país, que ha recibido el O. K. de la ONU y que vienen a poner orden, cosa que la gente, en general, aprecia muchísimo. Ayer muchos negocios de musulmanes fueron saqueados. En la mezquita del barrio Km 5, improvisada en una morgue, están los cuerpos de unas 80 personas asesinadas, mientras que los Seleka más extremistas (que son en su mayoría musulmanes) empezaron ayer y han seguido esta mañana matando a jóvenes cristianos al azar, un poco en todos los distritos de la capital. Solo por el hecho de ser jóvenes y guiados por el mucho ánimo de venganza. Lo que en Bangassou hemos conseguido parar, aquí de ha desencadenado sin freno. Cada parroquia ha acogido a 2000-3000 personas. Esta mañana buscábamos comida para estas personas, pero la inseguridad y la prudencia, en medio de una demencial masacre, nos frenaba a la hora de conseguir los suministros. Da la impresión de que los hombres de la Seleka tienen miedo de la llegada de los franceses y están tratando de provocar el caos. Esta tarde el Arzobispo y el Imán fueron llamados como testigos de una conversación que iba a tener la plana mayor de la MISCA (soldados de los países limítrofes a Centroáfrica junto a los recién llegados franceses) con el Presidente Seleka avisándole que, a partir de esta noche tirarían sobre todo aquel Seleka que se le encontrara saqueando y no quisiera tirar sus armas. Aprovechando que pasaban cerca de la Maison Comboni, me devolvieron a casa con maletas y chofer incluidos.

Dos cosas han pasado esta tarde-noche: el chófer fue donde un grupo de Seleka para intentar negociar que nos devuelvan mañana el coche y se encontró al grupo rodeando un joven que ‘andaba por allí’ y era acusado de anti-Seleka. De poco sirvieron sus lágrimas y su petición de perdón. Un seco tiro en la nuca acabó con su vida, sin darse cuenta, cuando aún estaba articulando la palabra perdón desde sus cuerdas vocales hacia su lengua, de que la vida se le iba antes de que la palabra perdón llegara a su celebro. Una hora más tarde, un avión de caza francés rasgó los aires de Bangui, provocando un sonido ensordecedor, pasó varias veces por encima del cuartel del presidente avisando de manera estentórea que habían llegado ellos, que o deponían las armas o se las depondrían por la fuerza. ‘El que avisa no es traidor’, parecía susurrar el piloto francés como contrapunto del ruido de su avión. Mañana veremos si la advertencia trae consecuencias, sobre todo si trae un resultado cálido y pacífico para todos los habitantes de este bello país”

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