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El obispo de Jaén en recuerdo del «Cardenal de la Catequesis»

El obispo de Jaén en recuerdo del «Cardenal de la Catequesis»

La muerte de Su Eminencia, el Cardenal Estepa, además de sentir que nos haya dejado para irse a la vida que como cristiano siempre esperamos.

En mi caso, he de decir que me deja en una cierta orfandad. Es verdad que entre los dos hay 20 años de diferencia de edad; lo que significa que somos en el episcopado dos generaciones distintas; sin embargo, mis vínculos con él, en algunos momentos, fueron muy profundos. En mi juventud, Estepa, era ya el sacerdote de la catequesis, un gran amigo de uno de mis profesores, en especial del que fue mi Rector en el seminario. Por él tuve referencias y, por él pude conocerlo, aunque ocasionalmente, pero lo suficiente para que, desde el primer momento,le admirara en algo que más tarde nos iba a hacer coincidir: nuestra dedicación común al servicio de la Catequesis en la Iglesia española. De considerarme un discípulo, pasé a colaborar con él, hasta convertirme, como sucede en este momento, en uno de sus sucesores. Hoy presido, en la Conferencia Episcopal Española, la Comisión que anima la pastoral catequética, a la que él dedicó, como primer presidente, tantos años de su vida. Ya en sus primeros pasos como obispo, le conocí por el Arzobispo Antonio Montero, con el que siempre tuvo una gran amistad y con el que colaboró muy intensamente en los años especialmente fecundos y creativos del episcopado español, tanto en el posconcilio como en la transición democrática española. Él fue uno de los artífices singulares del buen hacer de la Iglesia.

Es verdad que la vida de Don José Manuel Estepa tiene muchos matices y ha estado enriquecida por las muchas responsabilidades que le han encomendado, una vez que fue nombrado obispo, primero como auxiliar de Madrid y después el primer arzobispo Castrense. En todo lo que hacía puso trabajo, dedicación y, sobre todo, siempre un alto grado de pasión. Eso ha significado que haya sido, en la Iglesia un obispo altamente significativo en cuantos servicios ha prestado, tanto en las diócesis a las que ha servido como en sus responsabilidades en el colectivo de la Conferencia Episcopal de los obispos de España.

Pero, volviendo a la que ha sido su vocación prioritaria, desde muy joven, y en la que se proyectó como sacerdote, la pastoral catequética, Don José Manuel se puede decir que es “El Cardenal de la Catequesis”. Es en este servicio específico, Estepa, como le llamaban a secas sus amigos, adquirió un prestigio excepcional, que le llevó a reconocimiento, por parte del Papa Emérito Benedicto XVI, de ser creado Cardenal de la Santa Iglesia. Sin afán de concretar, lo que sería imposible en una vida tan fecunda, Don José Manuel participó en el grupo selecto de redactores que elaboraron el Catecismo de la Iglesia Católica y el Directorio General de la Catequesis, los dos documentos más emblemáticos de la Santa Sede en el pontificado de San Juan Pablo II. Es, por tanto, un maestro que ha dejado obra y discípulos en todo el mundo católico.

Por último, no quiero dejar de reseñar mi vinculación con él en estos últimos años. Si bien desde hacía ya algunos éramos amigos y colegas en el servicio a la catequesis, y compañeros en el episcopado, mi nombramiento para la Diócesis de Jaén nos ha unido en una profunda amistad, que, por su parte, tenía rasgos de paternidad, dada nuestra diferencia de edad. Esto me ha dado la oportunidad de conocerle en una aspecto humano y social que seguramente muchos no conocen; me refiero a su condición de jiennense, que puedo decir, y seguro que no hay quien me contradiga, que se ha agudizado mucho en su ancianidad. Me consta que se ha sentido muy de esta tierra, y de un modo especial, de Andújar, ciudad a la que ha amado y respetado, por haber nacido en ella y, sobre todo, por lazos familiares. De todos es conocida la vinculación de la familia Estepa con esta preciosa ciudad del valle del Guadalquivir, en la que le han prestado grandes servicios. Sería un olvido imperdonable no decir que amó filialmente a la Virgen de la Cabeza, a la que él llevó por el mundo y, estoy seguro, de que también Ella le llevará a él ante el corazón misericordioso del Padre Dios. Descanse en paz el buen hijo de esta tierra, el sacerdote y obispo que tanto amó y sirvió a la Iglesia y el Cardenal de la Catequesis, que tanto hizo por la transmisión de la fe en estos nuevos tiempos de evangelización.

+ Amadeo Rodríguez Magro
Obispo de Jaén

 

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