Iglesia en España Última hora

El nuncio rememora en Toledo la visita de san Juan Pablo II a la archidiócesis

«Contagiarnos sí, pero de santidad». Ese fue el deseo expresado en primera persona por el nuncio de Su Santidad en España, Bernardito Auza, durante la celebración de la Santa Misa en recuerdo de la visita del Papa Juan Pablo II a la ciudad de Toledo, el 4 de noviembre de 1982 y que ha recogido la delegación de Medios de Comunicación Social de la archidiócesis de Toledo en su canal de YouTube. «Espero ser contagiado no por el coronavirus sino por el gran amor y entrega de San Juan Pablo II para la Iglesia y en particular para la Iglesia que peregrina en España». El nuncio en España recordó a Juan Pablo II como un extraordinario regalo de Dios a la Iglesia y al mundo, «la Providencia quiso que este gran Papa acompañase a la Iglesia y al mundo en el paso al nuevo milenio». Además, expresó que «sus enseñanzas y su asombroso ejemplo de vida atraen la atención a muchas mujeres y hombres en este tiempo de modo que, el fuerte influjo de su santidad de vida dan sentido desde la Iglesia al mundo actual». Por último, animó «a los hombres y mujeres a comprometerse con la labor de abrir el corazón siendo misioneros de nuestro Dios».

«Juan Pablo II: El hombre de las certezas»

Igual de emotivo y emocionado se mostró en sus palabras finales el señor arzobispo de Toledo, don Francisco Cerro Chaves, recordando sus encuentros personales con el Papa Juan Pablo II durante su etapa de estudios en Roma. El arzobispo primado definió a san Juan Pablo II como «el de toda una generación de sacerdotes y jóvenes». Además,  señaló los tres pilares que, en su opinión, definen la vida y trayectoria de san Juan Pablo II «el Papa de los laicos, el Papa de la Virgen y el Papa misionero, “el hombre de las certezas”». Monseñor Auza celebró la Santa Misa utilizando la misma casulla que el 4 de noviembre de 1982 llevó puesta San Juan Pablo II y recibió de manos de los fieles dos relicarios con reliquias de san Juan Pablo II traídas expresamente desde el Santuario del Santísimo Cristo de la Veracruz de Urda para esta ocasión.

También participó en la celebración el presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, mientras la alcaldesa de Toledo, Milagros Tolón, excusó su ausencia porque se encuentra confinada.

Una visita histórica

En su primer viaje a España, el Papa Juan Pablo II llegó en helicóptero a las 11 de la mañana al polígono industrial de Toledo, en el barrio de Santa María de Benquerencia, procedente de Guadalupe. Iba acompañado por el cardenal Marcelo González. A su llegada, fue recibido por el entonces presidente de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, Gonzalo Payo, y por el alcalde de Toledo, Juan Ignacio de Mesa, que le hizo entrega de las llaves de la ciudad.

Miles de personas esperaban su llegada en la explanada situada ante el actual centro cívico del barrio, edificio que se adaptó para poder albergar el altar para la eucaristía. El Papa presidió allí la santa misa, en la que concelebraron el cardenal Marcelo González Martín y los obispos españoles, presididos por el toledano Gabino Díaz Merchán, así como los cardenales y obispos acompañantes en el séquito papal. Concelebraron también más de quinientos sacerdotes de la archidiócesis.

Hasta el altar montado en dicha explana llegó Juan Pablo II tras realizar un recorrido en el papamóvil por toda la explanada. En la ceremonia pronunció una homilía en la que quiso «saludar a todos los representantes del laicado de España y dirigirles desde esta histórica sede primada de Toledo un mensaje que ilumine los caminos del apostolado seglar en esta hora de gracia». «La sede de Toledo –recordó– es lugar propicio para este encuentro, por estar íntimamente vinculada a momentos importantes de la fe y de la cultura de la Iglesia en España. No podemos olvidar los Concilios Toledanos que supieron encontrar fórmulas adecuadas para la profesión de la fe cristiana en sus fundamentales contenidos trinitarios y cristológicos». «Toledo –añadió Juan Pablo II– fue un centro de diálogo y de convivencia entre gentes de raza y religión distintas. Fue también encrucijada de culturas que desbordaron las fronteras de España, para influir poderosamente en la cultura del Occidente europeo. Es ciudad de gran tradición cristiana, reflejada en sus monumentos artísticos y en la expresión pictórica de artistas de talla universal como el Greco».

Al finalizar la santa misa, Juan Pablo II se desplazó en papamóvil hasta la catedral primada, donde rezó ante la Virgen del Sagrario y pudo contemplar la custodia de Arfe y las pinturas de El Greco. En la catedral saludó a las religiosas de vida contemplativa. Finalmente, se dirigió al Seminario Mayor, donde los seminaristas mayores y menores le recibieron con un cántico de felicitación en polaco, por ser ese día la fiesta de san Carlos Borromeo. En la capilla del centro, el Papa saludó a los seminaristas y al claustro de profesores, impartiéndoles la bendición.

La visita a Toledo era la quinta etapa del primer viaje a España de Juan Pablo II y estuvo precedida por una breve visita a Guadalupe, a donde llegó a primera hora de la mañana en un helicóptero de la Fuerza Aérea Española. Para la ocasión la imagen de la Virgen de Guadalupe salió fuera del templo y permaneció en el atrio de acceso bajo un baldaquino. La imagen de la Virgen estaba vestida con uno de los llamados «ternos ricos» bordados en oro y con incrustaciones de piedras preciosas. En Guadalupe, Juan Pablo II presidió una liturgia de la Palabra en la plaza del santuario y centró su homilía en el drama de las migraciones.

Regístrate en ECCLESIA para acceder de forma gratuita a nuestra revista en PDF

REGISTRARME