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El Movimiento Cultural Cristiano recuerda que en el mundo hay 400 millones de niños esclavos

El 16 de abril se ha celebrado, como cada año, el Día Internacional contra la Esclavitud Infantil. La fecha conmemora el asesinato de Iqbal Masih, un niño esclavo pakistaní fabricante de alfombras que consiguió recuperar su libertad, se convirtió en activista para denunciar la situación de miles de niños como él, y fue asesinado por ello.

El Movimiento Cultural Cristiano (MCC), promotor de la celebración de este Día Internacional, ha pedido que la pandemia de COVID-19 no nos haga olvidar a los 400 millones de niños esclavos que hay en el mundo. Aunque no se hable de ellos, están ahí, no han desaparecido, y su vida sigue siendo un infierno. «No podemos olvidar a los últimos de la tierra, que también sufrirán esta plaga. Será una losa más sobre sus vidas. Por eso  hemos de seguir denunciando las causas de la miseria, las causas de su esclavitud», dice el comunicado.

¿Cuáles son esas causas? El MCC las resume en tres palabras: la economía vigente, que mata «de muchas maneras». Una de ellas es actualmente «la falsa ecología», utilizada para ocultar este drama. «La transición a una economía 4.0, donde las energías “limpias” sustituyan a las fósiles, no se ha planteado acabar con la esclavitud infantil salvo cuando esta sea menos rentable que la robotización. La infancia empobrecida es tratada como los combustibles fósiles. Entre tanto, el cobalto que necesitan Apple, Google, Dell, Microsoft o Tesla se paga con la sangre de menores privados de su infancia. Es el precio de la supuesta limpieza de la atmósfera (y, por supuesto, de la limpieza de la conciencia) de los enriquecidos, que no dejarán de renovar todos sus dispositivos electrónicos cada vez que la industria decida que ya están obsoletos».

El MCC denuncia, en efecto, la situación de los niños esclavizados en las minas. Catorce de ellos —dice— murieron hace poco tiempo en derrumbes en una mina de cobalto en la República Democrática del Congo, y ahora sus familias han presentado una demanda ante la justicia estadounidense contra las principales empresas tecnológicas que se benefician de los trabajos forzados y abusos a los que fueron sometidos. La denuncia fue presentada el año pasado por la organización International Rights Advocates. «Las minas del Congo —afirma el MCC— no son sino el paradigma de una industria extractiva al servicio de esta transición del capitalismo y recorren todos los continentes coloniales». En América Latina está, por ejemplo, el Arco Minero del Orinoco, «otro despropósito». Los niños mineros esclavos —se constata— «son la execrable demostración de que devastación medioambiental y empobrecimiento de los más vulnerables tienen un mismo y permanente responsable: el neocapitalismo. Ahora con la etiqueta de “verde”. El lobo quiere pasar, una vez más, por cordero».

El manifiesto se hace eco de la violencia y guerra que sufren los niños en muchas partes del mundo, y de su situación en los campos de refugiados, muchos de los cuales si sobreviven —lamenta— «serán pasto de la economía criminal de las bandas, las drogas o la trata y la prostitución. Niños y jóvenes que para sobrevivir no dudarán en delinquir, matar, venderse o huir».

«Más allá de los muros y las fronteras, las visibles y las invisibles —concluye el documento—, tenemos una responsabilidad: los niños esclavos. Ellos no son solo “los residuos” que hay que reciclar con asistencialismo. Ellos son el auténtico rostro de nuestra economía global neocapitalista. Mientras existan, nadie puede decir que es libre. Y mucho menos, fraterno. Somos responsables de nuestros hermanos que sufren la enfermedad del coronavirus, pero también hemos de ser responsables de todos los niños esclavos. Como decimos en nuestra campaña: “Todos responsables de todos o todos esclavos”. Estos niños, no lo olvidemos, serán también parte de los más vulnerables ante cualquier epidemia».

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