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El obispo de Jaén en la Feria de Fe: «Habéis visto una Iglesia que es pobre, pero está viva»

Gran día de fiesta en la diócesis de Jaén. Como colofón al Año de la Misión diocesana, más de 10.000 personas participaron en la Feria de la Fe, El obispo diocesano, Amadeo Rodríguez Magro, destacó muchos aspectos durante la Eucaristía final: «Al pasar por la exposición habéis visto a una Iglesia que es pobre, pero está viva. Habéis comprobado que, en el Plan Diocesano de Pastoral, entre muchos y con un sentido sinodal, nuestra Diócesis ha buscado y encontrado cuanto hoy se puede ofrecer a los hombres y mujeres en su búsqueda de bien, de bondad y de verdad». Para él, Jaén es una Iglesia disponible para sembrar Evangelio «en el corazón y en la vida de la gente y que siente que ha de llegar a los que están más alejados, son indiferentes o viven al margen de Dios y de Jesucristo, aunque ni el Padre, ni el Hijo ni el Espíritu estén lejos de ellos. Todo lo que hemos podido ver en la exposición está realizado por una multitud de fieles cristianos que siempre tienen en cuenta que lo que hacen tiene una sólo razón de ser: hacer en Cristo el Reino de Dios en el mundo».

Tras pedir que nadie viera la feria como un alarde de nada, destacó lo esencial, el servicio. «Es así como el cristiano evangeliza, por contagio, por atracción; solo da lo que siente y vive».

El obispo recalcó que la Iglesia de Jaén quiere llevar a cada uno lo que más necesita: «A unos la Palabra misma de Dios; a otros el calor de la fraternidad; a cuantos lo deseen les invitan a celebrar la alegría de la fe; a otros les invitar a acercarse a la gracia que libera por el perdón; a todos quiere llevarles el apoyo que puedan estar buscando». «Hemos mirado a los niños, a los que no han podido y a los que sí han podido nacer, porque son el más preciado tesoro del mundo, a los que la Iglesia quiere ofrecerles educación y fe; para los mayores queremos la dignidad y el respeto que se merecen por todo lo que han y no queremos que nadie altere su camino hasta su muerte natural; a los enfermos los hemos mirado con la entrañable compasión de Jesús; a las familias en sus muchas situaciones, ilusiones, gozos, pero también en sus dificultades y problemas; a los jóvenes los hemos visto con la predilección que siempre tienen para el Iglesia sus empeños y luchas por fraguarse un futuro, pero también hemos mirado con tristeza sus vacíos, desencantos y fracasos».

Ante los problemas de nuestra sociedad, el obispo aseguró que «preocupa todo lo que sea pobreza, descarte, exclusión». Así, citó: «Miramos con dolor al inmenso colectivo de los más descartados y excluidos hoy en nuestro mundo, que no son otros que los millones de inmigrantes. Nos duelen, en su cercanía y drama, los problemas de nuestra tierra, sobre todo el del paro, y en especial el juvenil. Nos preocupa mucho la desigualdad de oportunidades en nuestra región andaluza, que nos afecta especialmente a los giennenses, por eso sentimos que Jaén merece más. Nos inquieta, como le puede inquietar a los más sensibles, la salud del planeta y esta Iglesia quiere ser un espacio de reflexión sobre sus problemas, como nos ha pedido el Papa Francisco en Laudato si´».

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