Carta del Obispo Iglesia en España

El obispo de Sigüenza-Guadalajara escribe sobre la familia

atilano

El obispo de Sigüenza-Guadalajara, Atilano Rodríguez, escribe sobre la familia

Las encuestas, en las que se formulan preguntas sobre la familia, revelan que esta institución sigue siendo muy querida y valorada como espacio adecuado para la consecución del bien de las personas en todos los órdenes de la vida.

Los encuestados afirman que el futuro de la sociedad pasa siempre por la institución familiar, puesto que en ella se viven y reciben valores como la solidaridad, el amor, el sacrificio y la laboriosidad, que son los pilares básicos y los fundamentos necesarios para la construcción de una sociedad fuerte y cohesionada.

La Iglesia, partiendo de las enseñanzas de la Sagrada Escritura, ha valorado y defendido siempre el matrimonio estable entre un hombre y una mujer, fundado en el amor y abierto a la transmisión de la vida como núcleo de la unidad familiar. Ante las nuevas formas de convivencia, el magisterio de la Iglesia ha manifestado en diversas ocasiones su sincera preocupación por la degradación creciente de la familia y ha invitado a las instituciones sociales y a la sociedad en general a tomar decisiones valientes y coherentes para defenderla.

Con estas enseñanzas, la Iglesia no sólo piensa en la familia como “Iglesia doméstica” y, por tanto, como espacio privilegiado para la oración y la educación en la fe de los hijos y de los restantes miembros de la misma, sino que valora también la familia como medio para la realización del bien común, para la defensa de la dignidad de las personas y para la consecución de la plenitud humana del hombre y de la mujer. La estabilidad y el bien de la familia son condiciones necesarias para la salud de las personas que la integran y para el futuro de la sociedad.

Si tenemos esto en cuenta, no resulta fácil entender el desprecio a la familia en algunos estamentos sociales, económicos y políticos. Y mucho menos se comprende la falta de apoyo a la institución familiar, mediante políticas laborales y familiares responsables y con visión de futuro, cuando todos constatamos que, gracias a la cohesión y a la ayuda mutua entre los distintos miembros de la familia, es posible en gran medida afrontar la actual situación de crisis económica que estamos padeciendo.

En todo momento hemos de tener presente que las profundas transformaciones culturales, sociales y políticas de los años pasados, no sólo han afectado a la sociedad en general, sino también a la misma familia, como núcleo primero de la sociedad. El padre, la madre, los hijos y abuelos, que forman parte de una familia, viven en un ambiente social concreto y, por tanto, todos los cambios e innovaciones que se lleven a cabo en la sociedad repercuten de forma decisiva en la institución familiar.

La Iglesia y los cristianos no podemos ser indiferentes ante las dificultades por las que pasa la familia. Además de mirar a la familia de Nazaret como modelo familiar, hemos de poner bajo su patrocinio a todas las familias, viviendo con gozo nuestra pertenencia a una familia concreta con unos valores humanos, morales y espirituales, como el primer testimonio de lo que ésta debe ser.

Por otra parte, teniendo en cuenta la urgencia de seguir impulsando con decisión la pastoral familiar, las parroquias y los movimientos familiares deberán seguir coordinándose con la Delegación de familia para aunar criterios y esfuerzos en la prevención de los problemas familiares y en el acompañamiento humano y espiritual de sus miembros. De este modo podrán llegar a descubrir su vocación y misión en la Iglesia y en el mundo.

Con mi bendición, feliz día del Señor.

+ Atilano Rodríguez, obispo de Sigüenza-Guadalajara

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