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El nuncio impone el palio al arzobispo de Zaragoza

El arzobispo de Zaragoza, Carlos Escribano, ya tiene el palio. Ayer mismo, el nuncio apostólico en España, Bernardito Auza, se lo impuso en una ceremonia solemne en la catedral basílica de Nuestra Señora del Pilar. En la celebración estuvieron presentes los obispos de la provincia eclesiástica: Ruiz Martorell (Huesca), Hernández Sola (Tarazona), Ángel Pérez Pueyo (Barbastro-Monzón) y Satué Huerto (Teruel y Albarracín).

Al comienzo de la celebración de la misa estacional, el arzobispo Escribano realizó la profesión de fe católica, desde su compromiso como ‘metropolitano’, que conlleva principalmente el deber de ser custodio de la comunión eclesial, armonizando la cooperación entre las diócesis de la provincia eclesiástica. En su homilía, monseñor Escribano ha explicado que el palio, entre otros significados, simboliza «la relación estrecha entre Jesucristo y el arzobispo, entre el arzobispo y el pueblo a él confiado»

El palio es la insignia litúrgica de este ministerio: una banda de lana blanca que el Papa entrega a los arzobispos residenciales para destacar su calidad de legítimo sucesor de los apóstoles y de servidor de la comunión entre las diócesis sufragáneas y de estas, con el sucesor de Pedro.

Un signo litúrgico

El palio es una prenda eclesiástica que consiste en una faja de lana blanca, de entre cuatro y seis centímetros de ancho, confeccionada en forma de collar con dos extremidades, una por el pecho y otra por la espalda, que lleva bordada seis cruces de seda negra, cuatro en el collar y otras dos en las extremidades.

El testimonio de los Padres de la Iglesia ofrece algunas explicaciones: la lana significa la aspereza de la reprensión a los rebeldes; el color blanco, la benevolencia hacia los humildes y penitentes. La forma circular que encierra los hombros es el temor del Señor. Como ha destacado el Nuncio en su alocución inicial, «el hecho de que el palio esté tejido con lana de oveja y se coloque sobre los hombros es un signo elocuente del Buen Pastor que carga con la oveja perdida».

La provincia eclesiástica de Zaragoza

El papa Juan XXII constituyó la sede metropolitana de Zaragoza en 1318. Sus diócesis sufragáneas han sido históricamente las aragonesas: Albarracín, Barbastro, Huesca, Jaca, Tarazona y Teruel, más los obispados de Calahorra y Pamplona en algunas etapas. Por el decreto pontificio Cesaraugustae et aliorum, del 2 de septiembre de 1955, se circunscribió al área metropolitana de Zaragoza a los obispados aragoneses, a excepción de Jaca que fue adscrito a la provincia eclesiástica de Pamplona.



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