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Opinión

El nombre de María en los Evangelios

El nombre de María, en arameo, miryam, es de origen bíblico. María se llamaba la hermana de Moisés, el gran legislador del pueblo de Israel. En los Evangelios hallamos a María, madre de Jesús, a María la Magdalena, a María de Cleofás y a María de Betania.  Las familias cristianas e islamistas ponen el nombre de María a sus hijas, siendo el más popular y más frecuente en ambas religiones.

María, la madre de Jesús, concebida sin pecado original por sus padres Joaquín y Ana, nace Nazaret. Se casa con José, del linaje de David, de profesión carpintero y nativo de dicha población. Concibe virginalmente a un hijo por obra misteriosa y milagrosa del Espíritu Santo. Visita a su prima Isabel. Da a luz sin perder su virginidad en Belén, al que ella y su esposo José le ponen el nombre de Jesús. A los cuarenta días, siguiendo una ley mosaica, visitan  el templo de Jerusalén, donde María se purifica del parto y ofrecen su hijo a Yavet rescatándolo con par de tórtolas. Huye de Belén a Egipto en compañía de su hijo Jesús y de su esposo José  ante resolución del rey Herodes de querer matar a su hijo.

Muerto el rey Herodes, María, en compañía de su hijo y de su esposo, regresa a Nazaret donde viven. Al comienzo de la actividad pública de Jesús, asiste con él y con sus discípulos a la boda de Caná de Galilea, en la que al faltar el vino, por su petición Jesús convierte el agua en un excelente vino. Posteriormente, la encontramos en Cafarnaún preguntando por su hijo Jesús al oír que los fariseos y los escribas decían que estaba fuera de sí. Finalmente, la hallamos al pie de su crucifixión en la cruz en el monte Calvario, donde Jesús se la encomienda a su discípulo amado Juan, quien la lleva a su casa y se hace cargo de ella, perseverando unida en la oración con los demás apóstoles y hermanos de Jesús.

María Magdalena, natural de Magdala en el valle de Gennesaret del lago de Galilea, fue una de las mujeres a la que Jesús  curó de varias enfermedades nerviosas. En señal de agradecimiento le sigue en sus predicaciones evangélicas, le sirve con sus bienes y le acompaña en su crucifixión y muerte en la cruz y en su enterramiento en el sepulcro. En la mañana de la Pascua cristiana visita su sepulcro apareciéndole Jesús resucitado, noticia que ella, comunica a los apóstoles. Ha sido muy venerada en la antigüedad y en la edad media por los fieles cristianos.

María, esposa de Cleofás y madre de Santiago el Menor y de José, era hermana de la virgen María madre de Jesús. Junto con María Magdalena y otras mujeres, acompaña a Jesús en sus predicaciones evangélicas, está presente y a su lado en su crucifixión y muerte, en su enterramiento en el sepulcro y le visita por la mañana el día de la Pacua.

María de Betania, llamada así para distinguirla de María Magdalena, era   hermana de Lázaro y de Marta. Jesús estimaba y amaba mucho a esta familia por la laboriosidad de Marta, la bondad de Lázaro y el espíritu contemplativo de María que le ungía con perfume y le enjugaba sus pies con la cabellera. Con ocasión de la muerte de su amigo Lázaro, Marta primero y después María le dicen llorando: “Señor, si estuvieres aquí, mi hermano no habría muerto”. Jesús manda retirar la losa del sepulcro y grita con voz potente: “Lázaro, sal fuera”, resucitando milagrosamente con sus ataduras y vestidos.

José Barros Guede

A Coruña, 21 de agosto del 2013



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