Revista Ecclesia » El nuncio impone en Sevilla el palio arzobispal a José Ángel Saiz Meneses
Iglesia en España Noticias Última hora

El nuncio impone en Sevilla el palio arzobispal a José Ángel Saiz Meneses

El nuncio del papa Francisco en España, Bernardito Azúa, ha impuesto el palio arzobispal a José Ángel Saiz Meneses, arzobispo de la archidiócesis de Sevilla tras su toma de posesión el pasado 12 de junio. Se trata de una insignia o prenda eclesiástica de lana virgen que portan exclusivamente los arzobispos y que evoca su plena adhesión a la Iglesia y su comunión con el Santo Padre.

La celebración tuvo lugar el pasado sábado y se enclavó en la Catedral de Sevilla. Estuvieron presentes el cardenal arzobispo emérito de Sevilla, Carlos Amigo, el también arzobispo emérito, Juan José Asenjo y los arzobispos y obispos de las diócesis sufragáneas de la Provincia Eclesiástica de Sevilla: José Rico, de Asidonia-Jerez, Rafael Zornoza, de Cádiz y Ceuta, Demetrio Fernández, de Córdoba y Santiago Gómez, de Huelva.

Durante su homilía, José Ángel Saiz explicó que el palio «expresa la comunión y la colegialidad de los obispos; es símbolo de unidad y vínculo de comunión y de caridad entre las Iglesias particulares. Nos recuerda a Cristo mismo, que como buen Pastor carga sobre sus hombros a la oveja perdida, para llevarla de nuevo a casa».

«Cuando se impone el palio sobre los hombros se recuerda al pastor que pone sobre sus hombros la oveja perdida, la cual por sí sola ya no encuentra el camino de retorno a casa, y la devuelve al redil. Los Padres de la Iglesia vieron en esta oveja la imagen de toda la humanidad. El Pastor que la devuelve a casa solamente puede ser Cristo, que nos carga a cada uno de nosotros sobre sus hombros y que por el camino de su sacrificio redentor en la cruz nos lleva a casa. El Señor también ha querido llamar a hombres concretos para que juntamente con él lleven a los hermanos sobre sus hombros. Ser pastores en la Iglesia de Cristo significa justamente participar en esta tarea, que el palio nos recuerda».

«Símbolo de nuestro amor a Cristo Buen Pastor»

«El palio se convierte en símbolo de nuestro amor a Cristo Buen Pastor, y de que, unidos a Él, debemos amar a todas las personas, en particular a los heridos que están caídos al borde del camino, a los cansados y agobiados, a los que están desorientados, a los que buscan sentido y se plantean interrogantes, a los pobres y humildes, a todos. El Señor asigna esta tarea a algunos como deber primordial de sus vidas; los escoge para que cuiden de sus ovejas, con corazón de Buen Pastor».

Servicio y Eucaristía

«No es propio de un pastor bueno huir de la cruz, sea por miedo, por comodidad o por intereses particulares, al contrario, el gran servicio de Cristo es dar la vida por nuestra salvación. Se entrega a sí mismo, y esta entrega no es un hecho del pasado, porque en la celebración de la Eucaristía actualizamos este misterio cada día. Por eso, el centro de la vida sacerdotal es la sagrada Eucaristía, en la cual está siempre presente entre nosotros el sacrificio de Jesús en la cruz. El Buen Pastor conoce sus ovejas y ellas lo conocen. Es fundamental el conocimiento concreto y profundo de las personas que nos han sido encomendadas».

Sobre la prenda eclesiástica

El palio ha sido tejido con la lana de los corderos que el Obispo de Roma bendice todos los años en la fiesta de Santa Inés, y que recuerda a los corderos y las ovejas de Cristo, que el Señor resucitado encomendó apacentar a Pedro. El palio es una prenda eclesiástica que consiste en una faja de lana blanca, de entre cuatro y seis centímetros de ancho, confeccionada en forma de collar con dos extremidades, una por el pecho y otra por la espalda, que lleva bordada seis cruces de seda negra, cuatro en el collar y otras dos en las extremidades.

La confección de los palios está reservada a las monjas benedictinas del Monasterio Romano de Santa Cecilia. Lo hacen con la lana de dos corderos blancos que se bendicen todos los años, el 21 de enero en la Iglesia de Santa Inés, después de la celebración de la Misa, y luego son bendecidos otra vez en el Vaticano antes de ser entregados a las religiosas para que los cuiden y confeccionen dichas prendas. Después se guardan sobre la urna donde están las reliquias del cuerpo del Apóstol San Pedro, hasta el día 29 de junio, en que se impondrán a los nuevos arzobispos.

La tradición de bendecir los corderos se cumple todos los años el 21 de enero, memoria litúrgica de Santa Inés, martirizada alrededor del año 305 y cuyo símbolo es un cordero. La santa está enterrada en la basílica que lleva su nombre en la Via Nomentana, en Roma y a la que, tras la bendición papal, son llevados los corderos. Los padres trapenses de la Abadía de las Tres Fuentes crían los animales, mientras que los palios son confeccionados por las religiosas de Santa Cecilia con la lana recién esquilada.



O si lo prefieres, regístrate en ECCLESIA para acceder de forma gratuita a nuestra revista en PDF

HAZME DE ECCLESIA

Cada semana, en tu casa