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El obispo de León: “El oficio de lectura es para todo fiel cristiano: se puede hacer en el metro o escuchando un disco de camino al trabajo”

julian-lopez

-“Las alabanzas, acciones de gracias y súplicas que hacemos en la Eucaristía se proyectan en la jornada y la liturgia de las horas”, dijo en la Universidad de Navarra

 

         Pamplona, 26 de septiembre de 2012. “El oficio de lectura no es solamente para los religiosos, sino para todo fiel cristiano. Esta práctica se puede hacer en los momentos cotidianos, mientras uno va en el metro o escuchando un disco de camino al trabajo, por ejemplo”. Así lo indicó Mons. Julián López, obispo de León y miembro de la Comisión Episcopal de Liturgia, durante el Curso de Actualización ‘Tiempo y rito. Forma y contenido de la oración de la Iglesia’, que organizó la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra.

         Mons. López animó a acercarse al lema Ora et labora: “Evidentemente, quien tiene una jornada de ocho horas y sólo dispone de tiempo libre para comer no siempre puede interrumpir el trabajo para rezar, pero sí que puede ofrecer los momentos clave del día”.

         En ese sentido, destacó que lo característico de la liturgia de las horas “es precisamente la oración siguiendo el ritmo del tiempo. Supone que dentro de la unidad del día podemos dedicar momentos significativos al Señor, y en el centro de ese día está la Eucaristía. Las alabanzas, acciones de gracias y súplicas que hacemos en ella se proyectan en la jornada y la liturgia de las horas”.

         El obispo de León explicó que “cuando oramos, hablamos con Dios, y cuando leemos la Escritura, Le escuchamos. La oración necesita de la palabra divina para poder hablar al Señor. La oración cristiana, inspirada en el ejemplo de Cristo, tiene precisamente en la Escritura la mejor referencia: constituye el testimonio de la salvación, del amor de Dios y de la gracia de Jesucristo”.

         “La Iglesia es maestra de oración porque imita a nuestro Señor”, continuó. “Imita a su divino maestro cuando inicia a los fieles en la oración litúrgica. A lo largo de los siglos ha ido acumulando una experiencia de oración de los santos, los místicos y los pastores. Para los cristianos, la lectura del Antiguo Testamento no es una lectura histórica, sino la lectura de una promesa que se ha cumplido con Jesucristo. Todo pertenece al mismo tesoro”.

El subsecretario de la Congregación para el Culto Divino: “Es importante que aprendamos a rezar en la Iglesia para expresar nuestra verdadera fe”

 

         Por su parte, Mons. Juan Miguel Ferrer, subsecretario de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, argumentó que “la oración expresa la fe; por eso es tan importante que no sea subjetiva, sino que aprendamos a rezar en la Iglesia que aprendió a orar de Cristo, para así poder expresar nuestra verdadera fe”.

Asimismo, Mons. Ferrer hizo hincapié en la centralidad de la oración en la vida del cristiano: “Cada vez que rezamos se abren las espitas de la misericordia de Dios. A través de la oración anticipamos el querer de Dios en nuestra vida y ahí encontramos la fuerza para cualquier apostolado o acción”.

En esa línea, apuntó que la oración “es la tradición de la Iglesia” y que en ella “se verifica lo de «Sin mí, no podéis hacer nada», que Jesús dijo a sus discípulos. Ahí lo confesamos, pero siempre con ese gozo de que él nunca nos falla”. Así, “Él siempre animó a sus apóstoles a orar perseverante e insistentemente para llevar a cabo la tarea que les había encomendado”.

“La oración transforma nuestras pobres obras humanas en obra de Dios”, apuntó. “Esto ya está en los salmos cuando se dice que no eran nuestras fuerzas ni los ejércitos los que daban la victoria al pueblo de Israel, sino la fuerza de Dios”.

            Por último, Mons. Ferrer recalcó que tanto Benedicto XVI como Juan Pablo II “han sido hombres de profunda oración. Por ejemplo, el actual Papa siempre insiste en que en la Misa se transmita esa necesidad que tenemos del silencio. Ha hecho un gran esfuerzo para el centro de las celebraciones no sea él, sino el Señor”.

         Además del obispo de León y del subsecretario de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, en el curso participaron Juan José Silvestre, de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz (Roma); Aurelio García Macías, de la Facultad de Teología de la Universidad Eclesiástica San Dámaso (Madrid) y del Instituto Superior de Liturgia (Barcelona); Javier Suárez, del Monasterio de San Salvador de Leyre (Navarra); Juan Pablo Rubio, de la Abadía de la Santa Cruz del Valle de los Caídos (Madrid); Manuel González López-Corps, director del Bienio de Liturgia en la Universidad Eclesiástica San Dámaso (Madrid); José Antonio Goñi, de la Facultad de Teología del Norte de España; Santiago Cañardo, del Centro Superior de Estudios Teológicos de Pamplona (CESET); y Juan María Canals, director del Secretariado de Liturgia de la Comisión Episcopal de la Conferencia Episcopal Española. Por parte de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra, intervinieron los profesores Gonzalo Aranda y Félix María Arocena.

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