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El obispo de Ourense entrega a Josefa Ledo la medalla «Pro Ecclesia et Pontifice»
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El obispo de Ourense entrega a Josefa Ledo la medalla «Pro Ecclesia et Pontifice»

En la mañana de este sábado 8 de mayo el obispo de Ourense, Leonardo Lemos Montanet, ha entregado a la señora Josefa Ledo López la medalla «Pro Ecclesia et Pontifice», la mayor distinción que otorga la Iglesia católica a los laicos. La ceremonia ha tenido lugar en el Seminario Mayor y a la misma  ha asistido también el obispo auxiliar de Santiago de Compostela, Francisco J. Prieto Fernández, vinculado de manera especial a la Delegación de Misiones de Ourense, de la que fue coordinador como Vicario para la Nueva Evangelización hasta el pasado mes de abril. La galardonada ha sido durante 45 años la secretaria de la Delegación de Misiones de la diócesis y de las Obras Misionales Pontificias (OMP).
Doña Josefa —ha dicho monseñor Lemos en su intervención— «es y seguirá siendo alma de la Misión en Ourense; y, a través de ella, la fidelidad de los misioneros que siempre seguirán teniendo en Josefa el corazón de una hermana y amiga con entrañas de madre».

Al recoger la medalla, la homenajeada ha dedicado unas emotivas palabras a «lo más grande que tiene la Iglesia, los misioneros». «Siempre tuve claro que mi trabajo era un servicio y me dejé llevar», ha afirmado ante un auditorio en el que no han faltado el actual delegado episcopal de Misiones Alberto Diéguez, familiares y compañeros y amigos. El broche de oro del acto lo han puesto varios de los participantes asiduos de los Festivales de la Canción Misionera, que han interpretado interpretaron algunas canciones.

La medalla «Pro Ecclesia et Pontifice» consiste en una cruz instituida por León XIII en 1888 con motivo de la celebración de sus cincuenta años de ordenación sacerdotal. Desde el año 1908 se entrega solo en oro y es conferida a quienes demuestran un largo y excepcional servicio a la Iglesia católica o al Papa como reconocimiento a su fidelidad.

Una vida para la misión

Josefa Ledo López nació en Santa Eufemia de Ambía, ayuntamiento de Baños de Molgas, el 23 de diciembre de 1955. Sus primeros años transcurrieron en el pueblo. Luego su padre emigró a Alemania y a los pocos meses toda la familia le acompañó. Josefa vivió allí pocos años, los suficientes para terminar sus estudios primarios. Ingresó en el colegio Divina Pastora, Franciscanas, en Ourense como alumna interna, convirtiéndose allí en una niña ilusionada con las misiones.

En su etapa adulta hay varios momentos fundamentales siempre en torno a la Misión ad gentes, que la configuró en todo momento. Comienza en el grupo de muchachos de la CMDE (Comunidad Misionera de Estudiantes) en torno a Don Aurelio, un hombre que marcó un hito en el servicio a la Misión y que muy pronto le ofrece ser Secretaria de Obras Misionales Pontificias y de la Delegación de Misiones. En ese momento, la delegación era un constante ir y venir de jóvenes. Don Aurelio cuidaba con esmero su formación humana y espiritual en un ambiente festivo y de gran optimismo. Ahí conoció al que sería su esposo Eliseo Garrido, y con el que forma una familia.

Y entre tanto, campañas misioneras, visitas a escuelas y pueblos y, como guinda, los festivales de la canción misionera, de gran impacto popular y muchísimo trabajo entre bambalinas, en los que la tarea de Josefa era crucial. Con el paso de los años la CMDE fue perdiendo representación, pero muchos de aquellos jóvenes conservan amistad y algunos un fuerte compromiso cristiano y misionero.
Al fallecer D.Aurelio, Josefa asumió buena parte del peso de la Delegación. Ella es la que conoce mejor que nadie su funcionamiento y a los misioneros. Su papel se agranda. El nuevo Delegado, misionero retornado y de parecida edad a la de Josefa, es más compañero que director a la hora de emprender tareas. Esta etapa se interrumpe con el retorno a la Misión ad gentes del Delegado. Es nombrado otro Delegado, un joven sacerdote, pero el papel de Josefa es absolutamente determinante. Así lo reconocen incluso los medios de comunicación que la buscan insistentemente: ella es punto de referencia incuestionable.

En sus últimos meses como trabajadora de la Delegación acompañó la llegada de un nuevo Delegado y la formación de la que es su sustituta como secretaria en las Obras Misionales Pontificias de Ourense.

Se jubila, pero sigue acercándose cuando sus ocupaciones se lo permiten a colaborar como voluntaria, ayudar, ser y estar en el que siempre será su hogar.



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