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El Obispado de León se desmarca de las declaraciones de un sacerdote

El Obispado de León se desmarca de las declaraciones de un sacerdote

Nota ante las declaraciones de un sacerdote diocesano sobre diversas cuestiones de orden temporal

Con relación a las informaciones aparecidas este sábado día 11 en un diario de alcance regional sobre las declaraciones que el sacerdote de esta diócesis, D. Jesús Calvo, hizo en días pasados inmediatos al programa “La Ratonera” de la página web de Alerta Digital, este Obispado quiere informar de que:

1º) Lamenta estas declaraciones, hechas a título personal y que en algún momento resultan ofensivas para algunas personas, y considera que son totalmente improcedentes en un clérigo, por lo que no pueden ser compartidas en manera alguna por nuestra diócesis.

2º) Ante otras declaraciones similares hechas a diversos medios en fechas recientes, desde la Curia diocesana, en conversación con el interesado, se le hizo ver el deber de abstenerse de la emisión de declaraciones de índole política, siguiendo las normas de la Iglesia, para no ser fuente de división entre quienes tengan acceso a ellas. En ese momento el citado D. Jesús Calvo se comprometió a no volver a intervenir sobre estas cuestiones ni en sus propias parroquias ni en medios públicos de comunicación.

3º) Por las informaciones que posee este Obispado, el compromiso se ha cumplido en lo referente a las parroquias que tiene encomendadas, cuya labor pastoral, por otra parte, lleva a cabo con normalidad.

4º) No obstante, este Obispado seguirá procurando que D. Jesús Calvo, sacerdote de esta diócesis de León, cumpla las obligaciones que, en este terreno, debe asumir como ciudadano de bien y como ministro de la Iglesia, que “debe renunciar a empeñarse en formas de política activa, sobre todo cuando es partidista, como sucede casi inevitablemente, para seguir siendo el hombre de todos en clave de fraternidad espiritual”, como exigen hoy las normas para el Clero.

 

León, 11 de enero de 2014

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Al margen de la Nota, adjuntamos textos tomados del DIRECTORIO SOBRE EL MINISTERIO SACERDOTAL (2013), de la Congregación para el Clero (los subrayados son nuestros).

 

El sacerdote estará por encima de toda parcialidad política, pues es servidor de la Iglesia: no olvidemos que la Esposa de Cristo, por su universalidad y catolicidad, no puede atarse a las contingencias históricas. No puede tomar parte activa en partidos políticos o en la conducción de asociaciones sindicales, a menos que, según el juicio de la autoridad eclesiástica competente, así lo requieran la defensa de los derechos de la Iglesia y la promoción del bien común[180]. Las actividades políticas y sindicales son cosas en sí mismas buenas, pero son ajenas al estado clerical, ya que pueden constituir un grave peligro de ruptura de la comunión eclesial[181].

Como Jesús (cfr. Jn 6, 15 ss.), el presbítero «debe renunciar a empeñarse en formas de política activa, sobre todo cuando es partidista, como sucede casi inevitablemente, para seguir siendo el hombre de todos en clave de fraternidad espiritual»[182]. Todo fiel debe poder siempre acudir al sacerdote, sin sentirse excluido por ninguna razón.

El presbítero recordará que «no corresponde a los Pastores de la Iglesia intervenir directamente en la acción política ni en la organización social. Esta tarea, de hecho, es parte de la vocación de los fieles laicos, quienes actúan por su propia iniciativa junto con sus conciudadanos»[183]…..

 

 

[180] Cfr. C.I.C., can. 287 § 2; S. Congregación para el Clero, Decr. Quidam Episcopi (8 de marzo de 1982), AAS 74 (1982), 642-645.

[181] Cfr. Congregación para la Evangelización de los Pueblos, Guía pastoral para los sacerdotes diocesanos de las Iglesias que dependen de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, 9: l.c., 1604-1607; S. Congregación para el Clero, Decr. Quidam Episcopi (8 de marzo de 1982), l.c., 642-645.

[182] Juan Pablo II, Audiencia general (28 de julio de 1993): “L’Osservatore Romano”, edición en lengua española, n. 31, 30 de julio de 1993, 3; Cfr. Conc. Ecum. Vat. II, Const. past. Gaudium et spes, 43; Sínodo de los Obispos, Documento acerca del sacerdocio ministerial Ultimis temporibus (30 de noviembre de 1971), II, I, 2: l.c., 912-913; C.I.C., can. 285 § 3 y 287 § 1.

[183] Catecismo de la Iglesia Católica, 2442; C.I.C., can. 227.



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