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El obispo de Jaén ordena a dos carmelitas, presbítero y diácono, en la catedral de Baeza

«Pocas veces la catedral de Baeza ofrece estampas tan místicas como las de esta mañana». Así han relatado desde la delegación de medios de la diócesis de Jaén las ordenaciones que han tenido lugar este sábado 14 de noviembre. «Una jornada muy otoñal, con el cielo cubierto y amenaza de lluvia, y la plaza de Santa María, casi desierta, esperaban la llegada de la comunidad Carmelita de la vecina Úbeda, dos de sus frailes iban a ser ordenados diácono y presbítero, respectivamente».
El obispo de Jaén, Amadeo Rodríguez Magro,  ha sido el encargado de la ordenación de Fr. Daniel Bae Jeong, natural de Corea y Fr. Luis Carlos Muñoz Mories de Ávila, quienes han estado acompañados de una veintena de carmelitas; entre otros, el provincial de los Carmelitas, Fr. Antonio Ángel Sánchez Cabezas, así como miembros del Carmelo seglar y algunos familiares.

San Juan de la Cruz y san Juan de Ávila han centrado las palabras del obispo dirigidas a estos dos jóvenes. «Habéis elegido este lugar por vinculación afectiva con esta tierra heredera de un rico Renacimiento, no sólo en sus nobles edificios y monumentos sino, también, porque es tierra de santos, de entre los más grandes de la cristiandad. Podríamos evocar a muchos con aureola o sin ella, pero prefiero quedarme con dos que están especialmente vinculados con la Iglesia de Jaén, en las ciudades de Baeza y Úbeda. Son dos ciudades hermanas en la santidad de San Juan de Ávila, maestro de sacerdotes y apóstol de Andalucía, y de San Juan de la Cruz, sacerdote que es maestro de espiritualidad y alta mística», ha expresado Rodríguez Magro.
Luego, evocando a Jeremías, «no les tengas miedo, que yo estoy contigo para librarte. Voy a poner mis palabras en tu boca. Siempre habéis de hablar de la Palabra que Dios pone en vuestra boca. Y esa es tan sublime, que ¿quién puede decir que la conoce y la controla? Y, además, le tenéis que hablar al misterio de cada persona en sus circunstancias y necesidades. Y en el misterio del corazón humano sólo se entra bajo la acción del Espíritu; sólo él hará, como ha dicho Pablo que vuestra palabra sea sin cobardía, que manifieste la verdad, y que ilumine cada conciencia en Dios. Esto que os digo es válido para los dos». Después, les ha animado a «vivir vuestro sacerdocio, forjando en vuestro corazón esta donación de vida a imitación de Jesús. Si lo hacéis así, apuntaréis siempre a lo más alto, lo más perfecto, lo más santo».

Responder «con lo máximo»

A continuación, el prelado ha recordado la petición a Dios de san Juan de la Cruz en su primera celebración Eucarística, y apoyándose en la vida perfecta del santo carmelita, les ha dicho: «San Juan de la Cruz nunca se conformó con lo poco o con lo menos; al contrario, se sintió llamado a lo más; porque había recibido una gracia de máximos y, por ello, estaba dispuesto a responder al máximo. Se dice que San Juan de la Cruz buscó mucho e intensamente, hasta que encontró un heraldo de Dios, que le mostrara lo que quería de él. Y San Juan de la Cruz encontró a Santa Teresa, y esa llamada de Dios siguió toda su vida en un crecimiento y en una reforma continua», para continuar su predicación, animándolos a vivir un sacerdocio santo. «Si San Juan de la Cruz tuvo como heraldo de Dios a Santa Teresa, vosotros, sacerdotes para este tiempo, tenéis como heraldo a una Iglesia creativa y renovada que, desde hace ya mucho tiempo, se ocupa de mostrarle a los sacerdotes un itinerario claro e integral de santificación. Todo tenderá a la transformación progresiva de nuestras personas para que os conforméis según el modelo de Cristo, Buen Pastor».

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