Una Eucaristía en la Catedral Nueva de Vitoria, durante el estado de alarma
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El obispo de Vitoria agradece a los sacerdotes de su diócesis su servicio y entrega

Este viernes 19 de junio, la catedral nueva de Vitoria acogerá una jornada de oración por los casi 200 sacerdotes de la diócesis (uno más desde el pasado sábado). El obispo de Vitoria, Juan Carlos Elizalde, quiere agradecerles personalmente a muchos de ellos el gesto de haber donado su sueldo mensual o haber dado generosos donativos en favor de las personas más vulnerables.

Esta celebración responde al llamamiento del Papa Francisco para este día en el que se celebra el Sagrado Corazón de Jesús, y a la carta del cardenal prefecto de la Congregación del Clero, monseñor Stella.  En la homilía, Elizalde dará las gracias a todos los fieles presentes por arropar a sus sacerdotes y a estos les insistirá en «alejar la aridez de la vida espiritual que debilita esa amistad profunda, interior y vital con Dios, la que constituye la base para la fecundidad personal y pastoral».

La jornada empezará a las 10:00h con el rezo de laudes y a continuación se expondrá el Santísimo para la oración intima seguido de tres testimonios: el del recién ordenado sacerdote, Jose Antonio Vega, seguido de uno de los formadores del Seminario, Juan José Infantes, y el del anterior Vicario responsable de los sacerdotes mayores de 75 años, José María Izaga. Finalizará esta jornada pública una misa mayor presidida en la nave principal del templo por el Obispo de Vitoria, D. Juan Carlos Elizalde, a las 12:30h, quien hará hincapié en esas cinco actitudes que el Papa quiere imprimir en la vida de todo sacerdote y les estimulará a cuidar la relación íntima con Dios.

Haciéndose eco de las palabras del Cardenal Stella, Elizalde reivindicará el mimo con la oración: «El sacerdote que ya no reza con fidelidad y descuida los elementos que sostienen su relación de intimidad con el Señor acumula un déficit peligroso, que puede generar sensación de vacío, percepción de frustración e insatisfacción, dificultad en la gestión de la soledad, de las necesidades y de los afectos, hasta el riesgo de exponerse a amistades y vínculos “externos” que, llegados a ese punto, podrían ocasionar un desmoronamiento de un edificio humano-espiritual».

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